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Mensaje 166

Los ingredientes del Espíritu compuesto tipificado por el ungüento compuesto

(4)

  Lectura bíblica: Éx. 30:23-30; 1 Jn. 2:22-27

  En este mensaje, estudiaremos a fondo 1 Juan 2:22-27 con respecto al Espíritu compuesto, descrito en Exodo 30.

JESUS, CRISTO, EL PADRE Y EL HIJO SON UNA SOLA PERSONA

  1 Juan 2:22 habla de aquel que niega que Jesús es el Cristo y prosigue con el anticristo que niega el Padre y el Hijo. ¿Por qué este versículo une estos dos asuntos? ¿Por qué menciona a aquel que niega que Jesús es el Cristo y también aquel que niega el Padre y el Hijo? He aquí la respuesta: negar que Jesús es el Cristo equivale a negar al Padre y al Hijo. Pasa lo mismo cuando uno niega al Padre y al Hijo; eso equivale a negar que Jesús es el Cristo. Esto indica que Jesús es el Cristo y que Cristo es el Padre y el Hijo, y también que Jesús, Cristo, el Padre y el Hijo son una sola y misma persona. Si negamos a uno, negamos también a los demás.

  El versículo 23 confirma el versículo 22: “todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre”. Si negamos al Hijo, negamos al Padre, pero si confesamos al Hijo, tendremos al Padre. Aquí tenemos el mismo asunto, visto desde varios ángulos. Por una parte, si negamos al Hijo, negamos al Padre, por otra si confesamos al Hijo, confesamos al Padre. La razón es sencilla: el Hijo y el Padre son una sola y misma persona, pero no es todo: Jesús, Cristo, el Hijo y el Padre forman una sola persona.

UNA PERSONA TODO-INCLUSIVA

  Leamos 1 Juan 2:25 “y ésta es la promesa que El mismo nos hizo, la vida eterna”. En los versículos 22, 23 y 25 vemos a Jesús, Cristo, el Hijo, el Padre y la vida eterna. Son una sola persona todo-inclusiva como el único ungüento compuesto en Exodo 30. ¿Qué es la vida eterna? La vida eterna es Jesús, Cristo, el Hijo y el Padre. La Persona todo-inclusiva revelada en estos versículos es la vida eterna.

  En la época del apóstol Juan, unas enseñanzas heréticas intentaban separar Jesús de Cristo y Cristo del Padre. Los instructores heréticos usaban su mente natural y humana para analizar la Persona todo-inclusiva y divina de Cristo, pero no podían sistematizar esta Persona. No podían entender cómo Jesús podía ser Cristo o cómo Cristo podía ser el Padre. Algunos alegaban que Cristo era Dios y no era hombre; que la misma persona no podía ser Dios y hombre a la vez. Otros decían que Jesús era un hombre y no era Dios. No obstante, el apóstol Juan escribió: “y el Verbo se hizo carne” (Jn. 1:14). El Verbo era Dios (Jn. 1:1), y aquí la carne denota la humanidad. Esto significa que según la palabra de Juan, una sola persona es Dios y también hombre.

  Cuando nos enfrentamos con ciertos opositores, debemos hacer cuatro preguntas. Primero ¿Acaso no es Jesús el Cristo? Segundo ¿No es Cristo el Hijo de Dios? Tercero, ¿No es el Hijo Dios mismo? Cuarto, ¿No es Dios Triuno: el Padre, el Hijo y el Espíritu? Todos los cristianos genuinos aceptan que Jesús es el Cristo, que Cristo es el Hijo de Dios, que el Hijo de Dios es Dios y que Dios es Triuno. Si estamos de acuerdo con todo eso seguiremos y proclamaremos que Cristo es el Padre, el Hijo y el Espíritu. Además, debemos ver que Jesús, Cristo, el Hijo de Dios, Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu forman una sola persona todo-inclusiva.

