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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Efesios»
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Mensaje 9

HACER QUE EN CRISTO SEAN REUNIDAS BAJO UNA CABEZA TODAS LAS COSAS

(2)

  En este mensaje seguiremos estudiando la manera en que todas las cosas son reunidas en Cristo bajo una cabeza. Efesios 1:9 y 10 dice: “Dándonos a conocer el misterio de Su voluntad, según Su beneplácito, el cual se había propuesto en Sí mismo, para la economía de la plenitud de los tiempos, de hacer que en Cristo sean reunidas bajo una cabeza todas las cosas, así las que están en los cielos como las que están en la tierra”. La palabra griega traducida “para” al principio del versículo 10 también puede traducirse “a fin de tener”. Así que, esa parte puede traducirse así: “Según Su beneplácito, el cual se había propuesto en Sí mismo a fin de tener la economía de la plenitud de los tiempos”.

  La economía que Dios se propuso en Sí mismo consiste en hacer que en la plenitud de los tiempos todo tenga a Cristo por cabeza. La expresión “los tiempos” se refiere a las edades. Cuando aparezcan el cielo nuevo y la tierra nueva después de que se hayan cumplido todas las dispensaciones de Dios en todas las edades, eso será la plenitud de los tiempos. La palabra traducida “economía” también se encuentra en 3:2 [como “mayordomía”]: “Si es que habéis oído de la mayordomía de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros”. La expresión “la mayordomía de la gracia de Dios” alude a la administración de Su gracia.

EL PLAN ETERNO DE DIOS

  Si queremos entender qué es la mayordomía de la gracia de Dios, debemos ver que en la eternidad pasada Dios se propuso un plan. Según este plan, El creó el universo, que incluye los cielos, la tierra y billones de cosas. Luego, Dios creó el linaje humano como centro del universo, para que fuese un envase que contuviera a Dios para que lo expresara. Estas palabras son breves pero abarcan toda la Biblia. El hombre no fue creado como instrumento, sino como un envase que contuviera a Dios para que Dios se expresara desde el interior del hombre. Este es el plan eterno de Dios, Su propósito eterno.

SATANAS INTRODUCE LA MUERTE EN LA CREACION DE DIOS

  Dios, en Su sabiduría, permitió que un arcángel se rebelara contra El. Ninguna rebelión podría suscitarse sin que Dios la permitiera. Ni siquiera la rebelión de los ángeles podría efectuarse sin el permiso de Dios. Dios permitió que uno de Sus ángeles se levantara contra El. Esto ocurrió conforme a la sabiduría de Dios. La rebelión de Satanás sirve como un trasfondo oscuro de una pintura, el cual hace resaltar el objeto principal.

  El libro de Génesis revela que Satanás vino y se inyectó en el hombre, quien era el centro del universo. Cuando se inyectó en el hombre, Satanás llegó a ser muerte y tinieblas para el hombre. Siempre que Satanás viene a nosotros o entra en nuestro hogar, él porta consigo muerte y tinieblas, y como resultado, todo se viene abajo. Una persona llena de vida puede mantenerse de pie; pero tan pronto se le inyecta el poder de la muerte, se desploma. En lugar de permanecer levantado, se desploma. Como dijimos en el mensaje anterior, todo el universo, incluyendo al hombre, es un montón de escombros, producto de que Satanás, como elemento mortal, se inyectara en la creación de Dios. Satanás introdujo la muerte en todo lo que Dios creó; toda la creación quedó infectada con el elemento mortífero de Satanás. Por esta razón, Rom. 8:20-21 declara que la creación fue sujetada a vanidad y está bajo la esclavitud de la corrupción.

  Para inyectar una substancia en el cuerpo de una persona, no es necesario inyectarla en cada parte. Basta con aplicar la inyección en cierto lugar y la substancia se disemina por todo el cuerpo. Asimismo, Satanás se inyectó en el hombre, el centro del universo, y por medio de él el veneno de Satanás se esparció por doquier. Así que, no sólo el hombre está sujeto a la muerte, sino también todo lo que tiene vida. Cuando un ser viviente muere, se desploma. El elemento mortal se extendió a cada parte de la creación de Dios, y como resultado, la creación se desplomó y se convirtió en un montón de escombros.

