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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 2 Corintios»
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LA MEZCLA DE LA DIVINIDAD CON LA HUMANIDAD

  Lectura bíblica: 2 Co. 3:18; 4:7-15

LOS PASOS PRINCIPALES EN LA PLENA SALVACIÓN QUE DIOS EFECTÚA

  En la plena salvación que Dios efectúa hay varios pasos principales, los cuales incluyen la redención, la regeneración, la transformación y la glorificación. Nosotros, como criaturas de Dios, fuimos creados por Él para cumplir Su propósito. Sin embargo, llegamos a ser personas caídas. Ser una persona caída equivale a estar perdido. Nos perdimos a causa de haber caído en el pecado. Sin embargo, Dios se hizo hombre en la persona del Hijo con el fin de ser nuestro Redentor. Como tal, Cristo murió en la cruz por nuestros pecados. Aunque estábamos caídos y perdidos, Dios vino como hombre para efectuar la redención y traernos de nuevo a Él.

  La redención, no obstante, es simplemente la etapa inicial de la plena salvación que Dios efectúa. Cuando creímos en el Señor Jesús, fuimos redimidos para Dios, y al mismo tiempo, el Espíritu de Dios, con la redención de Cristo como base, entró en nuestro ser. Específicamente, el Espíritu entró en nuestro espíritu para regenerarnos, para impartir la vida de Dios a nuestro espíritu, el cual estaba muerto, y así vivificar nuestro espíritu. De esta manera, fuimos regenerados por Dios. Ser regenerado no es lo mismo que nacer de nuestros padres y recibir la vida física; es nacer de Dios para recibir la vida espiritual. Esto significa que el propio Dios quien es vida entró a nuestro espíritu para ser nuestra vida, nuestra naturaleza y nuestra persona.

  En nuestra experiencia, la redención y la regeneración ocurren al mismo tiempo. Fuimos redimidos, y nuestros pecados fueron perdonados. Como resultado, fuimos justificados por Dios y reconciliados con Él. Ahora que Cristo nos ha redimido para con Dios, ya no existe ningún problema entre Dios y nosotros. Al mismo tiempo que fuimos redimidos, fuimos regenerados, nacimos de nuevo, nacimos de Dios. Por medio de la regeneración, hemos llegado a ser hijos de Dios.

LA TRANSFORMACIÓN, LA CONSTITUCIÓN, LA REORGANIZACIÓN

  La regeneración, al igual que la redención, es simplemente el comienzo, la etapa inicial, de la obra salvadora de Dios. Así como el nacimiento es el comienzo de la vida humana, la regeneración es el comienzo de la vida espiritual. Después de la regeneración, necesitamos la transformación.

  Si queremos entender el significado de la transformación, debemos usar términos tales como constitución y reorganización. La palabra constitución, usada con relación a la transformación, significa que se añade un elemento nuevo a nuestro ser y se forja en nosotros. Por supuesto, el elemento que se añade a nosotros es el elemento divino. Antes de ser regenerados, no poseíamos el elemento divino. Todos nosotros, fuéramos buenos o malos, poseíamos únicamente el elemento humano. Los que están caídos y los redimidos son iguales en que ambos tienen el elemento humano.

  Nosotros nos parecemos a un vaso de agua. Sea que el vaso esté limpio o sucio, no contiene más que pura agua. No tiene otros contenidos, otros elementos. Por lo tanto, lo que está en el vaso no tiene el sabor ni el color de nada que no sea el agua. Sin embargo, si se añade té al vaso de agua, se agrega otro elemento al agua. Entonces, dos sustancias, el agua y el té, el té y el agua, se mezclan. A esta mezcla nos referimos cuando usamos el término “constitución”. El agua penetra en el té, y el té, en el agua.

  Usando el ejemplo del agua y del té, queremos hacer notar que es imposible que el agua se convierta en té si el elemento del té no se añade al agua. Hay una sola forma en que el agua se convierte en té, la cual es poner el té en el agua. Cuando el elemento del té se añade al agua, este elemento efectuará un cambio en el agua, y el resultado será el té. Una vez que el agua se convierte en té, tiene dos elementos: el té y el agua. Cualquiera que beba de ese té, recibirá estos dos elementos. Ingiere una clase de bebida, pero recibe dos clases de elementos. Disfruta del agua para satisfacer su sed, y del té para que le dé cierto sabor.

NO SE PRODUCE UNA TERCERA SUSTANCIA

  Debemos entender claramente, sin embargo, que la mezcla del té con el agua no produce una tercera sustancia, una sustancia que no es ni té ni agua. Decir que el elemento del té se mezcla con el agua no significa que las dos sustancias originales, el té y el agua, quedan anuladas y dejan de existir. Por el contrario, el agua sigue siendo agua, y el té sigue siendo té. La diferencia es que una vez que el té y el agua se mezclan, dejan de estar separados. Se pueden distinguir, mas no están separados, porque se han mezclado y han llegado a ser una sola entidad, una sola bebida. En el mismo principio, cuando lo divino se mezcla con lo humano, tanto la divinidad como la humanidad siguen existiendo. No sería verdad afirmar que esta mezcla produce una tercera sustancia, algo que no es ni divino ni humano.

