Mostrar cabecera
Ocultar сabecera
+
!
NT
-
Navega rápidamente por los libros de vida del Nuevo Testamento
AT
-
Navega rápidamente por los libros de vida del Antiguo Testamento
С
-
Mensajes del libro «Estudio-Vida de Ezequiel»
Чтения
Marcadores
Mis lecturas


Mensaje 3

EL VIENTO, LA NUBE, EL FUEGO Y EL ELECTRO

  Lectura bíblica: Ez. 1:4; Sal. 75:6-7a; Ez. 37:9; Jn. 3:8; Hch. 2:2, 4a; Éx. 24:16; 40:34; Dt. 4:24; He. 12:29; Ez. 1:27-28; 8:2, 4; Ap. 4:3; 22:1

  En este mensaje consideraremos Ezequiel 1:4. Este versículo aborda cuatro cosas principales: el viento, la nube, el fuego y el electro. Primero, vino del norte un viento tempestuoso. Segundo, con el viento vino una gran nube. Tercero, había un fuego envolvente. Cuarto, de en medio del fuego surgía el electro refulgente.

NUESTRAS EXPERIENCIAS ESPIRITUALES SON ACORDES CON NUESTRO CONOCIMIENTO DE DIOS

  Génesis 1 comienza con una palabra acerca de Dios, y Ezequiel 1 inicia con una visión gloriosa de Dios. Quienes conocen a Dios pueden testificar que nuestras experiencias espirituales son acordes con nuestro conocimiento de Dios. Asimismo, nuestro servicio y los asuntos de la iglesia también dependen de nuestro conocimiento de Dios. El grado en que conocemos a Dios determinará tanto el grado de nuestra experiencia espiritual como la situación de la iglesia. En términos espirituales, todo cuanto tenemos depende del ser de Dios, de la visión que tengamos de Dios y de la manifestación de Dios así como de nuestro conocimiento de Dios.

  Las visiones en el libro de Ezequiel no comienzan con el hombre, sino con Dios. Las visiones, las cuales inicialmente proceden del norte, donde Dios está, nos muestran a Dios en Su voluntad, plan, intención, obra, acciones y en Su relación con el hombre. Estas visiones revelan lo que Dios espera que el hombre sea con relación a Él. Además de los cuatro ítems mencionados anteriormente, las visiones en el capítulo 1 incluyen los cuatro seres vivientes, las ruedas altas y asombrosas, la expansión con aspecto de cristal, el glorioso trono de Dios y el hombre en el trono. Al considerar las gloriosas visiones de Dios contenidas en este capítulo, debemos prestar mucha atención a todas estas cosas.

LA BIBLIA ES UN LIBRO DE CUADROS QUE DESCRIBEN COSAS ESPIRITUALES

  La Biblia es un libro de cuadros que nos revelan a Dios y las cosas espirituales. Dios es Espíritu y, como tal, Él es abstracto, misterioso, invisible, intangible e insondable. No solamente Dios es abstracto, sino también todas las cosas espirituales son abstractas. Sin los cuadros en la Biblia, nos sería difícil entender a Dios y las cosas espirituales. En Su sabiduría, Dios se vale de cosas visibles y materiales para describir cosas invisibles y espirituales; más aún, Él se vale de señales y símbolos para expresar asuntos abstractos y misteriosos. Por esta razón, la Biblia usa muchos tipos, figuras y cuadros para describir y retratar cosas espirituales.

  Una gran cantidad de cosas halladas en el universo son símbolos de cosas espirituales. Por ejemplo, el sol simboliza a Cristo como nuestra luz (Mal. 4:2; Lc. 1:78), y el alimento simboliza a Cristo como nuestro sustento (Jn. 6:35). En realidad, todas las cosas positivas que hay en el universo pueden ser usadas para mostrar lo que Cristo es para nosotros. La intención de Dios en Su creación es usar las cosas de la creación para ilustrar lo que Cristo es. Esto significa que el universo entero llegó a existir con el propósito de describir a Cristo. Por ejemplo, si las vides no hubieran sido creadas, el Señor Jesús no habría podido usar una vid para describirse a Sí mismo (Jn. 15:1). Si no hubiera zorras ni aves, Cristo no habría podido comparar Su situación en Su ministerio con las zorras que tienen madrigueras y las aves que tienen nido (Mt. 8:20). Incluso el pasto fue creado a fin de que el Señor Jesús pudiera usarlo como una ilustración de Sí mismo (Jn. 10:9). Debido a que el universo con los billones de cosas y personas que hay en él fue creado con el propósito de describir a Cristo, Él, al revelarse a Sí mismo, puede encontrar en todo medio ambiente algo que le sirva de ilustración de Sí mismo. El universo entero es un cuadro de Cristo. Si vemos esto, comprenderemos cuán rico, profundo, ilimitado e inescrutable es Cristo.

