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Capítulos de libros «Levítico»
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  • Como figura, la mujer representa a la humanidad entera (véase la nota Gn. 3:21). Por tanto, la inmundicia en la mujer representa la inmundicia presente en la humanidad entera. Puesto que la fuente es inmunda, todo lo nacido de ella será, necesariamente, inmundo. Toda la humanidad nació en inmundicia (Sal. 51:5) y, por ello, vive en inmundicia (Ef. 2:1-3; 4:17-19). En el cap. 11 la inmundicia está fuera del hombre, pero en este capítulo, la inmundicia está dentro de él (cfr. Mt. 15:17-20; Ro. 5:19a).

  • La inmundicia causada por el nacimiento de un niño duraba siete días, pero la causada por el nacimiento de una niña se extendía por dos semanas (vs. 2, 5a), lo cual significa que el varón (que representa a los más fuertes) es completamente (como lo denotan los siete días) inmundo pese a su fortaleza, y que la mujer (que representa a los más débiles, 1 P. 3:7) es doblemente (como lo denotan las dos semanas) inmunda en su debilidad.

  • Los vs. 3 y 6 revelan cómo tomar medidas con respecto a la inmundicia presente en el nacimiento humano. En este versículo el octavo día, el comienzo de una nueva semana, se refiere a la resurrección de Cristo (Mt. 28:1; Jn. 20:1), y la circuncisión, el cercenamiento de la carne, se refiere a la eliminación del viejo hombre en la crucifixión de Cristo (Ro. 6:6; Gá. 2:20a). Que el varón fuese circuncidado al octavo día de haber nacido significa que la carne de una persona inmunda (esto es, la totalidad de la persona, Ro. 3:20) debe ser cercenada, eliminada, mediante la muerte de Cristo a fin de que la persona pueda ser introducida en la resurrección de Cristo, no sólo para ser lavada, sino también para experimentar un nuevo comienzo en la vida divina (Col. 2:11-12). Véase la nota Gn. 17:101a y la nota Gn. 17:121.

  • Después del nacimiento de un niño, la mujer debía permanecer treinta y tres días purificándose de su sangre, y después del nacimiento de una niña, sesenta y seis días (v. 5b). En el caso del nacimiento de un varón, el número total de días de purificación era cuarenta (siete más treinta y tres), y en el caso de una mujer, ochenta (catorce más sesenta y seis). En la Biblia el número cuarenta denota un período de prueba (Dt. 9:9; 1 R. 19:8). Debido a que el nacimiento de un ser humano es por completo inmundo, es necesario someterlo a prueba para purificación. La inmundicia del nacimiento de una mujer hacía necesaria una prueba doble para purificación.

  • Durante la prueba de inmundicia no se le permitía a la mujer tocar ninguna cosa santificada ni entrar en el santuario, lo cual significa que al hombre no le está permitido tocar las cosas concernientes a Dios ni entrar en Su presencia hasta que se hayan tomado medidas con respecto a su inmundicia (véase la nota Lv. 12:31 y la nota Lv. 12:61).

  • Después de completar la prueba de inmundicia se debía ofrecer un holocausto y una ofrenda por el pecado (vs. 6-8), lo cual significa que después que Cristo —mediante Su muerte y resurrección— puso fin plenamente a nuestra inmundicia por nacimiento (v. 3 y la nota), aún necesitamos que Cristo sea nuestro holocausto debido a que nuestra entrega a Dios no es absoluta y necesitamos que Él sea nuestra ofrenda por el pecado debido a nuestro pecado (He. 10:5-7), todo ello con miras a que Cristo pueda ser nuestra vida y nuestro vivir de absoluta entrega a Dios y que Él pueda hacerse cargo del pecado aún presente en nuestra carne mientras vivamos en la tierra (1 Jn. 1:7-10; 2:1-2).

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