  Algunos enseñan una Trinidad separada; nosotros enseñamos la todo-inclusividad de la Trinidad. La enseñanza de ciertas personas acerca de la persona de Cristo y de la Trinidad se basa en el principio de separación, un intento de separar al Padre, al Hijo y al Espíritu uno del otro. En realidad, este principio de separación es la fuente de muchas enseñanzas heréticas acerca de la Persona de Cristo y de la Trinidad divina. Este intento de separación ha causado graves problemas.

  La revelación divina en la Palabra santa no se basa en este principio de separación. Por el contrario, su fundamento es el principio de inclusividad. La Persona divina es todo-inclusiva y no puede ser dividida. No obstante, algunas personas han declarado con convicción que los tres de la Trinidad son tres personas separadas. Este intento de separar al Padre del Hijo y al Hijo del Espíritu ha desembocado en herejías tanto en el pasado como en el presente.

  En el capítulo dos de su primera epístola, Juan enseña que todo aquel que niega a una parte de la Persona todo-inclusiva de Cristo es un anticristo. Aquí vemos un principio que se aplica a muchos instructores contemporáneos. Estos instructores pueden ser cristianos genuinos y también anticristos, por lo menos parcialmente, en su enseñanza porque niegan a Cristo en un aspecto particular de su persona todo-inclusiva. Negar a Cristo de algún modo equivale a ser anticristo, por lo menos hasta cierto grado. Esta es la razón por la cual Juan considera a los herejes como anticristos. Tales enseñanzas pertenecían al anticristo porque negaban a Cristo de algún modo o en algún aspecto. Por ejemplo, la enseñanza de que Cristo es Dios es procristo y no anticristo, pero la enseñanza de que El es solamente Dios y no hombre es anticristo.

  Algunos reconocen que Cristo es el Creador niegan rotundamente que El es también una criatura con respecto a Su humanidad. Declarar que Cristo es el Creador es algo procristo, pero negar el hecho de que El es una criatura en Su humanidad es declarar algo anticristo. Debemos ser procristos de una manera todo-inclusiva y declarar que El es el Creador y una criatura.

EL DIOS TRIUNO

  La Biblia revela que el Hijo es llamado el Padre (Is. 9:6) y que El es el Espíritu (2 Co. 3:17).

  Considere la revelación del Dios Triuno en el capítulo 14 de Juan. En el versículo 8, Felipe le dijo: “Señor, muéstranos el Padre, y nos basta”. Aparentemente el Señor Jesús quedó sorprendido por la petición de Felipe y contestó: “¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a Mí ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices: muéstranos el Padre?” (Véase 9) El Señor continuó: “¿No crees que Yo estoy en el Padre y el Padre está en Mí?” Aquí el Señor parece decir: “Felipe, he estado contigo tanto tiempo y todavía no me conoces. ¿No te das cuenta de que ves al Padre cuando me ves a Mí? Yo Soy uno con el Padre. El Padre está en Mí y Yo estoy en el Padre. Fuera de Mí no existe ninguna persona llamada el Padre”.

  Leamos Isaías 9:6 “porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado... y se llamará su nombre ... Dios fuerte, Padre eterno”. Este versículo enseña que el Hijo que nos es dado es llamado el Padre eterno o el Padre de la eternidad.

  Hace poco un predicador dijo que en Isaías 9:6, el Padre tiene el mismo significado que el título “padre de la nación” aplicado a Washington y el “padre de la electricidad” aplicado a Edison. Aun cuando aceptemos esta interpretación, debemos preguntar quien es el Padre del Hijo. Isaías 9:6 nos enseña que es el Padre de la eternidad. En realidad, el título “Padre de la eternidad” significa “el Padre eterno”. Algunas versiones lo traducen así. El Padre de la eternidad significa el Padre que existe siempre, el Padre eterno. La expresión “de la eternidad” denota Aquel que existe por Sí mismo y para siempre. ¿Quién es este Padre que existe por Sí mismo y para siempre? ¿Acaso existen dos Padres: el Padre en la Deidad y otro Padre que sería el Hijo en Isaías 9:6? La respuesta es ésta: el Padre en la Deidad es el Padre de la eternidad, y según Isaías 9:6 el Hijo es también el Padre de la eternidad. ¡No existen dos Padres divinos! Hay un solo Padre de la eternidad, el Padre que existe por Sí mismo y para siempre.

