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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Tito»
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Mensaje 6

HACER FRENTE A LOS QUE CAUSAN DISENSIONES

  Lectura bíblica: Tit. 3:9-15

  Antes de examinar 3:9-15, veo necesario añadir algo más acerca de los versículos del 4 al 7. En el versículo 7 Pablo dice: “Para que justificados por Su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”. Llegar a ser herederos de Dios es la meta de Su salvación eterna, la cual incluye la vida eterna que nos ha sido otorgada por gracia en Cristo. En los versículos del 4 al 6 vemos algunos asuntos cruciales que son necesarios para alcanzar la meta de Dios. En los versículos 4 y 5 se mencionan ciertos atributos divinos: la bondad, el amor y la misericordia. Cuando se juntan estos tres atributos, tenemos la gracia. Dios nos ha mostrado Su amor, Su misericordia, Su bondad y Su gracia, para poder salvarnos. Siempre que nos proponemos hacer algo de gran trascendencia, ponemos todo nuestro ser en ello. Ejercitamos nuestra mente, voluntad, parte emotiva, corazón e incluso nuestro temperamento. De igual manera, Dios ejercitó todo Su ser para salvarnos. Él nos mostró todo Su amor, bondad, misericordia y gracia. Mediante estos atributos divinos, Dios nos salvó. No obstante, estos atributos son la fuente de nuestra salvación, no las actividades ni el proceso.

  En 3:5 y 6 tenemos las actividades, las cuales son el proceso por el cual Dios nos salvó: “Nos salvó ... mediante el lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador”. La salvación de Dios se basa en el ejercicio de Sus atributos y se lleva a cabo mediante el proceso del lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo. La meta es que lleguemos a ser herederos de Dios.

  Pablo ciertamente era un excelente escritor. Consciente de que en los versículos del 4 al 6 no había escrito nada acerca de la justificación, añadió las palabras “justificados por Su gracia”. Aunque la justificación está implícita de alguna manera en los asuntos de la salvación y el lavamiento, Pablo explícitamente la menciona en el versículo 7. Nosotros fuimos salvos, lavados y justificados. La gracia por la cual somos justificados es la suma de la bondad, el amor y la misericordia de Dios. Éstos son atributos de Dios, pero cuando los experimentamos juntos, tenemos la gracia. La bondad, el amor y la misericordia son del Padre, mientras que la gracia es de Cristo. Es por ello que en 2 Corintios 13:14 Pablo habla de la gracia de Cristo y del amor de Dios el Padre.

  En 3:7 Pablo dice que llegamos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna, mientras que en 1:1 y 2 dice que él llegó a ser apóstol en la esperanza de la vida eterna. Esta vida eterna significaba mucho para Pablo, y también significa mucho para nosotros los creyentes. Pablo llegó a ser apóstol en la esperanza de la vida eterna, y nosotros llegamos a ser herederos de Dios conforme a la esperanza de la vida eterna. ¿Por qué usa Pablo la palabra “en” al hablar de sí mismo y la expresión “conforme a” al referirse a nosotros? Él usó la palabra “en” al hablarnos de sí mismo, para dar a entender que ya estaba experimentando la esperanza de la vida eterna. Sin embargo, puesto que aún nosotros no hemos experimentado esto lo suficiente, él dice que somos herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Puesto que Pablo era un creyente muy maduro, él ya estaba experimentando la esperanza, es decir, ya estaba en ella. Pero, con respecto a la mayoría de nosotros, esta experiencia todavía se halla delante de nosotros. Por lo tanto, somos herederos conforme a esta esperanza.

I. EL ENCARGO DEL APÓSTOL

  En 3:9 Pablo añade: “Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contiendas, y disputas acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho”. Las cuestiones necias mencionadas aquí son las que surgen de las genealogías (1 Ti. 1:4), y las contiendas provienen de las cuestiones y genealogías. Las disputas denotan pleitos, los cuales se deben a las diferentes opiniones que surgen del erróneo estudio de los mitos en cuanto a la ley. La ley mencionada en este versículo es la ley judía, que se usaba en el judaísmo gnóstico, el cual era contrario a la sencillez del evangelio. Estas cuestiones, genealogías, contiendas y disputas son vanas, es decir, no apuntan a nada ni producen nada positivo.

  Las cosas positivas recalcadas en los versículos del 4 al 8 deben ser afirmadas firme y constantemente: Dios nuestro Salvador, Jesucristo nuestro Salvador, el Espíritu Santo, la bondad de Dios, Su amor, Su misericordia, Su gracia y Su vida eterna, y las acciones que Dios ha realizado, como la justificación, la salvación, el lavamiento, la regeneración y la renovación. Todo esto representa al Dios Triuno con Sus atributos y virtudes, y las acciones divinas que Él ha realizado en Su salvación eterna. Tales cosas están relacionadas con la vida, pertenecen al árbol de la vida (Gn. 2:9) y producen los herederos que recibirán todo lo que Dios es para ellos. Los asuntos negativos referidos en los versículos del 9 al 11 deben evitarse; éstos incluyen las cuestiones necias, las genealogías, las contiendas, las disputas acerca de la ley, y los hombres facciosos y dogmáticos. Todos estos asuntos están relacionados con el conocimiento —el cual trae muerte—, pertenecen al árbol del conocimiento, y matan a sus víctimas.

