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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 1 Corintios»
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Mensaje 67

LO TOCANTE A LA RESURRECCION

(3)

  Lectura bíblica: 1 Co. 15:29-44

  La resurrección es un hecho directamente relacionado con nuestra vida diaria como cristianos. En realidad, la vida cotidiana del creyente depende de la resurrección. Además, nuestra esperanza cristiana también depende de ella. Si no hubiera resurrección, no habría ninguna esperanza, y seríamos las personas más miserables del mundo.

  La resurrección de Cristo también se relaciona con la administración de Dios. El cumplimiento de la administración divina depende de que experimentemos la resurrección de Cristo. Si no tenemos a Cristo como vida de resurrección en nosotros, no podemos ser miembros vivientes de Su Cuerpo, el cual hace posible que se cumpla la administración de Dios para que Cristo reine y sojuzgue a todos Sus enemigos. En este mensaje, examinaremos la influencia que tiene la resurrección en la moralidad (vs. 29-34), y veremos la definición de la resurrección (vs. 35-49).

IV. LA INFLUENCIA DE LA RESURRECCION EN LA MORALIDAD

  Ya vimos que los versículos 20-28 pueden ser considerados como un paréntesis. Esto conectaría el versículo 29 con el 18, y los versículos 30-32 con el 19.

A. Si no hubiese resurrección

  En el versículo 29 Pablo escribe: “De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos? Si realmente los muertos no resucitan, ¿por qué, pues, se bautizan por ellos?” La expresión “bautizan por los muertos” significa bautizarse por personas que han muerto físicamente. Esto probablemente no era un asunto oficialmente practicado por las iglesias primitivas, sino una actividad personal de algunos creyentes, hecha a favor de las personas muertas (por quienes se preocupaban) las cuales tal vez habían creído en el Señor, pero que nunca fueron bautizadas antes de morir. Ellos hacían esto con la esperanza de que estas personas resucitarían al regreso del Señor (1 Ts. 4:16), puesto que en el bautismo se representa claramente la resurrección (Col. 2:12). El apóstol usó lo que ellos hacían para confirmar la verdad de la resurrección. Sin embargo, esto no quiere decir que aprobara que personas creyentes se bautizaran por los muertos.

  En el versículo 29, la palabra “por” en realidad significa en nombre de. Algunos creyentes tenían parientes, vecinos, o amigos que creían también en el Señor, pero que murieron sin ser bautizados. El amor que sentían por ellos los condujo a bautizarse en nombre de aquellos que habían muerto. Esto no formaba parte de las enseñanzas de los apóstoles; no obstante, la historia de la iglesia enseña que los creyentes practicaban este bautismo, aunque no se trataba de una práctica generalizada. El hecho de que un creyentes se bautizara por otro creyente que había muerto, implicaba una firme creencia en la resurrección. El bautismo alude a morir, ser sepultado y ser resucitado. Pero si no hay resurrección, y si los cristianos sólo mueren y son sepultados, ¿por qué se bautizaban algunos en nombre de personas ya muertas? El hecho de que alguien se bautizara por un difunto indicaba que se tenía una creencia, una esperanza, de que el muerto resucitaría. Pablo se refiere a esta práctica como parte de su refutación contra la herejía que negaba la resurrección. Pablo parecía decir: “Si los muertos no resucitan, entonces ¿por qué se bautizan otros por ellos, para simbolizar que resucitarán?” Esto es lo que Pablo daba a entender.

  En el versículo 30 Pablo añade: “¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora?” Si no hubiese resurrección, ¿por qué Pablo estaba dispuesto a peligrar a toda hora? ¿Por qué arriesgaba su vida cada día? Si no hubiese resurrección, él sencillamente podía disfrutar de la vida.

  En el versículo 31, Pablo declara: “Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en Cristo Jesús Señor nuestro, que cada día muero”. La palabra “muero” significa arriesgar su propia vida, estar expuesto a morir, enfrentarse a la muerte, y morir al yo (2 Co. 11:23; 4:11; 1:8-9; Ro. 8:36).

  Los creyentes corintios eran el fruto de la labor del apóstol, una labor en la que él arriesgó su vida. En ellos, el apóstol pudo gloriarse de tal labor. Gloriándose así, les declaró que moría cada día; es decir, que cada día corría el riesgo de morir, que se enfrentaba con la muerte y moría. La gloria que tenía el apóstol en los corintios, quienes representaban el fruto de que él arriesgara su vida, era en Cristo, y no en sí mismo, pues no laboraba por sí mismo sino por Cristo.

