Mostrar cabecera
Ocultar сabecera
+
!
NT
-
Navega rápidamente por los libros de vida del Nuevo Testamento
AT
-
Navega rápidamente por los libros de vida del Antiguo Testamento
С
Чтения
Marcadores
Mis lecturas


Mensaje 181

El tiempo que Moisés paso con Dios

(4)

  Lectura bíblica : Éx. 34

  El capítulo treinta y cuatro de Exodo relata el tiempo que Moisés pasó con Dios y abarca tres temas importantes: El festejo con el Señor y el descanso con El, las cinco condiciones para disfrutar al Señor, y la impartición de Dios dentro de Moisés. En los dos mensajes anteriores, hemos visto las tres fiestas, el sábado, y las cinco condiciones. En este mensaje, consideremos la impartición de Dios dentro de Moisés, después de una palabra de introducción y de repaso.

LA CLAVE PARA ENTENDER EXODO 34

  Hemos visto que Moisés quebró las dos tablas que contenían los diez mandamientos. Esto indica que el pacto que Dios hizo con los hijos de Israel fue quebrantado. En los capítulos veinte al veinticuatro, se selló un pacto con el derramamiento de la sangre del sacrificio redentor. Podemos afirmar que el sello del pacto era en realidad la firma del pacto por parte de Dios. Dios firmó el pacto rociándolo con la sangre del sacrificio redentor. El pacto contenía los diez mandamientos con todas esas ordenanzas. Dios deseaba un pueblo totalmente comprometido con El. Sin embargo, el incidente del becerro de oro causó el quebrantamiento del pacto, pero en Su misericordia, Dios vino y recobró este pacto quebrantado. Esta fue la razón por la cuál Dios le dijo a Moisés que labrara dos tablas de piedra y que subiera a la cumbre del monte para reunirse con El. Dios deseaba recobrar el pacto.

  Sin duda Moisés esperaba que Dios volvería a dar los diez mandamientos y las ordenanzas. Probablemente él estaba feliz mientras preparaba las dos tablas de piedra para ese propósito y las llevaba a la cumbre del monte. No obstante, Dios hizo algo muy diferente al bajar hacia Moisés. Antes de darle nuevamente los diez mandamientos, Dios le habló a Moisés conforme al deseo real de Su corazón. La intención de Dios no consistía simplemente en tener un pueblo que guardara Sus mandamientos y ordenanzas. Su intención consistía en dispensarse a Sí mismo dentro de Su pueblo escogido para que recibieran una plena impartición de El y para que lo expresaran.

  Desde el comienzo, la ley no ocupaba ningún lugar en la intención original de Dios. En tipología, la posición de la ley es la de una concubina, representada por Agar. Esto indica que los ojos de Dios y en Su economía, la ley no ocupa un lugar de honor, así como una concubina no tiene una posición legal. La Biblia declara que la ley fue algo añadido. No formaba parte de la intención original de Dios y por lo tanto no ocupa un lugar de honor. En cierto sentido, Dios fue obligado a promulgar la ley.

  Lo que enojó a Dios no fue el hecho de que las dos tablas hayan sido quebradas. Dios estaba enojado por la idolatría del becerro de oro, y no por las tablas quebradas. Cuando El se reunió con Moisés en el capítulo 34, al principio El no comentó nada acerca de los diez mandamientos.

  Primero Dios le dijo a Moisés que El haría maravillas para llevar a Su pueblo a la buena tierra: “y él contestó: He aquí, Yo hago pacto delante de todo tu pueblo; haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra ni en nación alguna, y verá todo el pueblo, en el cuál estás tú, la obra de Jehová; Porque será cosa tremenda lo que Yo haré contigo. Guarda lo que Yo te mando hoy; he aquí que Yo he echo de delante de tu presencia al amorreo, al cananeo, al Heteo, al ferezeo, al heveo, y al jebuseo” (vs. 10-11). Dios quería hacer milagros con el fin de llevar a Su pueblo a la buena tierra donde podrían disfrutarlo a él.

  Segundo, Dios advirtió al pueblo acerca de la idolatría (vs. 12-17). El Señor dijo : “No te has de inclinar a ningún otro Dios, pues Jehová, cuyo nombre es celoso, Dios celoso es” (v. 14). El dijo también: “No te harás dioses de fundición” (v. 17). Dios le dio al pueblo una advertencia clara que se apartaran de toda clase de idolatría. No debemos permitir que nada reemplace a Dios. Debemos tomarlo sólo El como nuestro Dios.