  Después de aclarar en Juan 14 que el Padre y El son uno, el Señor Jesús siguió hablando acerca del Espíritu como otro consolador: “y Yo rogaré al Padre, y os dará otro consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de realidad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque permanece con vosotros y estará en vosotros” (vs. 16-17). En realidad, el otro consolador es el Señor mismo en otra forma. Primero El fue el consolador en forma de carne. Luego El se hizo otro consolador como el Espíritu. Este consolador es el Espíritu de realidad. Juan 14:17 nos revela que el Espíritu de realidad no estará solamente entre los discípulos sino también dentro de ellos.

  El Señor Jesús prosigue en Juan 14:20 “en aquel día vosotros conoceréis que Yo estoy en Mi Padre, y vosotros en Mí, y Yo en vosotros”. El día mencionado aquí es el día de la resurrección del Señor. Aquí el Señor parece decir: “en aquel día conocerán que Yo estoy en el Padre. Ya no me pedirán que les muestre el Padre. Ustedes se darán cuenta de que Yo soy el Padre y sabrán también que ustedes están en Mí y que Yo estoy en ustedes como el Espíritu está en ustedes (v. 17). Esto es posible porque Yo soy también el Espíritu”.

  Si el Señor no fuese el Espíritu, ¿cómo podríamos estar en El, y El en nosotros? Si El no fuese el Espíritu, no podríamos entrar en El, y El no podría entrar en nosotros. Por esta razón, el Señor tiene que ser el Espíritu, el pneuma santo, el aire celestial. Por ser el Espíritu, el pneuma, el aire, El puede estar en nosotros y nosotros en El. Los discípulos se enteraron de eso en el día de la resurrección de Cristo. En aquel día, supieron que El estaba en el Padre, que ellos estaban en El y que El estaba en ellos.

  Las palabras del Señor en Juan 14 indican que los tres de la Deidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu, son una sola y misma persona. El apóstol Pablo lo confirmó. Leamos 1 Corintios 15:45 “el postrer Adán fue hecho Espíritu vivificante”. Esto significa que el Señor Jesús, el postrer Adán en la carne, fue hecho Espíritu vivificante. Además, Pablo declara en 2 Corintios 3:17 “y el Señor es el Espíritu”.

UNGIDOS CON LOS ELEMENTOS DE LA PERSONA TODO-INCLUSIVA

  En 1 Juan 2, vemos que Jesús, Cristo, el Hijo, el Padre y el Espíritu quien es la unción son una sola y misma persona. Jesús es el Hombre, el Redentor y el Salvador. Cristo es el Ungido, el Mesías. El es también el Resucitado, el Señor y el Maestro. Con Jesús tenemos la encarnación, el vivir humano y la crucifixión. Con Cristo tenemos la unción, la resurrección y la ascensión. Además, el Padre es la fuente de vida, el Hijo es la vida expresada y el Espíritu es la vida que fluye. Están todos incluidos en la Persona todo-inclusiva y todos fueron compuestos en un solo ungüento. Esta fue la razón por la cual pasamos mucho tiempo considerando todos los ingredientes del Espíritu compuesto como lo tipifica el ungüento compuesto en Exodo 30.

