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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Hechos»
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Mensaje 44

LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO

(10)

  Lectura bíblica: Hch. 16:6-10

  En este mensaje, estudiaremos Hechos 16:6-10. Este pasaje describe la manera en que Dios condujo a Pablo y a sus colaboradores a Macedonia, una provincia del Imperio Romano ubicada en el sudeste de Europa. Daremos especial atención al Espíritu Santo, el cual se menciona en el versículo 6, y al Espíritu de Jesús, en el versículo 7.

EL ESPIRITU SANTO LES PROHIBIO

  Leamos Hechos 16:6: “Y atravesaron la región de Frigia y de Galacia, habiéndoles prohibido el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia”. Al igual que en la obra evangélica de Felipe (8:29, 39), el avance del apóstol Pablo y de sus colaboradores en cuanto a la propagación del evangelio, no se llevó a cabo por la decisión y preferencia de ellos, ni de acuerdo con ningún programa hecho por algún concilio humano, sino por el Espíritu Santo conforme al consejo de Dios. Como vemos, aunque ellos quisieron predicar la palabra en Asia, el Espíritu Santo se los prohibió. La prohibición es otra forma en que el Espíritu Santo nos guía.

EL ESPIRITU DE JESUS NO LES PERMITIO

  Hechos 16:7 declara: “Y cuando llegaron a Misia, intentaron entrar en Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió”. El hecho de que el Espíritu Santo les prohibiera que hablasen, y que el Espíritu de Jesús no les permitiera ir a cierto lugar, indicaba que Pablo y sus colaboradores debían avanzar en línea recta. Si observamos un mapa, veremos que ellos debían moverse rumbo a Europa oriental, y más específicamente, hacia Macedonia y Acaya. Como Pablo no tenía planes de ir a esa región, fue necesario que el Señor le mostrara una visión durante la noche, en la cual vio que un varón macedonio lo llamaba (v. 9).

  El hecho de que el Espíritu Santo les prohibiera ir a la izquierda, a Asia (v. 6), y que el Espíritu de Jesús no le permitiera ir a la derecha, a Bitinia, sólo les dejaba una opción a Pablo y a sus colaboradores: avanzar en línea recta con rumbo directo a Macedonia, pasando por Misia y Troas (v. 8).

DOS TITULOS DIVINOS QUE NO SE MENCIONAN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

  Debemos prestar especial atención a dos títulos divinos que aparecen en los versículos 6 y 7: El Espíritu Santo y el Espíritu de Jesús. El Espíritu de Jesús y el Espíritu Santo, mencionado en el versículo precedente, se usan de modo intercambiable, lo cual revela que el Espíritu de Jesús es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es un título general del Espíritu de Dios en el Nuevo Testamento; mientras que el Espíritu de Jesús es una expresión particular acerca del Espíritu de Dios, y se refiere al Espíritu del Salvador encarnado, quien como Jesús, pasó por el vivir humano y la muerte de cruz. Esto indica que el Espíritu de Jesús no sólo contiene el elemento divino de Dios, sino también el elemento humano de Jesús, con los elementos de Su vivir humano y de Su muerte. Tal Espíritu, el Espíritu todo-inclusivo, era necesario para que Pablo cumpliera su ministerio de predicación, un ministerio de sufrimiento llevado a cabo entre los seres humanos y para ellos en la vida humana.

  Hemos visto que en Hechos 16, Lucas habla primeramente del Espíritu Santo y luego menciona al Espíritu de Jesús. En el Antiguo Testamento, leemos acerca del Espíritu de Dios en Génesis 1:2b: “El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. El Espíritu de Dios se movía sobre las aguas de la muerte. En otra parte del Antiguo Testamento, al Espíritu de Dios se le llama el Espíritu de Jehová (Jue. 3:10; Ez. 11:5). Pero vemos que el título “Espíritu Santo” no aparece en el Antiguo Testamento. En Salmos 51:11 y en Isaías 63:10-11, el título “Santo Espíritu”, debería traducirse más bien “Espíritu de Santidad”. Por consiguiente, los principales títulos dados al Espíritu en el Antiguo Testamento son, el Espíritu de Dios y el Espíritu de Jehová. En ningún lugar de la Biblia el Espíritu de Dios es llamado el Espíritu de Elías o el Espíritu de David. Por consiguiente, vemos que Lucas al escribir Hechos 16 usó dos títulos del Espíritu de Dios que no se encuentran en el Antiguo Testamento.