  Luego el Señor prosigue y le habla a Moisés de festejar con El y descansar con El. En el versículo 18, Dios dijo: “La fiesta de los panes sin levadura guardarás; siete días comerás pan sin levadura según te he mandado, en el tiempo señalado del mes de Abib; porque en el mes de Abib saliste de Egipto” En el versículo 22, El prosigue : “También celebrarás la fiesta de las semanas, la de las primicias de las siegas de trigo, y la fiesta de la cosecha de la salida del año”. En el versículo 21, El Señor le habló a Moisés de la observancia del sábado: “Seis días trabajarás, mas en el séptimo descansarás; Aún en la arada y en la siega, descansarás”. Por tanto podemos ver que el Señor le habló a Moisés acerca de la idolatría, del festejo y del descanso. En esta ocasión El no le dijo nada acerca de los diez mandamientos ni de las ordenanzas. Por el contrario, El le dijo a Moisés que los varones debían festejar con El tres veces al año y que cada siete días debían recordarle a El y descansar con El.

  En un mensaje anterior, hemos señalado que las tres fiestas mencionadas en este capítulo, indican que debemos festejar con el Señor tres veces al día. Además, hemos visto que el sábado semanal indica que en el transcurso del día, quizá cada quince o veinte minutos, debemos hacer una pausa y recordar al Señor descansando con El. Un año como un día terminan un periodo de tiempo. A diario debemos festejar con el Señor y descansar con El. Tanto el festejo como el descanso están destinados al disfrute del Señor.

  En Exodo 34 el Señor no le habló solamente a Moisés del festejo y del descanso. El también le encargó cinco asuntos o condiciones que el pueblo de Dios debía cumplir para disfrutarle a El. Nuestro entendimiento natural considera a cada uno de estos cinco puntos como algo insignificante. La primera condición es redimir el primogénito de un asno con un cordero (v. 20), y la última es el hecho de no hervir un cabrito en la leche de su madre (v. 26),. ¿Por qué el Señor no le habló a Moisés de honrar a los padres o del mandamiento acerca del homicidio? ¿Por qué tuvo que hablar de cosas como redimir el primogénito de un asno con el cordero y de no hervir un cabrito en la leche de su madre?, La razón es sencilla: si no cumplimos estas cinco condiciones, nuestro disfrute del Señor estará quebrado. Si deseamos mantener nuestro disfrute del Señor festejando y descansando con El, debemos prestar mucha atención a estos cinco requisitos aparentemente insignificantes.

  Si nos limitamos a estudiar Exodo 34 con nuestra mente, no podremos entender este capítulo, pero si consideramos este capítulo a la luz de nuestra experiencia espiritual, veremos que la clave es el disfrute del Señor. Este capítulo revela que debemos disfrutar al Señor todo el día festejando con El y descansando con El. Además de este disfrute, y como requisito para mantenerlo, debemos cumplir estas cinco condiciones.

  Parece que en Exodo 34, Moisés estaba preocupado por la promulgación de la ley, y no por el disfrute del Señor ni por Su impartición dentro de El. Si recibimos luz mientras leemos este capítulo, nos daremos cuenta que no debemos centrar nuestra atención en los diez mandamientos o en las ordenanzas, porque a Dios le preocupa más el hecho de que prestemos atención a las fiestas y a los sábados. Debemos centrarnos en los festejos y descansos repetidos con el Señor. Debemos festejar en El y descansar con El para disfrutarle plenamente. Entonces El se infundirá en nosotros. Por consiguiente, estaremos llenos interiormente y resplandeceremos exteriormente.

  Sin la clave, nos resultará difícil entender Exodo 34. ¿Quién puede explicar por qué Dios menciona solamente tres de las siete fiestas en este capítulo ? ¿Por qué tantos mandamientos y ordenanzas importantes están puestos a un lado, y en su lugar se mencionan cinco requisitos relacionados con la redención de un asno con un cordero , y el hecho de no ofrecer la sangre del sacrificio con el pan leudado, o el no dejar hasta la mañana nada del sacrificio de la fiesta de la Pascua, llevar a la casa de Dios las primicias de los primeros frutos de la tierra, y no cocer un cabrito en la leche de su madre? La clave del disfrute del Señor nos permite ver que estos cinco asuntos no son insignificantes. Por el contrario, son cruciales en cuanto al disfrute del Señor.