  El desplome del universo proporciona a Dios una excelente oportunidad de manifestar Su sabiduría. Sin esa situación de muerte y desplome, la sabiduría de Dios no podría manifestarse plenamente. Dios expresará Su multiforme sabiduría por medio de la iglesia. El desplome provocado al inyectar Satanás el factor mortífero en el hombre sirve como un trasfondo oscuro que hace que la sabiduría de Dios sea más gloriosa.

  La manera en que Satanás opera consiste en adelantársele a Dios. Este es un principio que vemos en la Biblia. Cada vez que Dios quiere hacer algo, Satanás actúa primero. Por ejemplo, la Biblia revela que la intención de Dios es edificar una ciudad, la Nueva Jerusalén. Sin embargo, la primera ciudad que se edificó fue una falsificación producida por Satanás. Del mismo modo, la intención de Dios es impartirse en el hombre y forjarse en él; pero antes de que Dios lo lograra, Su enemigo, Satanás, falsificó esta obra al inyectarse en el hombre. Después de que Dios creó al hombre, lo puso frente al árbol de la vida, lo cual indicaba que Dios deseaba que el hombre lo recibiera a El. Dios nunca actúa apresuradamente; El siempre está dispuesto a esperar. Satanás, por el contrario, siempre actúa apresuradamente. Debemos aprender de esto que todo lo que hacemos de prisa probablemente no proviene de Dios, sino de Satanás. Antes de que Dios se impartiera en el hombre, Satanás se inyectó en él, el centro de la creación, lo cual causó que toda la creación se desplomara. Ahora, en vez de vida, hay muerte por doquier: en las oficinas, en las fábricas, en los negocios, en las escuelas, y aun en las llamadas iglesias. Debido a que la muerte se encuentra en todas partes, todo está desplomado. Frente a este trasfondo Dios se forja en el hombre.

EL HOMBRE ES UN CAMPO DE BATALLA

  Dios vino al hombre para forjarse en él, pero no en el hombre que El creó originalmente, sino en el hombre en quien Satanás se había inyectado. Debido a que tanto Satanás como Dios están en el hombre, éste se ha convertido en un campo de batalla entre Dios y Satanás. Originalmente la lucha entre Dios y Satanás se libraba en el universo, pero ahora está dentro del hombre. ¿Sabía que usted es un campo de batalla en el que combaten Dios y Satanás? Como cristianos, se libra en nosotros una constante batalla. El factor de la muerte pelea contra el factor de la vida, pero el factor de la vida derrota, somete y absorbe el factor de la muerte.

  El uso de antibióticos es un ejemplo de esto. Cuando el antibiótico entra en el cuerpo, lucha contra los microbios. Jesucristo es el mejor antibiótico. Desde el día en que lo recibimos, se libra constantemente una batalla dentro de nosotros. Día tras día, Cristo, el antibiótico celestial, mata los microbios. Debido a que el veneno mortal se inyectó en nosotros, nos desplomamos. Pero cuando Cristo entró en nosotros, trajo consigo el factor de la vida, y poco a poco comenzamos a levantarnos, no por medio de enseñanzas, sino por ingerir el factor de la vida. Cuanto más vida recibimos, más nos levantamos. No obstante, es posible que después de recibir a Cristo, el enemigo inyecte de nuevo el factor de muerte en nosotros y nos haga caer de nuevo. En esas ocasiones, necesitamos recibir inyecciones adicionales del antibiótico celestial.

