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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Hechos»
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Mensaje 50

LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO

(16)

  Lectura bíblica: Hch. 18:23-28; 19:1-20

  En Hch. 18:19-21, Pablo hizo una corta visita a Efeso, una ciudad estratégica, y al despedirse de ellos, les dijo: “Otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere” (v. 21). Como veremos, Pablo regresó a Efeso en su tercer viaje ministerial (18:23—21:17) y permaneció allí durante tres años (18:24—19:41).

  Leamos Hechos 18:23: “Y después de estar allí algún tiempo, salió, recorriendo por orden la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos los discípulos”. Este fue el inicio del tercer viaje ministerial de Pablo, que concluyó en 21:17.

EL MINISTERIO DE APOLOS

Instruido en el camino del Señor aunque solamente conocía el bautismo de Juan

  Hechos 18:24 y 25 declara: “Llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba con exactitud lo concerniente a Jesús, aunque solamente conocía el bautismo de Juan”. La frase “el camino del Señor” del versículo 25, no se refiere a la doctrina acerca del Señor, sino al camino práctico en el que los creyentes del Nuevo Testamento deben andar.

  Conforme a 18:25, Apolos solamente conocía el bautismo de Juan. Esto indica que no tenía una revelación completa de la economía neotestamentaria de Dios, aunque había sido instruido en el camino del Señor. Debido a esto, su ministerio era deficiente (19:2).

  El versículo 26 declara: “Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios”. En el libro de Hechos, la expresión “el camino” (9:2; 19:9, 23; 22:4; 24:14, 22) denota la plena salvación del Señor en la economía neotestamentaria de Dios. Es el camino en el que Dios se dispensa en los creyentes mediante la redención de Cristo y la unción del Espíritu; es el camino en el que los creyentes participan de Dios y le disfrutan; es el camino en el que los creyentes adoran a Dios en su espíritu al disfrutarle y en el que siguen al Jesús perseguido, siendo uno con El, y es el camino en el que los creyentes son introducidos en la iglesia y edificados en el Cuerpo de Cristo, para llevar el testimonio de Jesús.

Fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído

  Hechos 18:27 y 28 declara: “Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo”. La expresión “la gracia” mencionada en el versículo 27, alude a la gracia especial que Apolos disfrutaba en el Señor. Esta gracia es Dios mismo en Cristo como porción para los que creen en Cristo. Como indicamos antes, esta gracia es el Cristo resucitado, quien llegó a ser el Espíritu vivificante (1 Co. 15:45) para, en resurrección, impartir en nosotros al Dios Triuno procesado, a fin de que sea nuestra vida y suministro de vida, y para que vivamos en resurrección. Así que, esta gracia es el Dios Triuno quien llega a ser nuestra vida y nuestro todo.

Aprender del caso de Apolos

  Hechos 18 revela que Apolos era sobresaliente. No sólo era tan piadoso como Gamaliel, sino que además conocía el camino del Señor, aunque no conocía plenamente la economía de Dios. Esto se comprueba por el hecho de que únicamente conocía el bautismo de Juan. Por supuesto, Juan el Bautista dio testimonio del Señor, y Apolos había recibido al Señor, y hasta cierta medida, conocía el camino del Señor. El camino neotestamentario establecido por el Señor se practicaba desde hacía ya muchos años, pero Apolos sólo conocía la economía de Dios hasta el ministerio de Juan el Bautista. Aunque sabía muy bien las Escrituras y era considerado un gran maestro, su conocimiento acerca del mover del Señor no había avanzado más allá del ministerio de Juan el Bautista.

  Es necesario que aprendamos de la historia de Apolos, narrada en Hechos 18. Es posible que pensemos que seguimos la manera establecida por el Señor y que, por otra parte, no estemos al día en relación con Su mover. Tal vez no tengamos la visión actual del mover del Señor en la tierra. Pese a que Apolos era sobresaliente, fiel a las Escrituras y poderoso al exponer la Palabra, estaba atrasado en cuanto al mover presente del Señor. En la actualidad sucede lo mismo con muchos cristianos. A pesar de que aman al Señor y que en cierta medida conocen las Escrituras, no están al día en cuanto al mover del Señor. A lo largo de mi vida cristiana he conocido a muchos santos que se hallan en tal situación. Ellos ignoraban que el Señor hubiera avanzado en Su mover, y por ese motivo, su visión se hallaba ajena al mover del Señor.

  El caso de Apolos debe hacer que nos humillemos y vaciemos nuestro espíritu. El Señor Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt. 5:3). Ser pobres en espíritu no sólo implica ser humildes, sino también ser desprendidos en nuestro espíritu, en lo profundo de nuestro ser. Aunque muchos líderes judíos conocían el mover de Dios en el Antiguo Testamento, no vieron que Dios deseaba tener un nuevo comienzo para llevar a cabo Su economía neotestamentaria. Dichos líderes religiosos tenían su espíritu totalmente ocupado. Por esta razón, el Señor Jesús expresó la necesidad de ser pobres en espíritu. Debemos ser pobres en espíritu si deseamos percibir el mover actual del Señor.

