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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Hechos»
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Mensaje 1

LA POSICION QUE OCUPA EL LIBRO

  Lectura bíblica: Lc. 24:44-49; Mr. 16:15-16, 19-20; Mt. 28:18-20; Hch. 1:1-2

  Este mensaje da inicio al Estudio-vida de los Hechos de los Apóstoles. Al llegar a Hechos, debemos recordar que tanto este libro como el Evangelio de Lucas fueron escritos por la misma persona. Leamos Lucas 1:3: “Me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas ordenadamente, excelentísimo Teófilo”. Los dos primeros versículos de Hechos indican que este libro es la continuación del Evangelio de Lucas: “En el primer relato, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue llevado arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido”.

UNA SINOPSIS DEL EVANGELIO DE LUCAS

  Antes de proseguir, revisemos algunos detalles mencionados en el Estudio-vida de Lucas. Este evangelio presenta al Salvador-Hombre y muestra que nuestro Redentor, el Salvador, es el Dios-Hombre. Lucas nos proporciona un relato claro, no solamente del nacimiento del Salvador-Hombre, sino también de Su concepción. Además, describe la juventud, la vida, el ministerio, la muerte, la resurrección y la ascensión del Señor. Por tanto, el Evangelio de Lucas presenta un panorama amplio de todo lo que incluye la Persona maravillosa del Dios-Hombre desde Su concepción hasta Su ascensión.

  Podemos afirmar que la concepción del Salvador-Hombre fue Su venida de los cielos y también de Dios el Padre. Asimismo, Su ascensión fue Su regreso, no solamente a los cielos, sino también al Padre. La concepción del Salvador-Hombre fue Su venida a la tierra, y Su ascensión fue Su ida a los cielos. Esto hizo del Señor Jesús un Ser maravilloso. Su concepción y nacimiento lo constituyeron una persona divina y humana, Dios el Creador y un hombre, es decir, una criatura. Lucas 2:13-14 muestra que los ángeles exultaron al ver el nacimiento del Salvador-Hombre, quien venía a salvarnos. Los ángeles alababan a Dios y decían: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres de Su complacencia!”

  Esta maravillosa persona, vivió en la tierra como un hombre cuyas virtudes humanas expresaban los atributos divinos. Así vivió y así ministró. El ministró todo lo que vivió, y lo hizo hasta la muerte. El Salvador-Hombre sufrió la muerte, pasó por la muerte y salió de ella. Después de pasar por el dominio de la muerte y del Hades, El salió en resurrección. Por una parte, el Señor resucitó; por otra, Dios lo resucitó. Por tanto, El entró en resurrección, y en ella ascendió a los cielos. Ahora el Salvador-Hombre glorificado está en los cielos. Esta es una sinopsis del contenido crucial del Evangelio de Lucas.

EL MINISTERIO QUE EL SEÑOR REALIZA EN SU ASCENSION

  Las actividades del Señor no concluyeron cuando El ascendió a los cielos. Por el contrario, la ascensión del Salvador-Hombre marcó otro inicio. Como mencionamos en el Estudio-vida de Lucas, en la ascensión, Cristo recibió la investidura que lo capacitó para cumplir Su ministerio celestial. La concepción del Señor marcó un inicio, y Su ascensión, otro. Su concepción dio inicio a Su vida y Su ministerio en la tierra; mientras que Su ascensión fue el inicio de la vida y el ministerio que ahora realiza en los cielos. Por tanto, la ascensión de Cristo no fue el final de Sus actividades, sino el inició de una obra más profunda: Su ministerio celestial.

  El Evangelio de Lucas, el primer libro que éste escribió, describe el primer inicio que tuvo el Señor en Su vida y ministerio terrenales. Ahora se necesita un segundo libro, el libro de Hechos, que nos explique en qué vida y ministerio fue iniciado el Señor en Su ascensión. Por tanto, Lucas sintió que debía escribir un segundo libro que revelara la vida y el ministerio del Cristo ascendido. En Hechos vemos cómo el Señor vive y ministra en Su ascensión.