  Así como la Biblia en su totalidad es un libro de cuadros, Ezequiel, por ser una miniatura de la Biblia, también es un libro de cuadros, un libro lleno de cuadros. Estos cuadros son presentados en forma de visiones. Las visiones que Ezequiel vio se relacionaban por completo con Dios y las cosas espirituales; por tanto, no deben ser entendidas de manera literal o física. Si intentamos interpretar las visiones de Ezequiel literalmente, no podremos entenderlas.

  Cuando era joven, no podía entender el libro de Ezequiel. Cuanto más lo leía, más confuso estaba. En particular, no podía entender el asunto de los cuatro seres vivientes. Cada uno de los seres vivientes tenía cuatro caras: al frente, cara de hombre; al lado derecho, cara de león; al lado izquierdo, cara de buey; y en la parte de atrás, cara de águila (Ez. 1:5-6, 10). Además, “la planta de sus pies era como planta de pie de becerro”, y “debajo de sus alas [...] tenían manos de hombre” (vs. 7, 8a). Yo pensaba que el cuadro de los seres vivientes era un cuadro muy extraño y no lo podía entender. Agradezco al Señor que a medida que gradualmente avancé en mi experiencia espiritual, comencé a entender las visiones en Ezequiel al comparar el relato de Ezequiel con otros pasajes de la Palabra. A la postre, como alguien que consigue poner juntas las piezas de un rompecabezas a fin de tener un cuadro completo, puse juntos varios pasajes de la Palabra y comencé a ver los asuntos espirituales presentados en el libro de Ezequiel, con lo cual llegué a comprender que Ezequiel usa cosas visibles y físicas para representar cosas espirituales. Ahora, en nuestro estudio de Ezequiel, debemos ver el significado espiritual intrínseco de los cuadros hallados en este libro, considerándolos a la luz de toda la Biblia y comparándolos con nuestra experiencia espiritual.

  Comencemos ahora a considerar punto por punto los cuatro asuntos presentados en Ezequiel 1:4.

EL VIENTO TEMPESTUOSO

Procedente del norte

  La primera parte de Ezequiel 1:4 dice: “Miré, y he aquí que un viento tempestuoso venía del norte”. Tanto la versión New Translation de John Nelson Darby como la versión American Standard tradujeron esta palabra hebrea así, es decir, “viento tempestuoso”, y me parece que ésta es la traducción preferible. Por tanto, este versículo dice que un viento tempestuoso vino del norte.

  ¿Por qué el viento tempestuoso vino del norte y no del sur, del este o del oeste? La respuesta a esta pregunta es hallada en Salmos 75:6-7a: “Porque ni del oriente ni del occidente, / ni del sur viene la exaltación; / pues Dios es el Juez”. Aquí, en lugar de decir norte se mencionó a Dios; esto indica que Dios está en el norte. En términos geográficos, por lo general se considera al norte como la parte superior y, por tanto, ir al norte es subir. Dios, quien está al norte, siempre está arriba. En términos espirituales, esto significa que cuando vamos al norte, vamos a Dios. El hecho de que el viento tempestuoso viniera del norte significa que procedía de Dios. La morada, la habitación, de Dios es la fuente de todas las cosas espirituales. El viento tempestuoso vino del norte, de la habitación de Dios. Por tanto, Dios mismo fue la fuente del viento tempestuoso.

Representa al Espíritu de Dios

  La palabra hebrea para viento es rúaj. Rúaj puede traducirse como “viento” o “aliento” o “espíritu”. En la versión King James de Ezequiel 37, esta palabra hebrea fue traducida en todas estas tres maneras: “viento” en el versículo 9; “aliento” en los versículos 5, 6, 8, 9 y 10; y “Espíritu” en los versículos 1 y 14. Es difícil para los traductores determinar si en cierto versículo la palabra rúaj significa viento, aliento o espíritu. La decisión debe tomarse de acuerdo al contexto.