  Si leemos la Biblia con detenimiento, veremos que a partir de Génesis 4, el Señor ha avanzado paso a paso. El se movió de cierta manera en los tiempos de Enós y de Enoc; se movió de otra forma en la época de Noé, y en los tiempos en que vivieron Abraham, Moisés, David, Elías y Zacarías, lo hizo de maneras distintas. Luego, con Juan el Bautista, el Señor dio un paso adicional.

  El Señor siempre avanza en Su mover; por tanto, no debemos conformarnos con la situación en la que nos hallemos. Antes bien, debemos humillarnos y desprendernos de todo lo que ocupa nuestro espíritu, a fin de recibir algo fresco en cuanto al mover del Señor.

SUPLIO LA DEFICIENCIA EN EL MINISTERIO DE APOLOS

  Leamos Hechos 19:1 y 2: “Aconteció que mientras Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, descendió a Efeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis al Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo”. Este fue el resultado deficiente del ministerio de Apolos, un ministerio que carecía de una revelación completa de la economía neotestamentaria de Dios. Apolos era brillante, pero su ministerio produjo resultados deficientes, lo cual originó problemas. Por tanto, cuando Pablo fue a Efeso, tuvo que suplir la deficiencia en el ministerio de Apolos.

  Debemos aprender la lección que se presenta en 19:1-7. Es posible que haya cierta carencia en nuestro ministerio, y que debido a ello, se produzcan deficiencias que otros tendrán que compensar. El problema es que, mientras nuestras carencias no sean suplidas, nuestro ministerio deficiente causará daños. Es por esto que debemos humillarnos y orar, para no permitir que el enemigo entre y cause daños en la vida de iglesia.

La última mención de Juan el Bautista en el Nuevo Testamento

  En 19:3-7 vemos que Pablo colmó esta deficiencia. En el versículo 3, él les preguntó a los discípulos de Efeso: “¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan”. Esta es la última vez que se menciona a Juan el Bautista en el Nuevo Testamento. “Al fin, le da lugar totalmente a Cristo” (Bengel). Entre los discípulos de Juan se creía que existía rivalidad entre Juan y Cristo (Jn. 3:26). El ministerio de Juan consistió en presentar a Cristo (Hch. 19:4). Una vez que Cristo fue presentado, el ministerio de Juan debió cesar y ser reemplazado por Cristo mismo. Era necesario que Juan menguara y que Cristo creciera (Jn. 3:30).

  En Hechos 19:4, Pablo dijo a los que estaban en Efeso: “Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús”. La palabra griega traducida “en” significa literalmente “dentro de”.

Bautizados en el nombre del Señor Jesús

  Cuando los discípulos escucharon las palabras de Pablo, “fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús” (v. 5). Ser bautizados en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo (Mt. 28:19), o en el nombre del Señor Jesús (Hch. 8:16; Ro. 6:3; Gá. 3:27), significa ser introducidos en una unión espiritual con el Cristo todo-inclusivo, quien es la corporificación del Dios Triuno. El nombre denota la persona. Por lo tanto, ser bautizados en el nombre del Señor Jesús, equivale a ser bautizados en la persona del Señor, y a ser identificados con el Cristo crucificado, resucitado y ascendido, y de este modo, ser puestos en una unión orgánica con el Señor vivo.

Fueron identificados con el Cuerpo y recibieron al Espíritu Santo exteriormente

  Leamos Hechos 19:6 y 7: “Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. Eran por todos unos doce hombres”. Mediante la imposición de manos, Pablo identificó a estos discípulos con el Cuerpo de Cristo. El Espíritu Santo honró esta acción y cayó sobre ellos, lo cual significa que fueron identificados con el Cuerpo. El caso de los doce creyentes de Efeso, así como el de los creyentes samaritanos y el de Saulo de Tarso, son considerados extraordinarios, dado que fue necesario que algunos miembros del Cuerpo de Cristo, mediante la imposición de manos, los identificaran con el Cuerpo.

  Conforme a 19:6, el Espíritu Santo vino sobre estos discípulos efesios. La palabra “sobre” denota el aspecto económico, y difiere del aspecto esencial indicado por la preposición “en” que aparece en Juan 14:17. “En” se relaciona con la esencia intrínseca necesaria para la vida; y “sobre” se relaciona con el elemento exterior necesario para el poder. En este caso, los creyentes efesios solamente recibieron al Espíritu Santo exteriormente.

