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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 1 Tesalonicenses»
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Mensaje 16

LA ESPERANZA DE LA VIDA CRISTIANA

  Lectura bíblica: 1 Ts. 4:13-18

  En 1 Tesalonicenses 4:13-18 Pablo nos da una palabra elemental acerca de la venida del Señor y del arrebatamiento de los creyentes. Aquí, como se trata de una palabra de consolación, sólo se menciona el arrebatamiento de los creyentes a la venida del Señor de una manera general. Los detalles en cuanto a este tema se revelan en otros libros del Nuevo Testamento, tales como Mateo y Apocalipsis.

  Lo que Pablo describe en 4:13-18 es la esperanza común de todos los creyentes. Ésta es la esperanza de la vida santa para la vida de iglesia. Esta clase de vida no es ni pecaminosa ni mundana; antes bien, es pura y santa. Además, la vida santa para la vida de iglesia tiene una esperanza.

  Debido a la caída del hombre, no hay esperanza para el linaje humano caído. La única esperanza que tienen los incrédulos es la muerte. La muerte es su destino. Día tras día viven teniendo presente la muerte, y van camino a la muerte. Por lo tanto, la muerte es el futuro de ellos.

  En Efesios 2:12 Pablo describe la situación de desesperanza que viven los incrédulos: “Estabais separados de Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo”. Los incrédulos no tienen esperanza porque no tienen a Dios. Puesto que están separados de Cristo y viven sin Dios, no tienen esperanza alguna. Lo único que les espera es la muerte. Todos están conscientes de ello y lo dan por sentado. Es por eso que a los incrédulos no les gusta pensar en el futuro. De hecho, el futuro de ellos no es nada positivo. Con respecto a su futuro, sólo se vislumbra la oscuridad de la muerte.

  Nosotros, como personas que creen en Cristo, tenemos una vida llena de esperanza. Nuestra esperanza es la venida del Señor. Aun más, nuestra esperanza incluye la resurrección y el arrebatamiento. La resurrección no es sólo algo relacionado con la vida; es la vida que vence la muerte. Cuando la vida vence la muerte, eso es resurrección. Además, el arrebatamiento es una experiencia que nos lleva aun más lejos que la resurrección. De hecho, es posible que una persona sea resucitada y no sea arrebatada.

LA RESURRECCIÓN Y EL ARREBATAMIENTO

  La vida santa para la vida de iglesia es una vida que tiene futuro, una vida que tiene esperanza. Esta esperanza no es meramente la venida del Señor; es la venida del Señor junto con la resurrección y el arrebatamiento. El regreso del Señor Jesús propiciará la resurrección y el arrebatamiento. Como acabamos de mencionar, la resurrección y el arrebatamiento son asuntos adicionales a la vida divina. Hoy poseemos la vida divina; tenemos esta vida, estamos en dicha vida y disfrutamos de ella. Sin embargo, esperamos la venida del Señor, la cual nos traerá la resurrección y el arrebatamiento.

  La resurrección, por supuesto, es para aquellos que han muerto. Hoy llevamos una vida santa por causa de la iglesia; pero si el Señor se tarda en regresar, un día todos “dormiremos”, es decir, moriremos físicamente. Todos los creyentes que han muerto, esperan la resurrección. Si vivimos hasta el regreso del Señor Jesús, por supuesto, no necesitaremos resucitar, pero sí necesitaremos ser arrebatados. Además, los que hayan muerto necesitarán ser resucitados y también arrebatados. Todos los creyentes, tanto muertos como vivos, necesitarán ser arrebatados. Por consiguiente, el arrebatamiento marca el final de nuestra vida en la tierra. Esto significa que la experiencia con la que concluye nuestra vida no es la muerte ni la resurrección, sino el arrebatamiento.

  En las Escrituras no se encuentra la palabra “arrebatamiento”, pero sí el concepto del arrebatamiento. La palabra “arrebatar”, según ha sido usada por los maestros cristianos, significa ser tomado, como en el caso de Enoc y Elías (Gn. 5:24; 2 R. 2:1, 11). Mateo 24:40-41, Lucas 17:34-36, 21:36, 1 Tesalonicenses 4:17, Apocalipsis 3:10, 7:9, 11:12, 12:5, 14:1 y 16, y 15:2 son pasajes que se refieren al arrebatamiento, es decir, al hecho de que los creyentes sean tomados a los cielos.