LEVANTARNOS Y ADHERIRNOS

  Nos desplomamos a causa del factor de muerte, y nos levantamos por medio del factor de vida. Cuando el factor de muerte provoca un colapso, todas las partes de nuestro ser se desmembran. Podemos ver un ejemplo de esto en Ezequiel 37. Cuando los huesos se volvieron muertos y secos, se separaron unos de otros. Pero cuando el aliento de vida entró en ellos, se avivaron, se levantaron y se juntaron (Ez. 37:4-10). Este levantamiento y esta unión restablece el orden. Antes, los huesos estaban amontonados, cada uno de ellos estaba separado del cuerpo, pero cuando el aliento de vida entró en ellos, primero se levantaron, luego se unieron, después vinieron a formar un cuerpo e incluso un ejército. Este es el significado de tomar a Cristo por Cabeza.

  No debemos tomar esto como una doctrina, sino verlo a la luz de nuestra experiencia. Muchos de nosotros podemos testificar que antes estábamos separados y formábamos parte del montón de escombros, producto del desplome del universo. Pero un día, el factor de vida entró en nosotros, y nosotros nos levantamos y nos unimos. Después de venir a la vida de iglesia, tuvimos la profunda sensación de que cada vez estábamos más erguidos y más unidos. Esto es obra de Cristo la Cabeza. Sin embargo, en varias ocasiones, el poder de la muerte ha entrado aun en la iglesia y ha inyectado en sus miembros el factor de muerte. Cuando esto sucede, ciertos miembros son envenenados y diseminan el veneno mortal a los demás. Una vez más estos queridos miembros se desploman y abandonan la esfera de la autoridad de Cristo. Pero, ¡alabado sea el Señor!, con el tiempo, el factor de vida regresa a ellos. Al infundírseles el aliento de vida y al entrar en ellos el factor de vida, ellos se levantan, se unen y vuelven a someterse a Cristo la Cabeza.

UNA MAYORDOMIA Y UN PLAN DOMESTICO

  En el caso de Satanás, él no diseñó ninguna administración para inyectarse en nosotros, pues lo hizo ilícitamente, y ninguna acción ilegal o rebelde requiere de administración. Un gobierno legalmente constituido, por el contrario, tiene una administración. Satanás se inyectó en el hombre sin administración alguno. Dios, en cambio, nos imparte Su ser conforme a una administración. Pero ésta no tiene nada que ver con nuestro concepto natural. La palabra griega oikonomía de 1:10, que pudiera traducirse “administración”, no es fácil de traducir. También se puede traducir mayordomía o plan doméstico. Su forma castellana es economía. Yo prefiero las palabras dispensación, mayordomía, o plan doméstico, en lugar de administración; aunque esta palabra puede usarse correctamente en 1:10, pues al final la dispensación, la mayordomía, el plan doméstico, llegará a ser una administración eterna.

  El gobierno de Washington, D. C. es una administración; sin embargo, esta administración no es una dispensación, ni una mayordomía ni un plan doméstico. Un plan doméstico alude a algo agradable, y una mayordomía, a algo íntimo. En la antigüedad, las familias reales acostumbraban tener mayordomos cuyo oficio se denominaba mayordomía. Así que, la mayordomía se refiere simplemente al servicio que desempeñaba un mayordomo. Un mayordomo no era un simple esclavo, sino una persona que gozaba de una relación íntima con la familia, alguien que se encargaba del plan de la casa. Esta mayordomía, este plan doméstico, era una excelente administración. Hoy es muy diferente, pues ni la intimidad ni la dulzura figuran en nuestro concepto de lo que es una administración. Sin embargo, la administración de Dios en calidad de plan doméstico es dulce, y en calidad de mayordomía, es íntima.

LA DISPENSACION DE DIOS COMO GRACIA

  Además, la mayordomía tiene que ver con una dispensación, pero no en el sentido de una edad, sino de una distribución. Por ejemplo, durante el desayuno, una madre sirve alimentos nutritivos a sus hijos. Ella se sienta a la mesa y les distribuye los ricos alimentos. En este tipo de dispensación se ejerce cierto control. Si un niño se porta mal, la madre puede decirle: “Si no te portas bien, no tendrás desayuno”. Así que, la distribución de alimentos es el mejor control. He observado esto en mis propios nietos. Ellos obedecen más a su abuela que a mí porque ella está en control de las golosinas. Puesto que ella es la distribuidora, puede controlarlos fácil y agradablemente. Ella los controla mediante una dulce distribución de alimentos, una especie de administración o servicio doméstico íntimo y tierno. El sometimiento de todas las cosas a la autoridad de Cristo, la Cabeza, no se lleva a cabo por medio de una administración gubernamental, sino mediante una dulce mayordomía, un plan doméstico, una distribución placentera. Se efectúa al impartírsenos el abundante suministro de vida del Dios Triuno. El apóstol Pablo llama esto la dispensación de la gracia de Dios, la mayordomía de la gracia de Dios (3:2).