  La exhortación que Pablo hace acerca de evitar cuestiones necias, genealogías, contiendas y disputas, coincide con lo que dice en 1 Timoteo 1 acerca de enseñar cosas diferentes. Debido a que en la iglesia habían empezado a infiltrarse enseñanzas diferentes, Pablo le encargó a Tito que las evitara.

  El ministerio del Señor no es la enseñanza de ningún individuo en particular. El ministerio es la enseñanza de la economía neotestamentaria de Dios. Esto significa que el ministerio del Señor es la sana enseñanza, la cual nos comunica la economía del Nuevo Testamento. Lamentablemente, la mayoría de los maestros cristianos de hoy han errado el blanco con respecto a la economía de Dios. La economía de Dios puede asemejarse a un grano o semilla. Los maestros cristianos en su mayoría no prestan atención a la semilla, sino al tronco, a las hojas, e incluso a la cáscara que recubre la semilla. Argumentan y debaten sobre la cáscara y descuidan la semilla.

  En Colosenses 1:25 Pablo dice: “Fui hecho ministro, según la mayordomía de Dios, que me fue dada para con vosotros, para completar la palabra de Dios”. Completar la palabra de Dios significa completar la revelación divina. El completamiento de la palabra de Dios equivale al misterio de Cristo. Esta expresión, “el misterio de Cristo”, se refiere tanto a Cristo como a Su misterio. El misterio de Cristo es la iglesia. De manera que, el contenido de la enseñanza de la economía del Nuevo Testamento es el Cristo todo-inclusivo y la iglesia como el Cuerpo de Cristo.

  Cualquier enseñanza que se desvíe de este enfoque central la debemos considerar una enseñanza diferente. Por ejemplo, supongamos que cierto maestro de la Biblia insiste en que nosotros bauticemos a las personas en el nombre de Jesucristo, en vez de hacerlo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo o en el nombre de Cristo Jesús. Aunque tal enseñanza pueda ser presentada de una manera que suene muy ortodoxa y bíblica, es de hecho una enseñanza diferente por insistir en algo que no tiene que ver con el enfoque de la economía de Dios y porque distrae a los santos de practicar la vida de iglesia adecuada. Por supuesto, la Biblia nos dice que tenemos que bautizarnos; pero no debemos dejarnos afectar por las diferentes enseñanzas en cuanto al nombre en el que deben ser bautizados los creyentes. Prestar demasiada atención a asuntos como éstos nos distraerá de la economía de Dios.

  La meta del recobro del Señor no es recobrar las verdades doctrinales, sino hacernos regresar a la economía neotestamentaria de Dios, que no es otra cosa que Cristo y la iglesia. Lo que el Señor desea de nosotros, y lo que nosotros necesitamos, es que todo nuestro ser se centre en la economía de Dios. En el recobro del Señor debemos centrar toda nuestra atención en Cristo y la iglesia.

  Al dirigir nuestra atención a la economía de Dios en cuanto a Cristo y la iglesia, debemos evitar las enseñanzas diferentes. Estas enseñanzas tal vez sean bíblicas, y quizás ciertos predicadores hablen de ellas de una manera elocuente y atractiva. No obstante, tenemos que discernir si tales mensajes se centran o no en Cristo y la iglesia, y si fortalecen o no a los creyentes para que vivan a Cristo y pongan en práctica la vida de iglesia. Quizás alguien dé un excelente mensaje sobre el amor, basándose en 1 Corintios 13. No obstante, si no ha visto la visión de la economía neotestamentaria con respecto a Cristo y la iglesia, aun su inspirador mensaje sobre el amor puede ser una distracción. Así, cuanto más explica 1 Corintios 13, más los oyentes son distraídos de Cristo y de la vida de iglesia, y, en vez de ello, centran toda su atención en el amor.

  Muchos cristianos que buscan al Señor de todo corazón han sido distraídos, no por herejías, sino por buenas enseñanzas basadas en los pasajes favoritos de la Biblia. A muchos cristianos les atrae mucho 1 Corintios 13, y les gusta escuchar mensajes basados en este capítulo. Hablan mucho acerca del amor y acerca de la necesidad de amarnos unos a otros, pero pasan por alto la vida de iglesia.