  El arrebatamiento es un tema muy importante en el Nuevo Testamento. En 4:13-18 Pablo habla al respecto pero sólo de manera general o elemental. Él nos dice que los creyentes que estén vivos, juntamente con los que hayan muerto y hayan sido resucitados, serán tomados y se reunirán con el Señor en el aire. En estos versículos, Pablo no profundiza ni da explicación de los detalles. Lo que él dice aquí puede compararse con los principios básicos de matemáticas que un maestro de primaria enseña a sus estudiantes. Sin embargo, el arrebatamiento no es un asunto sencillo. De hecho, ha sido objeto de mucho debate entre los maestros de la Biblia.

  La intención de Pablo era dar a los nuevos creyentes un concepto básico de la esperanza de nuestra vida cristiana. Él deseaba recalcarles que la vida cristiana, que es una vida santa para la vida de iglesia, tiene una esperanza. Por lo tanto, esta vida es absolutamente diferente a la vida de desesperanza que lleva el linaje humano caído. La esperanza de la vida cristiana es el regreso del Señor, y esta esperanza incluye la resurrección y el arrebatamiento.

  En el versículo 13 Pablo dice: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza”. Las palabras “los que duermen” se refieren a los que han muerto (v. 16; Jn. 11:11-14; 1 Co. 11:30). Tanto el Señor como el apóstol consideraban que la muerte de los creyentes era dormir. Probablemente cuando Pablo escribió esta epístola, algunos de los creyentes de Tesalónica ya habían muerto. De lo contrario, no habría habido razón alguna para que Pablo hubiese escrito al respecto.

  En el versículo 14 Pablo añade: “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron por medio de El”. Creer en la esperanza descrita aquí incluye el creer en la resurrección del Señor. Cualquiera que no crea en la resurrección de Cristo, tampoco creerá en esta esperanza. Pero si creemos en esta esperanza, esto indica que ya hemos creído en la resurrección de Cristo.

  Es posible que algunos, refiriéndose al versículo 14, digan: “Cuando los santos mueren, van al cielo, y cuando el Señor Jesús regrese, Él los traerá consigo del cielo”. Interpretar este versículo así es pasar por alto la primera parte del versículo, donde dice que Jesús murió y resucitó. Esto, por supuesto, se refiere a Su resurrección. Si los santos que han muerto estuvieran en el cielo y el Señor los trajera consigo del cielo a Su regreso, entonces los santos que han muerto no necesitarían resucitar.

  Los versículos 15 y 16 les ayudarán a entender lo que quiero decir: “Por lo cual os decimos esto en virtud de la palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con exclamación de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”. Quisiera pedirles que presten mucha atención a la palabra “resucitarán” del versículo 16. Si los muertos ya estuvieran en el cielo, ¿qué necesidad habría de que resucitaran? Si realmente estuvieran en el cielo, no necesitarían resucitar. Además, tampoco necesitarían ser arrebatados o llevados al Señor. Sólo necesitarían descender del cielo con el Señor Jesús. El hecho de que el versículo 16 diga que los muertos en Cristo resucitarán indica que ellos deben de estar en algún otro lugar que no es el cielo.

  En el versículo 15, la palabra griega traducida “venida” es parousía, que significa presencia. En el versículo 16, las palabras griegas traducidas “exclamación de mando” pueden también traducirse “grito de mando”, como señal para congregarse. La trompeta de Dios es la trompeta final (1 Co. 15:52), una trompeta para congregar a los redimidos de Dios (véase Nm. 10:2).

  En el versículo 17 Pablo dice: “Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. Según este versículo, tanto los creyentes que hayan muerto como los que estén vivos serán llevados al Señor. Primero, los muertos resucitarán, y luego, todos juntos, seremos arrebatados al encuentro del Señor en el aire.

  En Apocalipsis 12 el hijo varón, es decir, los vencedores, será llevado, arrebatado, al trono de Dios en el tercer cielo antes de la gran tribulación, los últimos tres años y medio de la era actual (Ap. 12:5-6, 14). En este versículo vemos que la mayoría de los creyentes serán arrebatados al aire cuando el Señor venga.