  En 1:4 rúaj denota un viento, un viento tempestuoso, el cual representa nada menos que el poderoso Espíritu. El día de Pentecostés vino un viento recio y potente que llenó la casa donde estaban los ciento veinte. Entonces todos ellos fueron llenos del Espíritu Santo (Hch. 2:2, 4a). Sin duda alguna, ese viento recio y potente era el poderoso Espíritu.

  En Juan 3:8 el Señor Jesús dijo: “El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”. Algunas versiones señalan en sus notas de pie de página que la palabra viento en este versículo es la traducción de la palabra griega que se usa para espíritu, esto es, pnéuma. La palabra hebrea rúaj y la palabra griega pnéuma tienen exactamente el mismo significado. Al igual que rúaj, la palabra pnéuma puede traducirse como “viento”, “aliento” o “espíritu”. Por tanto, en este versículo las palabras griegas traducidas “el viento sopla” también podrían traducirse “el Espíritu sopla”. En Ezequiel 1:4 el fuerte viento tempestuoso es una figura, un cuadro, del poderoso Espíritu de Dios.

  En la Biblia, el viento tiene tanto un significado negativo como uno positivo. En cuanto a su significado negativo, el viento es símbolo, o señal, del juicio de Dios sobre el hombre. Éste es el significado que tiene el viento en Daniel 7:2 y en Apocalipsis 7:1. En cuanto a su significado positivo, el viento es símbolo, o señal, del Espíritu Santo que sopla sobre el hombre o del Espíritu Santo que desciende sobre el hombre para cuidar de él. Por supuesto, éste es el significado del viento recio y potente en Hechos 2. En el libro de Ezequiel, el viento tiene dos significados: el significado con sentido negativo es que representa el juicio de Dios aplicado al hacer surgir circunstancias mediante las cuales Él juzga a quienes se rebelan contra Él; y el significado con sentido positivo es que representa el Espíritu que viene al hombre para hacer que éste posea la vida de Dios. El viento tempestuoso en Ezequiel 1 tiene este significado positivo.

Nuestras experiencias espirituales siempre comienzan con una tempestad espiritual

  Nuestras experiencias espirituales siempre comienzan con una tempestad espiritual. De acuerdo con la historia de la iglesia, a lo largo de las generaciones el Espíritu de Dios ha soplado como un viento poderoso a fin de mover a las personas a arrepentirse de sus pecados, creer en el Señor Jesús para ser regenerados, dejar el mundo para seguir al Señor y estar desesperados en su corazón y arder en su espíritu con relación a servir al Señor. ¿No han tenido esta clase de experiencia? ¿No han percibido que el viento de Dios sopla sobre ustedes? ¿No han sido tocados por el Espíritu de Dios? Por lo menos una vez en sus vidas, ¿no han tenido el sentir de que cierto poder —el viento tempestuoso procedente de Dios— se movía sobre ustedes haciendo que aborrecieran el pecado, tuvieran una actitud distinta respecto al mundo o cambiasen la visión que tenían de sus vidas? Si jamás han tenido tales experiencias, deben poner su mirada en el Señor y orar pidiendo que Su viento sople desde el norte sobre ustedes.

  Cierto joven con un futuro muy prometedor y miembro influyente de un partido político experimentó también este viento procedente del norte con ocasión de su conversión. Cierto día él acudió a un templo de ídolos y vio una Biblia sobre la mesa que se usaba para las ofrendas. Tomó la Biblia y leyó unos cuantos versículos; de improviso, el Espíritu Santo sopló sobre él, y él fue redargüido de sus pecados. A medida que el viento del Espíritu continuó soplando sobre él, este joven comenzó a arrepentirse de sus pecados y a hacer una confesión exhaustiva de los mismos, llorando amargamente mientras se postraba, e incluso llegó a rodar por el piso. Él fue salvo mediante el soplido de un viento poderoso procedente del norte.