EL COMIENZO DE LA MEZCLA

  Cuando fuimos regenerados, el té divino fue añadido a nosotros. Antes de que esto sucediera, sea que nuestra conducta fuera buena o mala, teníamos únicamente el elemento humano. Tanto un asaltante de bancos como una persona altamente ética son iguales en que ninguno de los dos posee el elemento divino, mientras no sean regenerados. Alabamos al Señor porque en el momento en que fuimos regenerados, Dios entró en nuestro ser. En ese momento, la Persona divina, juntamente con la vida divina, la naturaleza divina y el Ser divino, se añadieron a nosotros. ¡Qué diferencia tan tremenda hace esto! Ahora, como personas salvas y regeneradas, poseemos dos elementos: el elemento humano y el elemento divino. Además, tenemos la vida divina así como la vida humana, y la naturaleza divina así como la naturaleza humana. El elemento de la divinidad se ha añadido al elemento de nuestra humanidad.

  La adición del elemento divino a nuestro ser en el momento de la regeneración marca el comienzo de la mezcla de lo divino con lo humano dentro de nosotros. La regeneración, por tanto, es simplemente el comienzo de la mezcla. Cuando se añade té al agua, tanto el té como el agua operan para producir una sola entidad, una sola bebida. Podemos decir que el té y el agua cooperan para producir esta bebida. Según el mismo principio, una vez que Dios se ha añadido a nuestro ser, Él empieza a obrar en nosotros. Ahora nosotros debemos cooperar con la obra de Dios, con Su operación.

  Desde el momento en que fuimos regenerados, ha estado ocurriendo en nosotros un proceso de constitución y de transformación. Este proceso supone también una reorganización. Cuando nosotros los seres humanos nacimos, fuimos organizados de cierta manera. Pero ahora que ha entrado a nuestro ser un nuevo elemento, el elemento divino, nosotros necesitamos ser organizados de otra manera. Por tanto, necesitamos la constitución, la transformación y la reorganización.

  En los primeros siglos de la historia de la iglesia, ciertos maestros de la Biblia, maestros de antaño, vieron el asunto de la mezcla, lo experimentaron y lo enseñaron. No obstante, algunos maestros se fueron a un extremo y afirmaron que en la mezcla de la divinidad con la humanidad en el caso de Cristo, las dos naturalezas originales produjeron una tercera naturaleza. Esto es una herejía que fue condenada por el concilio de Calcedonia. Después de eso, a los maestros cristianos les dio miedo hablar de la mezcla de lo divino con lo humano. Sin embargo, nos hemos enterado de que a través de los siglos algunas personas siguieron enseñando correctamente acerca de la mezcla de la divinidad con la humanidad. Recientemente leí dos libros de autores católicos que hablan correctamente de esta mezcla.

LA TIPOLOGÍA DE LA MEZCLA

  La ofrenda de harina, compuesta de flor de harina mezclada con aceite, tipifica la mezcla de la divinidad y la humanidad. En algunos casos, se derramaba el aceite sobre la flor de harina; en otros casos, se mezclaba con ella. En el caso en que el aceite se mezclaba con la harina para hacer una torta que se usaba en la ofrenda de harina, se mezclaban dos sustancias, la harina y el aceite. El aceite no se añadía simplemente a la harina; se mezclaba con él. Pero en esta mezcla, ninguno de sus elementos cesaba de existir. El aceite seguía siendo aceite, y la flor de harina seguía siendo harina. No obstante, mediante el proceso de mezclar la harina y el aceite, los dos elementos llegaban a ser una sola entidad. Pero ni el aceite ni la harina perdían su naturaleza particular a causa de la mezcla. Además, la mezcla del aceite con la harina no produjo una tercera naturaleza, una sustancia que no era ni harina ni aceite. El producto de la mezcla era una torta con dos naturalezas, dos elementos, dos sustancias.

  La ofrenda de harina tipifica a Cristo. La humanidad de Cristo es tipificada por la flor de harina, y Su divinidad es tipificada por el aceite. La mezcla del aceite con la harina fina indica que en Cristo, la divinidad no sólo se añadió a la humanidad, sino que se mezcló con ella. Así como se mezclaba el aceite con la harina, en Cristo la divinidad se mezcló con la humanidad. Por tanto, Cristo tiene dos naturalezas, la divinidad y la humanidad, mezcladas en Su única persona. Durante Su vida en la tierra, era obvio que Él era un hombre genuino, pero muchas veces era manifiesto que Él verdaderamente era Dios. En el caso de la torta que se usaba en la ofrenda de harina, se podía gustar tanto el aceite como la harina. Asimismo, en el caso de Cristo, la humanidad y la divinidad son manifiestas.