  Pablo era como un soldado que arriesga su vida en el campo de batalla. El luchaba por el reino de Dios, y cada día moría por el bien de los corintios. Cuando fue a predicarles el evangelio, él arriesgó su vida. Mientras estaba en Corinto, él moría cada día. A Pablo no le resultó fácil ir a Corinto, el cual estaba ubicado en el mundo gentil. Ese mundo se oponía a todo lo que era judío y a todo lo que era cristiano. No obstante, Pablo arriesgaba su vida cada día para predicarles el evangelio, y a causa de que estaba dispuesto a morir cada día, muchos corintios fueron salvos.

  En el versículo 32 Pablo usa un ejemplo: “Si como hombre batallé en Efeso contra fieras, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos”. La palabra “fieras” se usa en figura retórica, y denota a personas o asuntos malignos. En aquellos días los hombres luchaban contra personas o asuntos malignos para recibir una recompensa temporal. Pero el apóstol no peleaba así cuando luchaba por la causa del evangelio contra personas y asuntos malignos. Más bien, luchaba motivado por una esperanza más elevada, a fin de recibir una recompensa en la resurrección venidera (Lc. 14:14; 2 Ti. 4:8).

  Hechos 19 muestra que Pablo luchaba contra “fieras”, ya que tanto judíos como gentiles se oponían a él con vehemencia en Efeso. Así que, tenía que luchar contra personas y asuntos malignos. Pero si no había resurrección, ¿qué provecho tendría Pablo de luchar de esta manera? Como dice él: “Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos”. Este parece ser un dicho que se usaba en aquellos días, una máxima de los epicúreos. Si no hay resurrección, nosotros los creyentes no tenemos esperanza para el futuro, y hemos llegado a ser los más dignos de conmiseración de todos los hombres (v. 19). De ser así, más nos vale disfrutar de nuestra vida ahora y olvidarnos del futuro, como lo hacían los epicúreos.

B. Pablo nos exhorta a no engañarnos

  Leamos el versículo 33: “No os engañéis; las malas compañías corrompen las buenas costumbres”. Esta también parece ser la cita de un dicho de aquellos días, algún pasaje de un poema griego. Con esta palabra, el apóstol amonestó a los creyentes corintios a no ser compañeros de los herejes que decían que no había resurrección. Esa mala compañía corrompería su fe y sus virtudes cristianas.

  En el versículo 33 Pablo exhorta a los corintios a no prestar atención a la herejía engañosa e insensata que niega la resurrección. Tal herejía podía engañar a los que la escucharan. Además, si ellos se relacionaban con los herejes, esta relación corrompería su moralidad. Este mismo principio se aplica a nosotros hoy en la vida de iglesia.

  Entre aquellos que se fueron del recobro del Señor y que ahora lo critican, es posible que haya aún algunos que intenten influir a los que han permanecido en la vida de iglesia. Si usted recibe sus ideas y se relaciona con ellos, esta relación corromperá su vida de iglesia. Las buenas costumbres de las que habla el versículo 33 incluyen: amar al Señor, vivir con la esperanza en el futuro, arriesgar nuestra vida por el evangelio y la práctica de la vida apropiada de iglesia. De hecho, las buenas costumbres incluyen todas las buenas cosas que abarca la primera epístola a los corintios en conjunto.

  En el versículo 34 Pablo continúa su exhortación: “Volved a la sobriedad, como es justo, y no pequéis; porque algunos de vosotros no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo”. La expresión “volved a la sobriedad” quiere decir despertar, como es justo, del aturdimiento de la embriaguez, y dejar de embriagarse. La frase “como es justo” se refiere a estar en una relación correcta con Dios y con el hombre. Decir que no hay resurrección ofende a Dios y al hombre. Esto es cometer pecado, y por ende, ser injusto. Por eso, el apóstol aconsejó a los corintios desviados que despertaran de este pecado y volvieran a la sobriedad, a fin de que restauraran su relación con Dios y con el hombre. Ellos estaban ebrios injustamente, permaneciendo en el estupor de la herejía que negaba la resurrección, y debían sacudirse de tal adormecimiento.

  Ser un hereje que afirma que no hay resurrección es no conocer a Dios, e ignorar el poder de Dios y Su economía (Mt. 22:29-32). Esto es una vergüenza para los creyentes.

  Como creyentes que somos debemos despertar a la sobriedad. No debemos ser como los epicúreos, quienes sólo buscaban disfrutar de la vida, sin preocuparse por el futuro. Debemos salir del aturdimiento, como es justo. El que niega la resurrección no está bien ni con Dios ni con el hombre; así como no lo están los que se oponen a la vida de iglesia.

  En una ocasión, recibí una carta de un hermano que reconocía haber recibido ayuda de mi parte para conocer a Cristo y experimentarlo. El estaba agradecido por esta ayuda, y también por la que recibió en cuanto al conocimiento de la iglesia. Sin embargo, él añadió que mi enseñanza acerca de la vida de iglesia, en particular referente a la base de unidad de la iglesia, era algo de la carne. Es injusto decir que enseñar a los creyentes a experimentar la vida de iglesia es algo carnal. Afirmar esto es estar mal con Dios y con el hombre. Aquel que asevera esto o que esté de acuerdo con ello, debe despertarse del estupor que le embriaga.