  Queremos recalcar el hecho de que, según el Evangelio de Lucas, el Señor vivió en la tierra. Su vida y ministerio fueron iniciados por Su concepción y concluyeron con Su resurrección. Después de Su resucitar, el Señor Jesús ascendió a los cielos. Esta ascensión no fue una terminación, sino un nuevo inicio, el cual lo llevó a otra esfera, es decir, a los cielos, donde ahora lleva una vida y un ministerio diferentes. Esta vida y este ministerio no los lleva a cabo el Jesús que fue concebido del Espíritu Santo en el vientre de una virgen y que nació en Belén, sino el Cristo ascendido. El Cristo resucitado y ascendido vive ahora en los cielos desde donde efectúa Su ministerio. La vida y ministerio que el Señor lleva a cabo en los cielos constituyen el contenido del libro de Hechos. ¡Espero que este cuadro que hemos presentado al comienzo de este estudio-vida nos impresione profundamente!

LA POSICION QUE OCUPA EL LIBRO DE HECHOS EN LAS ESCRITURAS

  En este mensaje, mi carga consiste en señalar la posición que ocupa el libro de Hechos en las Escrituras. Debemos preguntarnos: ¿Cuál es el lugar que ocupa Hechos entre todos los libros de la Biblia? Este libro se encuentra entre los cuatro evangelios y las epístolas, entre las que se incluye el libro de Apocalipsis. Por tanto, el libro de Hechos marca una línea divisoria. Antes de Hechos, tenemos los cuatro evangelios como continuación del Antiguo Testamento. Después de Hechos, tenemos las epístolas, que concluyen con el libro de Apocalipsis.

  Podemos comparar el libro de Hechos con la espina dorsal humana. La espina dorsal divide al cuerpo humano en dos partes: la derecha y la izquierda. Muchos problemas del cuerpo se deben a una espina dorsal débil. Una persona que padece de este problema, no puede ser fuerte. Podemos afirmar que el libro de Hechos es la espina dorsal del Nuevo Testamento y que lo divide en dos partes: (1) los evangelios y (2) las epístolas, incluyendo el libro de Apocalipsis.

  Al oír que el libro de Hechos es la línea divisoria y la “espina dorsal” del Nuevo Testamento, algunos dirán: “Antes, usted dividió los libros del Nuevo Testamento de una manera distinta. Ahora los está acomodando de otro modo”. Esto no debe inquietarnos, pues existen muchas maneras de acomodar los libros de la Biblia y no debemos limitarnos a una sola. Esta manera de dividir los libros del Nuevo Testamento recalca la importancia crucial de Hechos en el Nuevo Testamento.

  Los cuatro evangelios hablan de que el Señor Jesús vivió en la tierra, pero ¿dónde está Cristo en el libro de Hechos? La respuesta es, en los cielos. Hechos no nos presenta a un Cristo que está en la tierra, sino a un Cristo que vive en los cielos. En cuanto a la ascensión del Señor, nos ayudaría examinar las siguientes estrofas del himno 68:

  ¡Ved a Jesús sentado en el cielo!     Cristo el Señor al trono ascendió,     Como un hombre fue exaltado,     Con gloria Dios lo coronó.

  Naturaleza humana se puso,     Conforme al plan de Dios El murió.     Resucitado fue con un cuerpo,     Y como hombre ascendió.

  Dios se humilló en El en la tierra,     Dios con el hombre así residió;     El hombre en El al cielo exaltado,     Reconciliado fue con Dios.

  ¡Ved en el cielo a un hombre entronado!     De todos es ahora Señor;     Dios con Su gloria lo ha coronado,     Este es Jesús, el Salvador.

  ¡Qué maravilloso es que Cristo está ahora en el cielo entronado y que de todos es ahora Señor! Dios se humilló en El en la tierra, pero ahora, el hombre es exaltado al cielo en El. Este es el Cristo revelado en el libro de Hechos, y dicho libro divide los evangelios de las epístolas.