  Hemos visto que este ungüento contiene diez ingredientes: el Dios único tipificado por un solo hin de aceite de oliva; el Dios Triuno, representado por las tres unidades de medida de las cuatro especias; el Hombre Jesús, criatura de Dios en cuanto a Su humanidad, tipificada por las cuatro especias de la vida vegetal; la muerte preciosa de Cristo, tipificada por la mirra líquida; la dulzura y la eficacia de la muerte de Cristo, representada por la canela aromática; la resurrección preciosa de Cristo, indicada por el cálamo aromático; el poder de la resurrección de Cristo, representado por la casia repelente; la mezcla de la divinidad con la humanidad, simbolizada por la mezcla del aceite de oliva con las cuatro especias; el poder para llevar responsabilidades, que vemos en los cinco elementos del ungüento compuesto y los tres quinientos siclos de cuatro especias; y el elemento de edificación que vemos en los números cinco y tres. Todos estos ingredientes han sido compuestos para producir el Espíritu compuesto, la unción en 1 Juan 2:20 y 27.

  En el capítulo dos de su primera epístola, el apóstol Juan inoculó a los creyentes contra toda clase de herejías, incluyendo la herejía parcial acerca de la Persona toda-inclusiva de Cristo. Una herejía parcial es también algo del anticristo. Al inocular a los creyentes contra la herejía, Juan usó la metáfora del ungüento compuesto en Exodo 30. En sus escritos, Juan usa muchas metáforas, signos o símbolos procedentes del Antiguo Testamento. Por ejemplo, en el evangelio de Juan vemos el tabernáculo y el Cordero (Jn. 1:14, 29) y en el libro de Apocalipsis vemos el candelero, el maná escondido, el árbol de vida y el tabernáculo (2, Ap. 1:12.7, 17; 2:3; 22:2). Ahora vemos que en 1 Juan 2 él usa una metáfora única: el ungüento compuesto, un aceite compuesto con cuatro especias, para describir una Persona todo-inclusiva. El Espíritu nos unge ahora con todos los elementos de esta Persona. El nos unge con cada parte, aspecto, elemento e ingrediente.

  Un ejemplo de esta unción del Espíritu compuestosería pintar una pared. Supongamos que usted esté pintando una pared con oleo, una pintura compuesta de aceite y de otros elementos. Al aplicar esta pintura a una pared, se aplican también todos los elementos contenidos en la pintura. Del mismo modo, podemos afirmar que al ungirnos, el Espíritu compuesto nos “pinta”. El nos pinta con todos los elementos de esta Persona todo-inclusiva: el Padre, el Hijo, el Espíritu, el Hombre Jesús, la divinidad y la humanidad de Cristo y Su encarnación, vivir, muerte, crucifixión, resurrección y ascensión.

  Ya mencionamos lo que incluyen Jesús, Cristo, el Padre, el Hijo y el Espíritu. Jesús incluye la encarnación, el vivir humano, los sufrimientos humanos y la crucifixión. Cristo incluye el Ungido, la resurrección, el señorío y la ascensión. El Padre incluye la fuente de la vida; el Hijo, la expresión de vida y el Espíritu, la impartición de la vida. Todos estos elementos están incluidos en el Espíritu compuesto que nos unge. Día tras día, el Espíritu compuesto nos unge con todos estos ingredientes.

  En el capítulo dos de 1 Juan, vemos los elementos del Espíritu compuesto: Jesús, Cristo, el Hijo, el Padre y la vida eterna. estos títulos abarcan algo inmensurable.

  La función del Espíritu compuesto consiste en ungirnos. Cuando el ungüento del Espíritu obra dentro de nosotros, se convierte en unción. La unción ha sido también compuesta porque el ungüento ha sido compuesto. Usemos nuevamente el ejemplo de una pared pintada con oleo. No pintamos la pared con aceite solamente, sino con todos los ingredientes contenidos en esta pintura. Del mismo modo, cuando nos pinta la pintura divina, somos pintados con todos los ingredientes incluidos en ella. El Espíritu compuesto nos unge ahora con todos los elementos del ungüento compuesto. ¡Ojalá y todos nosotros entendamos perfectamente este asunto y lo experimentemos con todas sus riquezas!

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