  Hoy existen muchas enseñanzas heréticas. Algunas contienen un porcentaje ínfimo de herejía, mientras que otras, un porcentaje mayor. ¿Sabe usted por qué estamos dispuestos a aceptar ciertas herejía? Se debe a que tenemos la tendencia, la inclinación hacia esa herejía, porque concuerda con lo que nos gusta. Luego, al recibir una enseñanza herética que corresponde con la persona, ésta se vuelve adicta.

  Al conocer la situación que prevalecía entre los corintios, Pablo les exhortó a que rechazaran la herejía que negaba la resurrección. El sabía que esto los conduciría a una relación maligna que corrompe la moralidad de los creyentes en la vida de iglesia. Así vemos que la resurrección indudablemente tiene una influencia positiva en nuestra moralidad. Pero negar la resurrección corromperá la moralidad y nos llevará a naufragar.

V. LA DEFINICION DE LA RESURRECCION

  El mundo natural nos ofrece muchos ejemplos de la resurrección. En 1936 visité una de las universidades más prominentes de China. Un estudiante me habló de lo difícil que le era creer en la resurrección, debido a su conocimiento científico moderno. Para él, la resurrección iba en contra de las verdades científicas. En las afueras del salón donde estábamos reunidos, había un trigal. Le pedí que mirara hacia el trigo que crecía en el campo, y le dije que el trigo era producto de algunos granos que se sembraban en la tierra. Le comenté que en cierto sentido, estos granos habían muerto, y que ahora aparecían en resurrección como trigo. Por medio de este ejemplo de muerte y resurrección, este joven fue salvo. Ahora él es uno de los principales colaboradores en Taiwán. Cuando usé el ejemplo del trigo, yo no estaba recurriendo a mi propia sabiduría. Sencillamente seguí el ejemplo que Pablo estableció en 1 Corintios 15.

A. El Cuerpo de resurrección

  Leamos los versículos 35-36: “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere”. Los griegos filosóficos pensaban que eran inteligentes, pero Pablo les llamó necios, indicando con ello que las preguntas que le hacían demostraban su necedad. En su respuesta, Pablo les habla de la vida vegetal. La realidad de la resurrección está contenida y escondida en la naturaleza, especialmente en la vida vegetal. Una semilla se siembre en la tierra, muere y después es vivificada. Esto es resurrección. Esto respondió a la necia pregunta que hicieron los corintios: “¿Cómo resucitarán los muertos?” (v. 35).

  En el versículo 37 Pablo añade: “Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea el trigo o de algún otro grano”. Lo que se siembra no es una gavilla de trigo, sino una semilla, un grano desnudo. Luego, la semilla crece y se transforma en “el cuerpo que ha de salir”. Es posible que se nos dificulte distinguir ciertas semillas. Pero una vez que éstas son sembradas y crecen, se manifiesta finalmente las diferencias. La forma y el color de las plantas serán diferentes.

  Pablo continua este ejemplo en el versículo 38: “Pero Dios le da el cuerpo como El quiso, y a cada semilla su propio cuerpo”. Pablo aplica la palabra “cuerpo” para referirse no al cuerpo sembrado para morir (v. 37), sino al cuerpo resucitado dado por Dios, que tiene otra forma y está en un nivel más elevado. Esto contestó la pregunta necia de los corintios: “¿Con qué cuerpo vendrán?” (v. 35).

  Leamos el versículo 39: “No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de las aves, y otra la de los peces”. En los versículos 39-41 el apóstol les demostró a los corintios necios que Dios puede dar un cuerpo a todos los seres resucitados, tal como dio un cuerpo a todas las cosas creadas: a los hombres y a los animales de la tierra, a las aves del aire, y a los peces del agua, los cuales son cuerpos terrenales y tienen glorias diferentes; y al sol, a la luna y a las estrellas, los cuales son cuerpos celestiales y tienen diferentes grados de gloria.

  En el versículo 44 Pablo declara: “Se siembra cuerpo anímico, resucitará cuerpo espiritual. Puesto que hay cuerpo anímico, hay cuerpo espiritual”. Un cuerpo anímico es un cuerpo natural animado por el alma, un cuerpo en el cual predomina el alma. Un cuerpo espiritual es un cuerpo resucitado impregnado por el espíritu, un cuerpo en el cual el espíritu predomina. Cuando muramos, nuestro cuerpo natural, siendo del alma, será sembrado, es decir, sepultado, en corrupción, en deshonra y en debilidad. Pero cuando sea resucitado, llegará a ser un cuerpo espiritual en incorrupción, en gloria y en poder (vs. 42-43).

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