Lectura bíblica: Nah. 1; Nah. 2; Nah. 3
El libro de Nahúm es lo opuesto al libro de Jonás. Ambos libros tratan sobre la ciudad de Nínive; no obstante, mientras que Jonás trajo, o extendió, a aquella ciudad pecaminosa la salvación provista por Dios, Nahúm trajo el juicio de Dios sobre Nínive. Jonás revela que Dios, en Su salvación, es el Dios de todos los pueblos de la tierra, no solamente de los judíos sino también de los gentiles. Nahúm revela que Dios, en Su juicio, también es el Dios de todos los pueblos. Por tanto, Dios es el Dios de todos los pueblos tanto en lo concerniente al juicio como en lo concerniente a la salvación.
El libro de Nahúm nos muestra por qué Dios juzga a una ciudad. En este libro vemos tanto el hecho del juicio de Dios sobre Nínive como la causa para ello. Dios había extendido Su salvación a Nínive, pero Nínive fue pecaminosa e invadió a Israel.
En Nahúm 1:1 tenemos las palabras de introducción.
En hebreo Nahúm significa “consolar” y “vengar”. Este nombre significa que Jehová Dios consuela a Su elegido, Israel, y venga a Israel de su enemigo, Nínive.
El período de tiempo en que transcurrió el ministerio de Nahúm fue alrededor del año 713 a. C., el año en que Senaquerib, el rey asirio, invadió a Judá.
El lugar donde Nahúm desempeñó su ministerio fue el reino sureño de Judá. La historia nos dice que Nahúm creció en Galilea, en una aldea llamada Elkosha, cercana a Capernaum. El nombre Capernaum podría significar “la ciudad de Nahúm”, lo cual indica que estuvo ligada a Nahúm. Aunque Nahúm era del norte, el lugar donde desempeñó su ministerio estaba en el sur.
El ministerio de Nahúm tuvo como destinatario la gran ciudad de Nínive. Las ciudades de Babel y Nínive fueron edificadas por Nimrod (Gn. 10:8-11) y se convirtieron en capitales de las naciones de Babilonia y Asiria. Nimrod, el primer tipo del anticristo, fue el primero en oponerse a Dios, y estas dos naciones fueron prominentes figuras representativas de la humanidad que se opone a Dios. De hecho, Asiria fue la primera nación en venir y devastar a Israel invadiéndolo en el año 713 a. C. (2 R. 18:13—19:37), más de cien años antes de la invasión babilónica ocurrida en el año 606 a. C.
El tema del libro de Nahúm es que Jehová juzga a Nínive, la capital de la malvada Asiria.
El pensamiento central de Nahúm es que Jehová juzgó a Asiria, con lo cual vengó a Israel de su enemigo a fin de restaurar a Israel para su consuelo.
El libro de Nahúm tiene tres secciones: palabras de introducción (1:1); Jehová como Juez majestuoso (1:2-7); y el juicio de Jehová sobre Nínive (1:8—3:19).
En 1:2-7 Jehová es revelado como el Juez majestuoso. Primero, vemos que Jehová es el Juez, y después vemos la majestad de Jehová como Juez.
Jehová, como Juez, es Dios celoso y vengador. Él es vengador y está lleno de ira; Él se venga de Sus adversarios y guarda la ira para Sus enemigos (v. 2). Él es longánimo y grande en poder, y ciertamente no dejará impune al culpable (v. 3). En el versículo 7 el profeta declara: “Jehová es bueno, / una fortaleza en el día de la angustia, / y conoce a los que en Él se refugian”.
Los versículos del 4 al 6 hablan de la majestad de Jehová como Juez. Él reprende al mar y lo hace secar; Él seca todos los ríos; los montes tiemblan por causa de Él; y la tierra se levanta en Su presencia (vs. 4-5). Por tanto, el profeta pregunta: “¿Quién puede mantenerse en pie ante Su indignación? / Y ¿quién puede resistir el ardor de Su ira? / Su ira se derrama como fuego, / y por Él se quiebran las piedras” (v. 6).
El resto del libro de Nahúm (1:8—3:19) habla del juicio de Jehová sobre Nínive. Aquí vemos un cuadro completo del juicio de Jehová sobre esta malvada ciudad.