LA REVELACION QUE PRESENTAN LOS EVANGELIOS ACERCA DE CRISTO

  Los evangelios revelan a una persona maravillosa. Esta persona es el Dios eterno cuyo nombre es Jehová en el Antiguo Testamento. El es el Creador de todo el universo y del hombre. En Génesis 3:15, El profetizó que un día llegaría a ser la simiente de la mujer. Cuatro mil años después, esa promesa aún no se había cumplido. Finalmente el Señor Jesús vino como simiente de la mujer. En realidad, El era el propio Dios quien era concebido en el vientre de una virgen humana. Este hecho lo recalcamos en el Estudio-vida de Lucas y debemos conocerlo.

  El Dios todopoderoso, Jehová el eterno, el Creador del universo, fue concebido en el vientre de una virgen y nació de ella, lo cual lo constituyó una persona de dos naturalezas: la divina y la humana. Esto significa que El nació como Dios-hombre, es decir, como el Dios completo y el hombre perfecto. En El vemos a Dios en Su naturaleza y atributos divinos, y al hombre, en la naturaleza y las virtudes humanas. Por tanto, en esta persona, vemos al Dios completo y al hombre perfecto.

  Como Dios-hombre, el Señor Jesús llevó la vida de un hombre; no obstante, vivió por Dios y con Dios. Incluso podemos afirmar que El vivió a Dios y lo expresó en Su humanidad. En el Evangelio de Lucas, vemos a un hombre que vivió en la tierra, lleno de virtudes humanas que expresaban la naturaleza divina y los atributos divinos. En El, Dios se expresaba en un ser humano, pues la vida que llevaba era la mezcla de la divinidad con la humanidad, una compenetración de Dios y el hombre.

  Antes del Señor Jesús, nadie había vivido así. Esta vida no había existido jamás. Por consiguiente, la vida del Señor era única, pues en ella vemos la mezcla de Dios con el hombre. El Señor Jesús llevó esta vida y ministró por medio de ella. En realidad, Su ministerio era simplemente Su vivir. Su vivir era Su ministerio, cuyo fin era cumplir lo que el Antiguo Testamento había presentado acerca de El en profecías y tipos.

  Después de vivir en la tierra por treinta y tres años y medio, el Señor Jesús sabía que debía ir al monte Moriah para sufrir una muerte todo-inclusiva. El Señor no pasó por una muerte ordinaria; por el contrario, Su muerte fue extraordinaria, pues lo incluyó todo y cumplió lo que Dios exigía para limpiar el universo, poner fin a la vieja creación y llevarla a Su tumba. Por tanto, todo el universo fue sepultado con Cristo en la tumba.

  Después de eliminar la vieja creación, el Señor descansó en la tumba. Por otro parte, mientras descansaba en Su cuerpo de carne, El, en el Hades, estaba activo en Su espíritu (1 P. 3:18-20). Allí El proclamó la victoria de Dios sobre Su enemigo, Satanás. Después de que Cristo cumplió el propósito de Dios mediante Su muerte todo-inclusiva, salió de la muerte y se levantó de la tumba. Así llegó a ser el Salvador y Redentor resucitado. Además, en Su resurrección, El llegó a ser el Espíritu vivificante todo-inclusivo (1 Co. 15:45). Como se mencionó anteriormente, el Señor nos ha mostrado a través de Su Palabra que el Espíritu vivificante es la consumación final del Dios Triuno, quien llega a Su pueblo redimido. En Su resurrección, Cristo llegó a ser tal persona.

  En Juan 20, vemos que Cristo en Su resurrección, quien es el Espíritu vivificante, la consumación final del Dios Triuno que llega a Su pueblo redimido, volvió a Sus discípulos de una manera excelente y misteriosa para infundirse en ellos. El Señor sopló en ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo” (Jn. 20:22). En realidad, los discípulos representaban a todos los miembros del Cuerpo, y el Señor entró en tales representantes como Espíritu vivificante.