  Ya vimos que Satanás no se inyecta en el hombre siguiendo alguna administración o mayordomía, pues él se inyecta en nosotros muy sutilmente. En cambio, Dios se forja en Sus escogidos por medio de una mayordomía dulce e íntima. El ministerio de Pablo era tal mayordomía; era un modelo de la dispensación de la gracia, es decir, su ministerio impartía a Dios como gracia en los elegidos de Dios. Por medio de la dispensación de la gracia, la impartición de Dios mismo como nuestro disfrute, el factor de vida es ministrado en los elegidos. Al entrar en ellos el factor de vida, los levanta y los une a Cristo en el Cuerpo. Esta es la dispensación que reúne bajo una cabeza todas las cosas en Cristo.

  Después de la caída del hombre, Dios dio inicio a Su impartición, comenzando a una pequeña escala. En el caso de Abel no se ve mucho que Dios se imparta como suministro de vida en Sus elegidos. En el caso de Enoc, sin embargo, se ve una ligera implicación de tal impartición, pero no se ve con claridad. Cuando llegamos a Noé, podemos ver la impartición de Dios como provisión de vida en una escala muy pequeña. Luego, en las vidas de Abraham, Isaac y Jacob se ve un poco más. Además, en el caso de Moisés y el tabernáculo había una administración, un plan doméstico, una mayordomía íntima. Esto se ve claramente en Moisés, en Aarón y en los sacerdotes que desempeñaban el servicio levítico. Al llegar al Nuevo Testamento, vemos la impartición de la vida en el Señor Jesús. ¡Cuán dulce e íntima era Su mayordomía! A través de Su ministerio, El impartió a Dios como suministro de vida en Sus elegidos. Esta íntima mayordomía la continuaron los apóstoles, en especial el apóstol Pablo, quien tenía la mayordomía de la gracia de Dios. En su ministerio Pablo impartía constantemente a Cristo como vida en los creyentes. Su ministerio era una mayordomía dulce e íntima, un plan doméstico agradable. El incluso le enseñó a Timoteo cómo conducirse en la casa de Dios (1 Ti. 3:15). La manera de conducirnos en la casa de Dios consiste en tener el plan doméstico, la mayordomía íntima, e impartir a Cristo a todos los miembros de la familia de Dios. No se lleva a cabo por medio del control ni por medio de una administración gubernamental; se lleva a cabo mediante una dulce dispensación, una íntima mayordomía, un agradable plan doméstico.

  Mediante este ministerio, se infunde el factor vital en los miembros de la iglesia. Mediante esta dulce e íntima mayordomía, se imparte el suministro de vida en los miembros del Cuerpo de Cristo. Cuanto más se nos suministra el factor de vida, más nos levantamos y nos unimos unos a otros. Cada vez que recibimos el suministro de vida, nos levantamos espontáneamente. No es necesario que nadie nos exhorte a tener comunión con otros, pues de modo espontáneo anhelamos estar unidos a los demás. La manera en que Dios nos reúne bajo la autoridad de Cristo, la Cabeza, consiste en forjarse El mismo como factor de vida en nosotros a fin de que nos levantemos y nos unamos a los demás. Esto no se logra ejerciendo una administración gubernamental, sino a través de una dulce impartición, una íntima mayordomía y un agradable plan doméstico. Por medio de esta dispensación, esta impartición, se ministra el factor vital en todos los miembros de la iglesia, para que se levanten y se unan al Cuerpo. Así son reunidas bajo una cabeza todas las cosas en Cristo.

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