UNA REPETICION

  Ya vimos que Exodo 34 es un esquema breve y una conclusión de los treinta y tres capítulos anteriores. Toda repetición es muy importante aquí. Si no fuese así, no habría repetición. Leamos el versículo 27 “Y Jehová dijo a Moisés, escribe estas palabras, pues al tenor de ellas hago pacto contigo y con Israel (hebreo)”. La palabra hebrea traducida por “tenor” significa literalmente boca. Por tanto, en el versículo 27, El Señor dice a Moisés que conforme a la boca de estas palabras El hizo pacto con él y con Israel. Todas estas palabras son términos, condiciones del pacto que el pueblo debía guardar. ¿Por qué el versículo 27 declara “conforme a la boca de estas palabras”? El Señor probablemente quiso decir a Moisés : “estas palabras ya fueron habladas. Ahora deseo repetirlas. Las hablaré nuevamente con Mi boca”. Este capítulo contiene el hablar, lo que sale de la boca, de una palabra que ya fue pronunciada una vez. Esta repetición proporciona los términos por los cuales los hijos de Israel podrán guardar el pacto de Dios.

  Deseo hacer hincapié el hecho de que aquí no se mencionan ni los mandamientos ni las ordenanzas. Después darnos una advertencia en cuanto a la idolatría, el Señor nos habla de las fiestas, del sábado, y de las cinco condiciones para disfrutarle a El. Tres fiestas sirven para nuestro disfrute, el sábado para nuestro descanso, y las cinco condiciones para nuestra vida diaria. Si cumplimos estas condiciones, festejaremos con Dios y descansaremos con El en el pleno disfrute y para el cumplimiento de Su propósito. Además, los siguientes capítulos nos enseñan que se erigirá un tabernáculo, una morada para Dios.

DIOS SE INFUNDE

  Leamos Exodo 34:28 y 29 “Y él estuvo ahí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos. Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.” Vemos que después de escribir las palabras del pacto sobre las tablas, Dios mandó a Moisés al pie del monte. Dios deseaba que Su pueblo lo disfrutara a El, pero la intención de Moisés se limitaba en llevar los mandamientos al pueblo. Creo que Moisés estaba muy feliz al bajar el monte. El sabía que ya no habría otro becerro de oro. El versículo 29 declara que Moisés no sabía que la piel de su rostro resplandecía. Dios se había infundido en Moisés, pero Moisés no se daba cuenta de que su rostro resplandecía. Quizá su corazón estaba lleno de pensamientos acerca de los diez mandamientos escritos en las dos tablas de piedra y ni siquiera se preocupó por la impartición de Dios.

  Necesitamos la impartición de Dios, pero cuando llegamos a la Biblia, la consideramos como “tablas” y tomamos cada palabra como si fuese un mandamiento que debemos cumplir. Tal vez deseemos recibir mandamientos en lugar de recibir la impartición de Dios. Por ejemplo, durante el avivamiento matutino podemos recibir una palabra viva de la Biblia, pero esa palabra se puede convertir en mandamiento para nosotros. Quizá no nos demos cuenta de que Dios no desea darnos una palabra de mandamiento; Dios desea infundirse a Sí mismo dentro de nuestro ser. A veces podemos salir de un avivamiento matutino con un rostro resplandeciente debido a la impartición de Dios. Tal vez no nos sepamos que nuestro rostro resplandece porque nos preocupan más los mandamientos que la infusión.

EL VELO SOBRE EL ROSTRO DE MOISÉS

  Leamos el versículo 30 “Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él.” Moisés no sabía que su rostro resplandecía, pero Aarón y los hijos de Israel lo sabían, y este rostro resplandeciente les atemorizaba. Después de reunirse con ellos, Moisés también se dio cuenta de que la piel de su rostro resplandecía. Por consiguiente, “cuando acabó Moisés de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro.” (v. 33). Cuando Moisés volvió con Dios, él se quitó el velo: “cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con El, se quitaba el velo hasta que salía; y saliendo decía a los hijos de Israel lo que le era mandado. Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía a poner el velo en su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios” (vs. 34-35). Esto indica que Moisés conversaba con Dios a cara descubierta. Eso nos recuerda lo que escribe Pablo en 2.Cor. 3:18 en cuanto al hecho de contemplar al Señor a cara descubierta y reflejarlo mientras estamos transformados a Su imagen. Eso es también un asunto de resplandor, porque el resplandor es la apariencia de la imagen de Dios. Hoy en día debemos quitarnos el velo para contemplar y reflejar al Señor a cara descubierta. Entonces seremos transformados a Su imagen, y eso será nuestro resplandor.

  Hemos señalado que cuando Moisés se presentó delante de Dios, él quitó el velo, pero cuando él habló al pueblo, él se puso el velo. Vemos lo contrario con muchos cristianos hoy en día. Cuando se presentan ante el Señor se ponen el velo, pero cuando hablan con los demás, se quitan el velo.

  En 2 Co. 3:13, Pablo explica por qué Moisés ponía el velo sobre su rostro cuando hablaba con los hijos de Israel. Pablo declara que Moisés “ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que se desvanecía.” Mientras Moisés declaraba la palabra de Dios a los hijos de Israel, él tenía su rostro descubierto. Después de hablar, él se ponía el velo sobre su rostro para que no fijaran la vista en el fin de su ministerio, que se desvanecía. El no quería que ellos contemplaran el fin de la gloria de su ministerio de la ley. Ver el resplandor desvanecers equivalía a ver el fin de la ley.