LOS SANTOS QUE HAN MUERTO ESTÁN EN EL PARAÍSO

  Algunos de entre nosotros todavía creen que los santos que han muerto se han ido al cielo y que ahora están allí con el Señor Jesús. Si Pablo se hubiese detenido en el versículo 14, tal vez habría dado lugar a este concepto. Pero en el versículo 16 Pablo dice que cuando el Señor Jesús venga, los santos que hayan muerto se levantarán. ¿De dónde se levantarán? ¿Del cielo? Si ya estuvieran en el cielo, ¿qué necesidad habría de que se levantaran? Y ¿a qué lugar se levantarían, si es que ya estuvieran en el tercer cielo con el Señor?

  Muchos cristianos han sido engañados con enseñanzas religiosas azucaradas. Conforme a una de estas enseñanzas se dice: “Oh, no llore por su madre que ha muerto, pues ella creyó en el Señor Jesús, y ahora está en el cielo con Él. Ella está ahora en una mansión celestial, en un hogar mucho mejor que el suyo. ¿Por qué razón habría de llorar? Un día usted se reunirá con ella en el cielo”. Esta clase de enseñanza está llena de levadura y es muy engañosa. Yo he estudiado la Biblia por más de cincuenta años, y no he encontrado ni siquiera un versículo que enseñe semejante cosa. Ésta es una superstición que proviene del paganismo o del budismo, y que más tarde fue adoptada por el catolicismo.

  Según la Biblia, los creyentes que han muerto están en el Paraíso (Lc. 23:43), la sección placentera del Hades (Lc. 16:22, 25-26). En el Hades hay dos secciones: una sección placentera y otra de tormento. La sección de sufrimiento es diferente del lago de fuego. La sección desagradable del Hades puede compararse a una prisión preventiva, en contraste con una cárcel o reclusorio permanente. Una prisión preventiva es el lugar donde están temporalmente los acusados durante la tramitación del proceso judicial. Pero después de que el acusado ha sido procesado y juzgado y hallado culpable, se le saca de esta prisión y se le recluye en una cárcel permanentemente. Los pecadores que ahora se encuentran en la sección de tormento del Hades, están esperando el juicio final, el cual ocurrirá en el trono blanco de Dios. Después de este juicio, los pecadores serán echados al lago de fuego, la cárcel eterna.

  Los santos que han muerto están en el Paraíso, y cuando el Señor Jesús venga, se levantarán. No se irán directamente al cielo, sino que más bien, se levantarán y serán arrebatados juntamente con los santos que todavía estén vivos. Es por eso que el versículo 16 dice que los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego, según el versículo 17, los que estén vivos, serán arrebatados juntamente con ellos al encuentro del Señor. Esto significa que todos los creyentes, tanto muertos como vivos, serán arrebatados al aire. Esta enseñanza no es azucarada ni contiene levadura alguna. Al contrario, concuerda con la Palabra pura de Dios.

  Según la Palabra de Dios, cuando el Señor Jesús descienda del cielo, los santos que hayan muerto se levantarán. Su espíritu y su alma se levantarán del Paraíso, su cuerpo se levantará de la tumba, y luego, al unirse su espíritu y su alma con su cuerpo, ellos serán personas completas. Entonces se unirán a los creyentes que estén vivos, y todos juntos seremos arrebatados a la presencia del Señor.

EL ARREBATAMIENTO DE LOS QUE ESTÉN VIVOS

  En el versículo 15 Pablo dice: “Nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor”. En el versículo 17, él también dice: “Nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado”. ¿Por qué Pablo agrega en el versículo 15 la cláusula “que habremos quedado hasta la venida del Señor”, y en el versículo 17, la cláusula “que hayamos quedado”? Si consideran este asunto detenidamente, descubrirán que esto indica, o por lo menos nos da a entender, que ya algunos fueron arrebatados, es decir, que entre los vivos ya unos se han ido mientras que otros todavía quedan. Éstos que ya han sido arrebatados, son los vencedores.

  Hay una diferencia entre el arrebatamiento de los vencedores y el arrebatamiento de aquellos creyentes que estén vivos y hayan quedado hasta la venida del Señor. El arrebatamiento de los vencedores ocurrirá antes de los últimos tres años y medio de esta era, período conocido como la gran tribulación. En otras palabras, los vencedores serán arrebatados antes de la tribulación (Ap. 3:10). No obstante, aquellos que estén vivos y hayan quedado, serán arrebatados al final de la tribulación, es decir, a la final trompeta (1 Co. 15:52). Éste es el arrebatamiento mencionado en 1 Tesalonicenses 4. En cuanto al tiempo en que ocurren, estos dos arrebatamientos son diferentes: uno ocurre antes de la gran tribulación, y el otro, al final de la misma. Además, hay una diferencia respecto al lugar adonde se es arrebatado. Según Apocalipsis 12, los vencedores son arrebatados al trono de Dios en el tercer cielo, mientras que según 1 Tesalonicenses 4, los que estén vivos y hayan quedado serán arrebatados a las nubes en el aire.