  Las visitaciones de Dios siempre comienzan con el soplido del viento de Dios sobre nuestro ser. ¿No experimentaron acaso una tempestad, el soplido del Espíritu de Dios, cuando fueron salvos? Tal vez en aquel entonces usted era un joven estudiante al que sólo le interesaba ir a la escuela, estudiar y jugar. Pero un día le sobrevino una tempestad. Un viento tempestuoso sopló sobre usted y lo puso de cabeza. Esto hizo que usted considerase el significado de la vida humana y comenzó a preguntarse de dónde vino y a dónde iba. Esto fue resultado de que el viento tempestuoso soplase sobre usted. Creo que toda persona que ha sido salva ha experimentado tal tempestad con ocasión de su conversión.

  No puedo olvidar la tempestad que experimenté el día que fui salvo. Yo era, entonces, un joven de veinte años de edad, lleno de ambición y dedicado a estudiar mucho en procura del conocimiento del mundo a fin de labrarme un buen futuro. Pero un día, supe de una reunión del evangelio y decidí asistir. En esa reunión, mientras escuchaba aquel poderoso mensaje del evangelio, un viento tempestuoso sopló sobre mí y me puso de cabeza.

  Una tempestad viene a nosotros de parte del Señor no solamente con ocasión de nuestra conversión, sino también después que hemos sido salvos. No importa si somos jóvenes o ancianos, todos experimentamos el viento tempestuoso. Por ejemplo, algunos entre nosotros en la vida de iglesia antes fueron misioneros u obreros cristianos. Un día una tempestad vino a ellos procedente del norte y los puso de cabeza. Esto hizo que ellos buscaran al Señor con desesperación y, finalmente, entraran en la vida de iglesia.

  En realidad, un viento tempestuoso sopla sobre nosotros cada vez que experimentamos un giro en nuestra vida espiritual. Este viento tempestuoso es Dios mismo que sopla sobre nosotros a fin de traer una tempestad espiritual a nuestra vida, a nuestro trabajo y a nuestra iglesia. Que tempestades vengan sobre nosotros de parte de Dios verdaderamente constituye una gracia. A medida que seguimos al Señor, experimentaremos una tempestad tras otra. No puedo decirles cuántas tempestades han venido a mí, pero puedo testificar que cada una de ellas es digna de ser recordada. Todas las tempestades se han convertido en gratos recuerdos. Creo que en la eternidad recordaremos las tempestades que hemos experimentado.

  Siempre que Dios nos visita y nos reaviva, Su Espíritu sopla sobre nosotros como un viento poderoso. Debemos experimentar al Espíritu de este modo: cuanto mayor sea la frecuencia, mejor, y cuanto más intensamente, mejor. En estos días tengo el profundo anhelo de que el Espíritu de Dios sople fuertemente sobre nosotros como un viento poderoso.

LA NUBE

  La nube siempre sigue al viento tempestuoso. Si tenemos el viento, ciertamente tendremos la nube, pues la nube resulta del viento que sopla. Al igual que el viento tempestuoso, la nube representa al Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo nos toca, Él es como el viento. Cuando el Espíritu Santo nos visita y nos cubre, Él es como la nube. Primero, el Espíritu Santo sopla sobre nosotros como viento a fin de movernos, y después Él permanece con nosotros como nube a fin de cubrirnos.

El Dios que se cierne sobre nosotros viene como el viento y se queda como la nube

  La nube en Ezequiel 1:4 es una figura de Dios que cubre a Su pueblo. Podríamos usar la expresión se cierne y afirmar que la nube era Dios que se cernía sobre Su pueblo. La nube, por tanto, no era otra cosa que el Dios que se cierne sobre nosotros. Dios viene a nosotros como el viento, pero permanece con nosotros como la nube. Al permanecer como la nube, Él nos cubre, nos brinda sombra y se cierne sobre nosotros para darnos el disfrute de Su presencia, con lo cual Él produce algo de Sí mismo en nuestra vida diaria. ¡Qué maravilloso! Éste es el Dios que nos cubre según es tipificado por la nube que cubre.