LA CABEZA Y EL CUERPO

  Cristo hoy es la Cabeza del Cuerpo, y nosotros, Sus seguidores, somos Sus miembros. Él, como Cabeza, tiene dos naturalezas, y nosotros, como Sus miembros, también tenemos estas dos naturalezas. Cristo, la Cabeza, tiene divinidad y humanidad, y nosotros, Sus miembros, tenemos también humanidad y divinidad. Consideren su cuerpo físico: la cabeza y los miembros del cuerpo son de la misma sustancia. No es posible que la cabeza sea de una sustancia, y los miembros del cuerpo sean de una sustancia diferente. No, todo el cuerpo es de la misma sustancia, del mismo elemento. Todo nuestro cuerpo tiene la misma sangre, la misma vida y la misma naturaleza. Esto también es cierto con respecto a la relación que existe entre Cristo y la iglesia. Lo que Cristo es y lo que Cristo tiene, también lo somos y lo tenemos nosotros, como miembros Suyos. Cristo tiene humanidad y divinidad, y nosotros también tenemos divinidad y humanidad. Esto significa que Cristo y nosotros, los que creemos en Él y que somos miembros Suyos, tenemos dos naturalezas. No obstante, queremos recalcar una vez más que la mezcla de la divinidad con la humanidad en nosotros no produce una tercera naturaleza. Nuestra humanidad no deja de existir. Ni la divinidad ni la humanidad queda anulada en la mezcla.

LA DIVINIDAD Y LA HUMANIDAD SE ENTRETEJEN ENTRE SÍ

  En el estudio-vida de Éxodo hicimos notar que el efod, una prenda de vestir que llevaba el sumo sacerdote, era hecho al entretejer hilo de lino e hilo dorado. Estos hilos no eran superpuestos ni encimados; más bien, eran entretejidos de manera que formaban un solo tejido. En esta tela, se podía distinguir el hilo de oro y el hilo de lino. Esto también tipifica la mezcla de la divinidad con la humanidad en Cristo. El hilo de oro representa la divinidad de Cristo, y el hilo de lino, Su humanidad. Este entretejido de hilo de oro y de hilo de lino en el efod indica que en Cristo, las dos naturalezas, la humana y la divina, no sólo se añaden la una a la otra, sino que se entretejen, se mezclan, entre sí. Además, así como al entretejerse los hilos de oro y de lino no se produjo una tercera sustancia, la mezcla de la humanidad con la divinidad en Cristo no anula la divinidad ni la humanidad, lo cual produciría una tercera naturaleza.

EL PROCESO DE LA MEZCLA

  Es muy importante que nos demos cuenta de que todo cristiano genuino, toda persona que verdaderamente cree en Cristo, es una persona que experimenta la mezcla de la vida y la naturaleza divinas con la vida y la naturaleza humanas. La vida divina no sólo se mezcló con nuestra vida humana, sino que se sigue mezclando. Como resultado, somos seres humanos divinos. Además, también podemos decir que somos seres divinos humanos. Por eso decimos que los cristianos son Dios-hombres. Nuestra vida es la vida de un Dios-hombre, y nuestro vivir, como lo indica el efod, compuesto de hilo dorado y de hilo de lino, es un vivir que proviene de la mezcla de lo divino con lo humano. Nuestra vestimenta espiritual no es solamente lino, sino que también es oro. Tenemos tanto oro como lino entretejidos en un solo vestido, lo cual caracteriza nuestra conducta, nuestro comportamiento, nuestro carácter, nuestro vivir.

  Alabamos al Señor de que el proceso de mezcla se sigue dando en nosotros. Este proceso continuo es la transformación. También nos podemos referir a ello como una constitución y reorganización.

  La Biblia revela que como creyentes de Cristo, estamos siendo transformados, constituidos, reorganizados. Sin embargo, esto no se enseña entre la mayoría de los cristianos de hoy. En lugar de ello, a los creyentes se les enseña a mejorar su carácter y comportamiento. Esta clase de enseñanza, sin embargo, no es conforme a la Biblia. Todo lo que la Biblia dice con relación a nuestro comportamiento o conducta supone una transformación. Es vital que nos demos cuenta de que la transformación es el camino correcto. En el proceso de transformación, el elemento de Dios, Su divinidad, opera en nosotros para transformar nuestra humanidad, de una humanidad natural a una humanidad espiritual. Pero esto no significa que nuestra humanidad se perderá. Tampoco significa que la divinidad cambiará o será alterada de algún modo. No, ni nuestra humanidad ni la divinidad de Dios cambiará; lo que sí sucederá es que ambas se mezclarán en una sola entidad, en un solo ser. Esta mezcla produce Dios-hombres genuinos. También produce el té-agua celestial, el cual podemos beber y disfrutar cada día.

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