Primero, el Juez pronuncia Su veredicto con respecto a la destrucción de Nínive efectuada por los medos y los babilonios en el año 612 a. C. (1:8-12a, 14). El versículo 8 dice que cuando llegara el tiempo, Dios usaría una inundación desbordante para destruir del todo su lugar. El capítulo 2 nos describe esta inundación. Nínive estaba edificada a orillas del río Tigris y estaba íntegramente rodeada de agua. Esto constituía una protección para Nínive. Luego, en el año 612 a. C., los medos y los babilonios se unieron para atacar Nínive; ellos encontraron la manera de abrir las compuertas del río e inundaron la ciudad (2:6).
En 1:12b-13, 15 vemos la promesa de consuelo que Jehová le hace a Judá. En el versículo 13 Él dice: “Ahora quebraré su yugo de sobre ti / y romperé tus coyundas”. Aquí, “su yugo” se refiere al yugo que Senaquerib, rey de Asiria, puso sobre Israel. Primero, los asirios vinieron a devastar a Israel; después, Dios usó a Babilonia bajo el liderazgo de Nabucodonosor para derrotar a los asirios, lo cual redundó en cierta clase de liberación para Israel.
El versículo 15a dice a continuación: “He aquí, sobre los montes / los pies del que trae buenas nuevas, / del que anuncia la paz”. Esto se refiere al anuncio de la derrota de Asiria infligida por los babilonios y fue una palabra de consuelo para Israel.
Nahúm 2:1-13 presenta una visión de la destrucción de Nínive.
Los versículos del 1 al 4 describen la veloz acción de los ejércitos babilónicos al destruir Nínive. Los babilonios fueron usados por Dios para este propósito. Por tanto, el versículo 3 dice: “El escudo de Sus valientes es rojo; / los hombres valerosos están vestidos de escarlata; / los carros flamean con acero centelleante / en el día de Su preparación, / y se blanden las lanzas”.
Los versículos del 5 al 7 cuentan la manera en que el rey de Asiria y su reina enfrentaron el ataque babilónico.
Los versículos del 8 al 13 relatan que los ejércitos babilónicos saquearon las riquezas de Nínive y masacraron a sus pobladores.
“Jehová restaura / la excelencia de Jacob, / así como la excelencia de Israel” (v. 2a). Esto indica que la destrucción de Nínive tiene por finalidad la restauración de la excelencia de Israel. Dios usó a los babilonios junto con los medos para invadir Asiria y, por tanto, salvar a Israel de la tiranía de los asirios.
Al inicio del capítulo 3 Nahúm, refiriéndose a Nínive, dice: “¡Ay de la ciudad sanguinaria!, / toda llena de mentiras y rapiña; / la presa nunca se aparta” (v. 1). A continuación, este capítulo describe en detalle la devastación que sufre el pueblo de Nínive (vs. 2-17). Es muy significativo que en el versículo 17 se mencionen las langostas: “Tus príncipes son como un enjambre de langostas, / y tus oficiales como nubes de langostas / que se posan sobre los arbustos / en día de frío; / pero al salir el sol, ellos huyen, / y no se conoce el lugar donde están”. Esto indica que los asirios también eran langostas que devastaron a Israel. Las langostas asirias fueron finalmente derrotadas por las langostas babilónicas.
Nahúm concluye su profecía hablando acerca del lastimoso fin del rey de Asiria (vs. 18-19).
El punto principal del libro de Nahúm es que al mismo tiempo que Dios disciplinaba a Israel y castigaba a las naciones, Él siempre hizo lo necesario para resguardar a Israel con el propósito de que Cristo fuese manifestado. La maravillosa acción preservadora de Dios fue llevada a cabo mediante las langostas. Dios se valió de un tipo de langosta para que ésta destruyese a otro tipo de langosta a fin de que Israel fuese resguardado. El propósito de Dios al resguardar a Israel es que Cristo pueda ser manifestado.
Aunque este libro no dice nada acerca de Cristo directamente y no menciona a Cristo, la meta sigue siendo la manifestación de Cristo. Israel es resguardado con la finalidad de que Cristo pueda tener un canal —el Israel que Él se reservó y resguardó— mediante el cual Él sea manifestado. Al respecto, todos los profetas menores son uno, y el libro de Nahúm es apenas un pequeño eslabón en la cadena de la revelación traída por ellos. Por tanto, nuevamente vemos que, según los Profetas Menores, Dios disciplinó a Israel y castigó a las naciones con miras a la manifestación de Cristo.