  Al considerar la historia del pueblo de Israel, podemos entender de manera más completa el significado que tiene la nube. Dios se les apareció y los visitó varias veces a manera de una gran nube que los cubría. Por ejemplo, después que los israelitas salieron de Egipto, ellos atravesaron el mar Rojo. Al respecto, Pablo dijo: “Todos nuestros padres estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos para con Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar” (1 Co. 10:1-2). La nube que cubrió a los hijos de Israel tipifica al Espíritu de Dios. Finalmente, los hijos de Israel llegaron al monte Sinaí y acamparon allí. En Éxodo 19:9 el Señor le dijo a Moisés: “Yo vengo a ti en una nube densa”, y hubo “una densa nube sobre el monte” (v. 16). En el capítulo 24 se nos dice que “la nube cubrió el monte”, que el Señor “llamó a Moisés de en medio de la nube” y que “Moisés entró en medio de la nube” (vs. 15, 16, 18). Después, habiéndose erigido la Tienda de Reunión para Dios, la gloria de Dios llenó aquella tienda y una nube la cubrió y permaneció sobre ella (40:34-35). Todo el pueblo podía ver que la nube cubría la Tienda de Reunión. Aquella nube representaba la visitación de Dios y el hecho de que Él moraba con ellos.

  La nube también representa el cuidado de Dios por Su pueblo y el favor que Él les manifiesta. Él se les apareció como una nube, cubriéndolos y brindándoles sombra, a fin de cuidar de ellos. Proverbios 16:15 dice que el favor del rey es como “nube de lluvia tardía”. En Su visita que manifiesta Su gracia, Dios viene a nosotros como nube a fin de cuidar de nosotros y manifestarnos Su favor.

Experimentar a Dios y disfrutarlo como nube que manifiesta Su gracia

  En Ezequiel 1:4 la nube es mencionada en relación con el viento. Juntos, el viento y la nube son indicio de que una importante transacción está a punto de suscitarse entre Dios y el hombre. Por lo menos cada cierto tiempo, en nuestra vida cristiana debe ocurrir una transacción espiritual significativa entre nosotros y Dios. Creo firmemente que todo aquel que ha sido auténticamente salvo ha experimentado tal transacción. También experimentamos una transacción espiritual durante tiempos de avivamiento. Primero, el Espíritu Santo nos toca y conmueve, con lo cual hace que nos volvamos al Señor, veamos nuestra corrupción, nos arrepintamos de nuestros pecados y los confesemos. Entonces, percibimos que Dios es como una nube que nos visita, que nos brinda sombra y que nos cubre. Quizás también percibamos que la gracia de Dios está sobre nosotros, cubriéndonos como un dosel.

  Dios es el viento que sopla, y Él también es la nube que cubre. Siempre que experimentamos a Dios como viento que sopla, también percibimos que, después de soplar sobre nosotros, Él permanece con nosotros, brindándonos sombra, cubriéndonos y cerniéndose sobre nosotros. Éste es Dios como nube que manifiesta Su gracia. Al soplar, el viento nos trae la presencia de Dios en forma de una nube celestial, que se cierne sobre nosotros y nos cubre.

  Cuando fui salvo, no solamente experimenté el soplido del viento poderoso procedente del norte sobre todo mi ser, sino que también experimenté la presencia del Señor cubriéndome como una nube. Al estar bajo tal cubierta comencé a preguntarme: “¿Para qué vivo? ¿Debo seguir viviendo como hasta ahora?”. Debido al viento que sopló sobre mí y a la nube que me cubrió, se suscitó una importante transacción entre Dios y yo. Una experiencia genuina y un avivamiento verdadero conllevan tanto el viento espiritual como la nube espiritual.

  No puedo olvidar la particular experiencia de Dios como nube que cubre que tuve en 1935. Un día del Señor por la tarde me encontraba ministrando acerca del Espíritu. En cierto momento percibí que una nube había descendido y me cubría. Aunque no vi nada con mis ojos físicos, percibí que algo me cubría. Estaba envuelto por aquella nube que me cubría y tuve el profundo sentir de la presencia del Señor de una manera muy definida y práctica. En ese momento la presencia del Señor era verdaderamente como una nube. Esa experiencia no fue sólo cuestión de fe, sino también de algo que se podía percibir. Percibí que estaba envuelto y cubierto por la presencia del Señor. Era algo maravilloso, placentero, reconfortante, fortalecedor y vigorizante. Quienes estaban en la congregación comprendieron que algo había sucedido y que la atmósfera de la reunión había cambiado, y al mismo tiempo comencé a hablar de una manera poderosa.