  Hoy en día, a los cristianos les gusta mucho el libro de Salmos. Para muchos, Salmos es su libro favorito de la Biblia. Sin embargo, si centramos toda nuestra atención en Salmos, esto podría distraernos de la meta de vivir a Cristo, y podría alentarnos y motivarnos a ser creyentes que recalcan la necesidad de llevar una vida piadosa. Aun más, algunos podrían distraerse de la vida de iglesia y no darle ninguna importancia a ella. Tal vez incluso critiquen a algunos que están en la iglesia por no enfatizar el tiempo devocional como lo hacen ellos.

  ¿Cómo podemos discernir qué mensajes debemos escuchar y qué mensajes debemos evitar? Aunque debemos estar en contra de las herejías, no debemos oponernos a las enseñanzas que no son heréticas. No obstante, no debemos prestar atención a enseñanzas que no se centren en la economía de Dios, por muy sanas que sean. Debemos evitar las enseñanzas diferentes y centrar nuestra atención en la economía de Dios respecto a Cristo y la iglesia.

II. HACER FRENTE A LOS QUE CAUSAN DISENSIONES

  Tito 3:10 y 11 dicen: “Al hombre que cause disensiones, después de una y otra amonestación deséchalo, sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio”. Una persona que causa disensiones es un hereje y sectario que propaga divisiones al formar partidos en la iglesia conforme a sus propias opiniones. El judaísmo gnóstico, al que se hace referencia en el versículo anterior, debe estar relacionado con esto. El origen de las divisiones es las enseñanzas diferentes. Es por ello que el versículo 10 viene después del versículo 9. Seguramente algunos creyentes insistieron en que había que enseñarse la ley y, a causa de ello, se volvieron facciosos.

  En el versículo 10 Pablo manda a Tito que deseche al hombre que cause disensiones, después de una u otra amonestación. A fin de mantener un buen orden en la iglesia, una persona facciosa, una persona que cause divisiones, debe ser desechada y rechazada después de una y otra amonestación. Esto se hace por el bien de la iglesia, a fin de impedir que los santos sigan teniendo contacto con esa persona facciosa y se contagien de dicha enfermedad.

  En el versículo 11 Pablo habla con severidad al decir que la persona facciosa se ha pervertido, que peca, y que está condenada por su propio juicio. Las palabras griegas traducidas “se ha pervertido” significan literalmente ha volteado de adentro hacia fuera. Esto es peor que apartarse de la senda recta (Tit. 1:14). Alguien que se ha pervertido de esta manera ha quedado arruinado, dañado y destruido, en lo que se refiere a la economía neotestamentaria de Dios.

  Pablo nos dice que las personas que causan disensiones están condenadas por su propio juicio. Cuando una persona se esta índole está a solas, puede tener una profunda sensación de condenación, pues se da cuenta de que su paz no es genuina. Tal vez no diga que se siente condenada, pero en lo profundo de su corazón tiene dudas y no encuentra reposo. Algunos de los que abandonaron el recobro del Señor disputaron con mucha vehemencia acerca de varios asuntos. Sin embargo, en lo más profundo, no tenían verdadera paz y, en vez de ello, estaban bajo su propia condenación. Si no se sintieran condenados, no habrían luchado por vindicarse ni habrían tratado de convencer a otros de que tenían la razón. Sus esfuerzos por vindicarse eran la evidencia de que se sentían condenados por su propio juicio.

III. LA CONCLUSIÓN DEL LIBRO

A. La comunión del apóstol

  En los versículos 12 y 13 Pablo dice: “Cuando envíe a ti a Artemas o a Tíquico, procura con diligencia venir a mí en Nicópolis, porque allí he determinado pasar el invierno. A Zenas intérprete de la ley, y a Apolos, encamínales con diligencia, de modo que nada les falte”. Nicópolis era una ciudad ubicada al extremo sudoeste de Macedonia, donde se escribió esta epístola. Artemas y Tíquico eran íntimos colaboradores de Pablo, mientras que Zenas y Apolos laboraban independientemente de él. Aún así, Pablo le mandó a Tito que cuidara de ellos, lo cual nos muestra que no había celos entre los dos grupos de colaboradores.

  Lo que dice Pablo en el versículo 14 está relacionado con lo que expresa en el versículo 13: “Y aprendan también los nuestros a ocuparse en obras dignas para los casos de necesidad, para que no sean sin fruto”. Ellos debían encargarse de las necesidades de los siervos del Señor y ayudarles a continuar su camino.

B. Saludos

  En el versículo 15 Pablo concluye, diciendo: “Todos los que están conmigo te saludan. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia sea con todos vosotros”. La fe aquí se refiere a la fe subjetiva y denota nuestra acción de creer, la cual nos introduce en una unión orgánica con el Señor (Jn. 3:15; Gá. 3:26) y obra por el amor (Gá. 5:6). Los santos, quienes eran uno con el Señor en Su cuidado, amaban al apóstol fiel y sufrido en el elemento y en la operación de esta fe.

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