  Cuando el Espíritu Santo vino sobre ellos, “hablaban en lenguas, y profetizaban” (v. 6). Esto indica que hablar en lenguas no fue el único resultado de recibir al Espíritu Santo económicamente, porque en este caso, el profetizar fue otro resultado, como también lo fue el magnificar de Dios en el caso de los de la casa de Cornelio (10:44-46). Por tanto, hablar en lenguas no constituye la única evidencia de recibir al Espíritu Santo en el aspecto económico; tampoco es una evidencia necesaria, pues existe por lo menos un caso en el cual se recibe al Espíritu Santo económicamente, el de los creyentes samaritanos (8:15-17), donde no se menciona el hablar en lenguas.

EL MINISTERIO Y SU FRUTO

  En 19:8-20 tenemos el relato del ministerio de Pablo en Efeso y su fruto. Según el libro de Hechos Pablo laboró más en esta ciudad que en cualquier otra.

Discutía y persuadía acerca del reino de Dios

  Leamos 19:8: “Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios”. Pablo entró en la sinagoga como de costumbre para valerse de esa reunión con el fin de anunciar la palabra de Dios y predicar el evangelio. El habló con denuedo por un espacio de tres meses, discutiendo acerca del reino de Dios. El Señor preparó soberanamente el entorno en la sinagoga para que Pablo pudiese ministrar todo ese tiempo. Sin duda, su ministerio no consistía solamente en predicar, sino también en enseñar. Pablo se dirigió principalmente a los judíos, pero es posible que allí también se encontraran algunos griegos. Algunos de los que estaban en la sinagoga llegaron a formar parte de la iglesia en Efeso.

  En el versículo 8, vemos claramente que Pablo discutía con los que se encontraban en la sinagoga y los persuadía acerca del reino de Dios. El reino de Dios fue el tema principal de la predicación de los apóstoles en la comisión que recibieron después de Pentecostés (1:3; 8:12; 14:22; 20:25; 28:23, 31). Este no es un reino material ni visible al hombre, sino un reino constituido de la vida divina. Es la extensión de Cristo como vida a Sus creyentes para formar un dominio en el cual Dios gobierna con Su vida.

Discutía en la escuela de Tirano

  Leamos Hechos 19:9: “Pero endureciéndose algunos y no dejándose persuadir, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de Tirano”. El nombre latino “Tirano” proviene del griego. Es probable que éste haya sido un maestro y que Pablo haya alquilado su escuela para usarla como salón de reunión, separado de la sinagoga de los opositores judíos, para predicar y enseñar la palabra del Señor tanto a judíos como a griegos, durante dos años (v. 10).

  Cuando los disidentes judíos maldijeron el Camino del Señor, Pablo se apartó de ellos y separó a los discípulos de la sinagoga, reuniéndose con ellos en la escuela de Tirano durante dos años. “Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor” (v. 10). Este pasaje nos presenta otro modelo que debemos seguir hoy en día. Pablo, al comienzo de su ministerio y especialmente en su primer viaje ministerial, no acostumbraba a quedarse mucho tiempo en un lugar; sin embargo, en su tercer viaje, él permaneció en Efeso durante bastante tiempo. Primero, discutió en las sinagogas durante tres meses, y después llevó a cabo reuniones en la escuela de Tirano por espacio de dos años. En Hechos 20:31 se indica que Pablo permaneció en Efeso por tres años. Esta puede haber sido la razón por la que Pablo pudo escribir la Epístola a los Efesios y dirigirla a esa iglesia. Esta era la iglesia que había recibido mayor educación espiritual de parte del apóstol Pablo, ya que permaneció allí mucho más tiempo que en otras ciudades. Durante los tres años que permaneció en Efeso, el apóstol llevó a cabo una gran labor en su ministerio espiritual.

  El hecho de que Pablo pasara tres años en Efeso debe enseñarnos una lección: a veces es necesario que permanezcamos más tiempo en un lugar estratégico por causa de los intereses del Señor. Efeso era una ciudad importante de Asia Menor, y debido a esto, el apóstol consideró necesario permanecer allí más tiempo, a fin de establecer un testimonio firme para el Señor.

  El Señor honró la estancia de Pablo en Efeso y lo usó grandemente. Su ministerio en Efeso fue muy prevaleciente y se realizaron allí muchos milagros (vs. 11-17).

Espontáneamente dieron resolución al pasado

  Leamos Hechos 19:18: “Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus prácticas”. Las palabras “confesando y dando cuenta” indican que hubo una confesión completa y pública. La palabra griega traducida “prácticas” tiene también el significado técnico de hechicerías, y tal es su significado en este pasaje.

  Hechos 19:19 relata que espontáneamente “muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata”. Estos libros fueron quemados con el fin de resolver su pasado, el cual era pecaminoso y demoníaco. El precio de los libros quemados fue de cincuenta mil piezas de plata. Cada pieza de plata representaba aproximadamente el salario de un día, lo cual indica que estos libros costaban mucho dinero. Pero a pesar de eso, los quemaron públicamente.

  Hechos 19:20 concluye: “Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor”. Este versículo se puede traducir también: “Así la palabra crecía y se fortalecía por el poder del Señor”.

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