  Muchos de nosotros hemos experimentado al Señor como nube que cubre. Cuando oramos, arrepintiéndonos y confesando nuestros pecados, podemos percibir que nos encontramos bajo un dosel o una nube. Quizás haya sido su experiencia que durante su avivamiento matutino o al orar-leer la Palabra un viento tempestuoso de parte de Dios vino a soplar sobre usted. Entonces, después del soplido del viento, vino una nube y permaneció con usted, quizás durante todo el día. A lo largo del día usted percibió que algo le seguía, le brindaba sombra, le cubría y se cernía sobre usted, y usted disfrutó de la presencia del Señor aquel día entero.

  Puedo testificar que he experimentado esto muchas veces. Al estar en contacto con el Señor temprano por la mañana, el Espíritu vino a mí como un viento recio procedente del norte e inmediatamente entré en la presencia del Señor, la cual era como una nube que me cubría. Su presencia se convirtió en mi disfrute, y durante todo el día experimenté Su cobertura y disfruté de Su presencia.

  Es necesario que todos nosotros experimentemos la presencia del Señor como nube que se cierne sobre nosotros y nos cubre. No debemos conformarnos con meras doctrinas y enseñanzas. En lugar de acudir a la Biblia buscando más conocimiento, debemos buscar al Señor mismo. Al acudir a la Palabra debemos orar: “Señor, necesito el viento y la nube. Señor, sopla sobre mí como viento tempestuoso procedente del norte y cúbreme con la nube que brinda sombra. Ven a mí como el viento y quédate conmigo como la nube”.

EL FUEGO

  Ezequiel vio que la nube por encima estaba cubierta de fuego que centelleaba incesantemente. Esto también es algo que corresponde con nuestra experiencia espiritual. Cuando el viento tempestuoso viene de parte del Señor y la presencia del Señor que nos cubre permanece con nosotros, percibimos que algo dentro de nosotros resplandece, escudriña y arde. Al estar bajo tal resplandor, iluminación, escudriñamiento y ardor, quizás comprendamos que estamos equivocados en ciertos asuntos. Por ejemplo, tal vez nos demos cuenta de que nuestra actitud con respecto a cierto hermano es errónea. Bajo el resplandecer y escudriñar de la presencia del Señor somos puestos al descubierto, y nos condenamos a nosotros mismos y confesamos nuestras carencias. Entonces, el fuego escudriñador incinerará las cosas negativas dentro de nosotros.

  El fuego que vio Ezequiel representa el poder ardiente y santificador de Dios. Todo lo que no corresponde con la naturaleza santa de Dios y con Su santa manera de ser, tiene que ser eliminado por el fuego. Únicamente aquello que corresponda con Su santidad podrá pasar por Su fuego santo. Esto puede ser confirmado por nuestra experiencia espiritual. El Espíritu Santo viene a convencer a las personas de pecado, justicia y juicio (Jn. 16:8). Siempre que el Espíritu Santo nos toca y hace que confesemos nuestros pecados y oremos, percibiremos que necesitamos ser santificados y que toda corrupción sea purgada de nuestro ser. Comprenderemos que todo cuanto no corresponde con la santidad de Dios tiene que ser eliminado por el fuego. Si alguien dice haber sido visitado por Dios, pero no tiene ningún sentir con respecto a sus propios pecados e iniquidad, esa persona no ha sido verdaderamente tocada por el Espíritu de Dios. Siempre que Dios visita a alguien, Su fuego santo también vendrá a fin de consumir todo lo negativo que haya en esa persona. Este fuego ardiente también hace que seamos iluminados. Cuanto más arda en nuestro ser el fuego del Espíritu Santo, más purificados e iluminados seremos.

  Si experimentamos al Señor de este modo, no será necesario que otros nos digan que estamos errados en ciertos asuntos o que nuestra actitud con respecto a cierto hermano es incorrecta. Si alguien trata de corregirnos, tal vez nos ofendamos. Pero aun si recibiéramos las palabras de corrección y después tratáramos de mejorar, esto no significaría nada en lo que concierne a la vida interior. Debemos permanecer bajo el resplandecer y escudriñar de la presencia del Señor. Cuanto más estamos bajo este resplandor, más estaremos dispuestos a decir: “¡Señor Jesús arde en mí! Sólo sirvo para ser incinerado. Oh Señor, elimina mediante el fuego mi manera natural de ser. Elimina mediante el fuego mis intenciones, mis objetivos egoístas, mis motivaciones y mis metas”. Ésta es una genuina experiencia de la vida interior, y no una mera enseñanza.