LA PARUSÍA

  Hemos dicho antes que la palabra griega traducida “venida” en el versículo 15 es parousía, la misma que se usa en Mateo 24:3. La venida de Cristo será Su presencia con Sus creyentes. Esta parusía comenzará cuando los vencedores sean arrebatados al trono, continuará con la venida del Señor al aire (Ap. 10:1) y concluirá con Su venida a la tierra. Durante el periodo de Su parusía, tendrán lugar el arrebatamiento de la mayoría de los creyentes a los aires (1 Ts. 4:15-17), el tribunal de Cristo (2 Co. 5:10) y las bodas del Cordero (Ap. 19:7-9).

  La palabra “parusía” denota la presencia del Señor, y no Su venida. Por supuesto, Su presencia implica Su venida. Si yo me encuentro lejos de mi familia y luego vuelvo a estar presente con ellos, mi presencia implica mi venida. De hecho, mi presencia equivale a mi venida. Es por eso que la palabra parousía puede ser traducida venida. Resultaría un poco raro traducirla literalmente presencia. Sin embargo, aunque esta traducción suene rara, sería correcto decir “hasta la presencia del Señor”.

  Según el Nuevo Testamento, la parusía del Señor, Su presencia, durará cierto tiempo. Tal vez empiece inmediatamente antes del comienzo de la gran tribulación. La venida del Señor (la parusía) probablemente empezará cerca del comienzo de la gran tribulación. Actualmente, el Señor está en el tercer cielo. Luego, una vez que empiece la gran tribulación en la tierra, el Señor dejará el trono en el cielo y descenderá del trono al aire, oculto en una nube. Apocalipsis 10:1 dice que Juan vio “descender del cielo a otro Ángel fuerte, vestido de una nube”. Este Ángel fuerte es Cristo, quien desciende secretamente del tercer cielo al aire. El Señor probablemente se quedará en el aire oculto en la nube por algún tiempo, quizás más de tres años. Ésta es la razón por la cual decimos que la parusía del Señor durará cierto tiempo.

  Mientras el Señor está en los aires, realizará varias cosas. Arrebatará a los creyentes que hayan resucitado y a los que estén vivos. Juzgará en Su tribunal a todos los que fueron salvos. Luego decidirá quién estará con Él en el reino milenario, y quién no. Este juicio, por supuesto, ocurrirá después del arrebatamiento mencionado en 1 Tesalonicenses 4. Este esquema debe darnos una idea general de la venida del Señor conforme a la Palabra pura. Este esquema no es conforme a enseñanzas extrañas o tradicionales.

  Como cristianos que somos, debemos llevar una vida santa para la vida de iglesia. Esta vida tiene una esperanza, la esperanza de que el Señor a quien hoy servimos, regresará. Cuando regrese, los santos que hayan muerto resucitarán del Paraíso y de la tumba, para ser arrebatados juntamente con aquellos que aún estén vivos y hayan quedado.

UNA PALABRA ELEMENTAL

  Esta palabra acerca de nuestra esperanza fue escrita para dar consuelo y aliento a los creyentes, por la muerte de sus familiares. Describe de manera elemental la venida del Señor y nuestro arrebatamiento. No obstante, si queremos conocer los detalles de este asunto, debemos estudiar Mateo 24 y 25, todo el libro de Apocalipsis, 1 Corintios 15 y otros pasajes de la Palabra, incluyendo 2 Tesalonicenses. Una vez que hayamos estudiado todos estos pasajes de las Escrituras, veremos que los asuntos relativos a la venida del Señor y nuestro arrebatamiento no son tan sencillos como los presentan muchos hoy en día. Estos detalles incluyen el arrebatamiento de los santos vencedores, el juicio ante el tribunal de Cristo, la recompensa en el reino y la disciplina que se administrará durante la era del reino. Todos estos asuntos tienen que ver con la venida del Señor y nuestro arrebatamiento.

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