  El resplandor que experimentamos ahora no está en la ley, sino en el disfrute de Cristo. En el Nuevo Testamento no tenemos la observancia de la ley, sino el disfrute de la fiesta. La enseñanza del Nuevo Testamento está centrada en el disfrute de Cristo. La ley ha sido reemplazada por el festejo en Cristo. Por consiguiente, no necesitamos un velo, y no tenemos que temer el fin de la gloria. Podemos guardar la cara descubierta delante del Señor y de los hombres.

UN LARGO TIEMPO CON DIOS

  Debemos recordar que el título de este mensaje es “la estancia de Moisés con Dios.” El rostro de Moisés resplandecía como resultado del tiempo que estuvo con Dios. Si deseamos resplandecer con la gloria del Señor, nosotros también debemos pasar una estancia prolongada con Dios. Leamos Exodo 34:28 “Y él estuvo ahí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua.” No podemos explicarnos cómo Moisés pudo durar cuarenta días con el Señor sin comer ni beber. Sin lugar a dudas, Dios permitió todo eso.

  Como lo hemos mencionado anteriormente, si deseamos permanecer con Dios, debemos olvidar todo lo demás. Cuando el Señor pidió a Moisés que subiera a la cumbre del monte para reunirse con El , El le dijo : “Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte” (v. 3). Esto indica que cuando nos reunimos con Dios, debemos olvidar nuestras posesiones, nuestras necesidades, y hasta nuestra familia. Además, no debemos centrarnos en nosotros mismos, sino mas bien permanecer sencillamente en la presencia de Dios.

  La Biblia no relata lo que Dios y Moisés hicieron durante cuarenta días. Sabemos que durante este lapso de tiempo, Dios se infundió en Moisés y lo saturó. Aparentemente Moisés se dedicó a recibir la iluminación y la impartición de Dios durante estos cuarenta días. Esto fue glorioso. Algo maravilloso se produjo durante esos cuarenta días: Dios se infundió en Moisés y lo saturó consigo mismo. Si vemos el significado de eso, recibiremos mucha ayuda en cuanto a nuestra comunión con el Señor y nuestra vida cristiana.

LA CLASE DE MENSAJE QUE NOS IMPARTE A DIOS

  Si leemos todo el capítulo treinta y cuatro, veremos que Dios se infundió en Moisés por Su hablar. Si Dios se hubiera limitado a hablar de los diez mandamientos y de las ordenanzas, no creo que Moisés hubiera recibido mucha impartición. ¿Conoce usted la clase de hablar que le imparte a Dios? Es el hablar del Señor acerca del disfrute de Si mismo, Su hablar acerca del festejo y del descanso y las condiciones para disfrutarlo a El. Esta clase de hablar nos infunde a Dios y nos hace resplandecer.

  Puedo testificar que no recibí mucha impartición por estar sentado en reuniones de estudio bíblico hace muchos años, pero cuando escuché hablar al hermano Nee de la experiencia del Señor, el Señor se infundió en mí. Muchos de nosotros podemos testificar que hemos experimentado eso. Se produjo un resplandor dentro de nosotros debido al hablar del Señor en nosotros.

  La ultima parte del versículo 29 debería ser traducido así: “Después que el Señor hubo hablado con Moisés,” y no “después que Moisés hubo hablado con Dios.” Esto indica que el resplandor del rostro de Moisés no fue el resultado de su hablar con Dios sino del hablar de Dios con él. Cuanto más hablamos, más impedimos que el Señor se infunda en nosotros, y cuanto más El nos habla acerca del disfrute de Sí, más recibimos Su impartición. Que todos nos parezcamos a Moisés, que el Señor hable. Dejémosle hablar de las fiestas, del sábado, y de las condiciones para disfrutarle a El. La palabra de Dios acerca de Su disfrute es siempre una palabra nos infunde.

  Le damos las gracias al Señor por el hecho de abrirnos el capítulo 34 de Exodo. Alabado sea el Señor porque en este capítulo, vemos el festejo y el descanso, las cinco condiciones para disfrutar al Señor, y la impartición de Dios en nosotros por Su hablar acerca del disfrute de Sí mismo.

Biblia aplicación de android
Reproducir audio
Búsqueda del alfabeto
Rellena el formulario
Rápida transición
a los libros y capítulos de la Biblia
Haga clic en los enlaces o haga clic en ellos
Los enlaces se pueden ocultar en Configuración