  Después de haber ministrado la Palabra de Dios al pueblo del Señor durante muchos años, he aprendido que las meras enseñanzas no logran nada. Todos tenemos necesidad del viento que sopla, de la presencia del Señor que nos cubre y del fuego que escudriña y arde. Nuestro Dios es fuego consumidor (Dt. 4:24; He. 12:29). El viento, la nube y el fuego son, todos ellos, el propio Señor. Cuando Él viene, Él viene como viento tempestuoso. Cuando Él permanece con nosotros, Él permanece como nube. Cuando Él nos escudriña y arde en nosotros, Él escudriña y arde como Aquel que es fuego consumidor. Nadie puede experimentar al Señor como viento que sopla, nube que cubre y fuego que arde y consume sin que ello signifique experimentar un verdadero cambio y transformación. Todos necesitamos experimentar la transformación por medio del fuego. Todos necesitamos ser transformados al ser incinerados.

  Nuestro Dios, el Señor Jesús, no solamente es el agua viva, sino también el fuego consumidor. Muchos cristianos sienten aprecio por Ezequiel 47 debido a que este capítulo habla del agua que fluye. Debemos comprender que el río que fluye no es lo primero que se menciona en Ezequiel; más bien, el río viene después del fuego. El fuego está en el capítulo 1, y el río está en el capítulo 47. El fuego siempre viene primero. La fuente del fuego es el viento que sopla con la nube que cubre. A raíz de esto vemos que el fuego no viene a nosotros directamente. Dios viene a nosotros como viento que sopla y permanece con nosotros como nube que cubre. Al estar bajo Su cobertura, somos puestos en evidencia mediante Su resplandor. Al estar bajo Su resplandor, confesamos que tenemos necesidad de Su incinerar y luego oramos pidiéndole que incinere nuestro yo, nuestra vieja naturaleza, nuestra manera de ser y nuestra mundanalidad, así como también nuestras actitudes, metas, objetivos, motivaciones e intenciones. Todos necesitamos ser incinerados por el Señor de este modo. Una incineración así es mejor que miles de enseñanzas.

EL ELECTRO REFULGENTE

  La intención de Dios no es simplemente incinerarnos y hacernos cenizas. Dios es bueno y tiene un buen propósito. ¿Cuál es Su propósito al soplar sobre nosotros como viento, al cubrirnos como nube y al consumirnos como fuego? La respuesta es que el electro refulgente aparece en medio del fuego. El fuego divino arde con el propósito de que el electro sea manifestado.

  La palabra hebrea para electro es muy difícil de traducir. J. N. Darby, en una nota de pie a Ezequiel 1:4 en su versión New Translation, indica que esta palabra hebrea denota “una sustancia desconocida; algunos piensan que es una aleación de oro y plata”. Una versión judía usa la palabra electro. El electro es una aleación de oro y plata. El oro representa la naturaleza de Dios, y la plata representa la redención. Además, la versión King James traduce esta palabra hebrea como ámbar debido a que el color de este metal resplandeciente es el color del ámbar, que se parece al color del oro. El electro no es únicamente oro ni únicamente plata, sino oro mezclado con plata.

  En el libro de Apocalipsis podemos ver este mismo principio. Apocalipsis 22:1 habla sobre el trono de Dios y del Cordero. Aquel que está en el trono no es únicamente Dios ni únicamente el Cordero, sino el Dios-Cordero, el Dios redentor. En Génesis 1 Dios era únicamente Dios, pero en Apocalipsis 22 Él es nuestro Dios redentor, nuestro Dios-Cordero. Según Apocalipsis 4:3 Dios, Aquel que está en el trono, “era semejante a piedra de jaspe y de cornalina”. El jaspe, que es verde oscuro, representa a Dios como Dios de gloria en Su rica vida, y la cornalina, que es roja, representa a Dios como Dios de la redención. El hecho de que la apariencia de Dios en el trono sea semejante a piedra de jaspe y de cornalina indica que Dios ya no es únicamente Dios, sino también nuestro Redentor. Estas ilustraciones procedentes de Apocalipsis 22 y 4 nos ayudan a entender el significado que tiene el electro en Ezequiel. Nuestro Dios no es solamente el Ser divino, representado por el oro; Él también es el Dios redentor, representado por la plata. Él ya no es solamente oro, sino que Él es electro, esto es, oro mezclado con plata.