  En otra ocasión, el Cristo resucitado dijo a los discípulos: “He aquí, Yo envío la promesa de Mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lc. 24:49). Entonces “los sacó fuera hasta Betania, y alzando Sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndoles, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo” (Lc. 24:50-51). Antes de Su ascensión, el Señor mandó a Sus discípulos, quienes ya lo habían recibido como Espíritu vivificante en el aspecto esencial, a que esperaran a que El, después de Su ascensión, se derramara sobre ellos como Espíritu todo-inclusivo en el aspecto económico.

EN EL TRONO EN EL ASPECTO ECONOMICO Y EN LOS CREYENTES EN EL ASPECTO ESENCIAL

  Hemos dado un esbozo de la revelación completa que presentan los cuatro evangelios acerca de Cristo. Debemos ver este panorama en nuestro espíritu. En primer lugar, es importante que veamos que el Antiguo Testamento contiene profecías y tipos acerca de Jesucristo. Segundo, debemos ver que El fue concebido en el vientre de una virgen y que al nacer de ella fue constituido un Dios-hombre. Tercero, que El llevó una vida en la cual expresó los atributos divinos en Sus virtudes humanas. Cuarto, que el Señor pasó por la muerte y entró en la resurrección, transformandose así, en el Espíritu que llega a nosotros. Quinto, que en resurrección El se infundió como Espíritu vivificante en Sus discípulos al soplar en ellos; y por último, que ascendió a los cielos, después de haber dado órdenes a los discípulos a que esperasen a que El se derramara sobre ellos como Espíritu económico de poder.

  Ya vimos que el Señor Jesús fue concebido, que nació y vivió en la tierra, que murió y resucitó, y que ahora en Su ascensión está en los cielos. Resulta imposible describir a esta persona maravillosa en pocas frases. Se necesitan muchas palabras para definir a Aquel que está en el trono celestial.

  Es necesario emplear diferentes palabras para describir al Dios-hombre ascendido. El es el Dios eterno, Jehová el Creador todopoderoso del universo. El fue concebido en el vientre de una virgen, nació de ella y así llegó a ser un Dios-hombre. Luego llevó en la tierra una vida que era la mezcla de Dios con el hombre. Después de efectuar la redención eterna, El salió de la muerte, y en resurrección se hizo el Espíritu vivificante. Luego, en la esfera de la resurrección se infundió en Sus discípulos de manera esencial al soplar en ellos. Después, en el aspecto económico, ascendió al cielo. Por tanto, el Señor Jesús está ahora en los cielos en el aspecto económico como el Cristo glorificado, y en el aspecto esencial, en Sus discípulos como vida. ¡Aleluya por Aquel que está en Sus discípulos de una manera esencial y en el trono en los cielos en el aspecto económico! ¡Que todos tengamos esta visión de nuestro Salvador maravilloso!

  ¿Dónde está Cristo ahora? Podemos contestar: “En el aspecto esencial, Cristo está en nosotros, y en el económico, está en el trono en los cielos. Nuestro Salvador tiene dos aspectos: el esencial y el económico.”

  Muchos cristianos no se dan cuenta de que nuestro Salvador tiene el aspecto esencial y el económico. Según el primero, El mora en nosotros, mientras que conforme al segundo, El está sentado en los cielos. Anteriormente citamos el verso del himno: “¡Ved a Jesús sentado en el cielo!” El Señor Jesús está sentado en el cielo no en Su aspecto esencial, sino en el económico, y al mismo tiempo, El está en nosotros en el sentido esencial. ¡Cuán maravilloso es esto! Esta es la revelación que precede al libro de Hechos.

  Necesitamos recibir esta revelación antes de llegar a Hechos, lo cual significa que al empezar el estudio de este libro, debemos haber visto que el Señor Jesús está en el trono en el sentido económico y en nosotros esencialmente.

  Después de Hechos tenemos las epístolas. Si queremos entender las epístolas, debemos profundizar en el estudio del libro de Hechos. Si no entendemos correctamente Hechos, tampoco podremos entender las epístolas. Muchos lectores del Nuevo Testamento no entienden debidamente las epístolas porque carecen de una visión clara acerca de Hechos. Por tanto, acudimos al Señor para que nos abra este libro y nos proporcione un panorama claro de lo que en él se revela.

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