  Cuando experimentamos el viento que sopla, disfrutamos la nube que cubre y después pasamos a través del fuego que incinera y consume. El resultado es el electro refulgente, algo resplandeciente, adorable, precioso y placentero. En calidad de electro, el Señor Jesús es Aquel que nos ha redimido y Aquel que lo es todo para nosotros. Él es nuestro Dios, nuestro Cordero, nuestro Redentor, nuestro jaspe y nuestra cornalina. Si consideramos nuestra experiencia espiritual, comprenderemos que Aquel que mora en nosotros hoy es el Dios-Cordero, Aquel representado por el electro.

  A los ojos de Dios, antes que fuésemos salvos, éramos personas viles y malvadas, sin nada que fuera honorable o glorioso. ¡Alabamos al Señor por habernos salvado y regenerado! Su viento, Su nube y Su fuego consumidor han hecho posible que nosotros lo tengamos a Él, el Dios redentor, en nuestro ser como electro refulgente. Ahora lo tenemos a Él como tesoro en vasos de barro (2 Co. 4:7); por tanto, hemos llegado a ser un pueblo de honra y gloria. Debemos considerar cuán precioso y honorable es el Cristo que está dentro de nosotros. Como electro dentro de nosotros, Él es el tesoro de valor incomparable. Este tesoro es producto del viento, la nube y el fuego. Cuanto más experimentamos el viento, la nube y el fuego, más el electro pasa a formar parte de nuestra constitución intrínseca, lo cual hace de nosotros personas llenas del Dios Triuno y que manifiestan Su gloria.

  Todos necesitamos experimentar más el viento espiritual, la nube que cubre, el fuego que consume y el electro refulgente. Al pasar por esta clase de experiencia, llegamos a ser la visión de la gloria de Dios. En nuestra experiencia tenemos el viento, la nube, el fuego y el electro; entonces, todas las veces que nos reunimos, somos la visión de la gloria del electro al tener un tesoro precioso que brilla y resplandece.

LA EXPERIENCIA BÁSICA

  Lo que hemos considerado en este mensaje es la primera visión vista por el profeta Ezequiel. Esta visión retrata la experiencia más básica entre todas las experiencias espirituales de la vida divina. Hay diversas clases de experiencias espirituales, pero esta experiencia pertenece a la primera y básica categoría: la categoría del viento, la nube, el fuego y el electro.

  No experimentamos el viento, la nube, el fuego y el electro de una vez por todas. Al contrario, esta experiencia es un ciclo que debe repetirse una y otra vez. En la actualidad podemos experimentar el viento, la nube, el fuego y el electro, y después de un período de tiempo el viento viene a nosotros nuevamente, seguido por la nube, el fuego y el electro. Este ciclo debe repetirse una y otra vez a lo largo de nuestra vida cristiana. Esto nos muestra que, en cierto sentido, los cristianos no tenemos descanso en nuestra experiencia espiritual. He sido cristiano por más de cuarenta y cinco años, y jamás he tenido descanso en lo referente a este ciclo; en lugar de ello, ha habido una experiencia continua del viento que sopla, la nube que cubre, el fuego que consume y el electro refulgente. Todas las veces que este ciclo se repite, más del electro es producido.

  Sería terrible que este ciclo se detuviera. En nuestra experiencia, el ciclo del viento, la nube, el fuego y el electro no debiera detenerse jamás. Cuanto más experimentemos este ciclo, mejor. Sería maravilloso si experimentásemos diariamente el viento, la nube, el fuego y el electro. Ésta es la verdadera experiencia de la vida interior, y esto traerá consigo el crecimiento en vida.

Biblia aplicación de android
Reproducir audio
Búsqueda del alfabeto
Rellena el formulario
Rápida transición
a los libros y capítulos de la Biblia
Haga clic en los enlaces o haga clic en ellos
Los enlaces se pueden ocultar en Configuración