  El título “Espíritu Santo” se menciona por primera vez en la Biblia en relación con la concepción del Señor Jesús. Este título comenzó a usarse en el momento de alistar el camino para la venida de Cristo, y de preparar un cuerpo humano para El, a fin de dar inicio a la economía neotestamentaria (Lc. 1:15, 35; Mt. 1:18, 20). Si hemos de entender el uso del título Espíritu Santo, debemos ver que este título se usó en conexión con la encarnación del Señor. Por tanto, según el principio de la primera mención, concluimos que el Espíritu Santo se relaciona con la encarnación y el nacimiento de Cristo.

  En Hechos 16:7, Lucas pasa a hablar del Espíritu Santo al Espíritu de Jesús. El Señor Jesús como hombre primero llevó una vida humana y luego fue crucificado. Después, resucitó y ascendió a los cielos, y fue hecho Señor y Cristo. Debido a esto, el Espíritu de Jesús conlleva más significado que el Espíritu Santo. El Espíritu Santo solamente incluye los elementos de la encarnación y nacimiento del Señor Jesús, pero el Espíritu de Jesús abarca Su humanidad, vivir humano, muerte, resurrección y Su ascensión.

UN NUEVO MOVER EN LA ECONOMIA NEOTESTAMENTARIA DE DIOS

  En Hechos 16, vemos que el avance de los apóstoles en cuanto a la propagación del evangelio, no se efectuó meramente según el Espíritu de Dios, sino según el Espíritu Santo, el cual se relaciona con la encarnación y el nacimiento del Señor, y por el Espíritu de Jesús, el cual participó en la humanidad, vivir humano, muerte, resurrección y la ascensión del Señor. Estos dos títulos divinos indican claramente que el avance de Pablo en su obra evangelizadora, no se llevó a cabo conforme a la dispensación antigua. Si éste fuera el caso, se habría mencionado el Espíritu de Dios o el Espíritu de Jehová, pero Hechos 16 no menciona ninguno de estos títulos. En lugar de esto, menciona que el Espíritu Santo prohibió a Pablo y a sus colaboradores de que hablaran la palabra en Asia, y que el Espíritu de Jesús no les permitió ir a Bitinia. Por lo tanto, el hecho de que Lucas se refiriera al Espíritu Santo y al Espíritu de Jesús, indica que la obra evangélica de los apóstoles era un nuevo mover en la economía neotestamentaria de Dios. Como lo hemos señalado, nuestra carga en este Estudio-vida de Hechos no consiste en abarcar todos los asuntos secundarios. Antes bien, deseamos ver cómo Dios se mueve en la tierra para llevar a cabo Su economía neotestamentaria, y presentar cada uno de los casos en los que se aprecia un cambio dispensacional en cuanto al mover de Dios.

  La economía neotestamentaria de Dios se lleva a cabo por medio de la encarnación, humanidad, vivir humano, muerte, resurrección y la ascensión del Señor, y cada uno de estos asuntos se encuentran en el Espíritu Santo y en el Espíritu de Jesús. Esto significa que el Espíritu, quien en este pasaje se denomina el Espíritu Santo y el Espíritu de Jesús, es la totalidad y la consumación final de la encarnación, humanidad, vivir humano, muerte, resurrección y ascensión de Cristo. Cuando tenemos al Espíritu Santo y al Espíritu de Jesús, tenemos a Cristo en Su encarnación, humanidad, vivir humano, muerte, resurrección y Su ascensión.

  Ya hemos dicho que Cristo, después de Su resurrección y en ella, fue hecho el Cristo pneumático. El Cristo pneumático se refiere al mismo Espíritu (1 Co. 15:45; 2 Co. 3:17). El Espíritu Santo, quien también es el Espíritu de Jesús, es la totalidad del Cristo pneumático, el cual está constituido de ciertos elementos, tales como encarnación, humanidad, vivir humano, muerte, resurrección y ascensión. En todo el universo, El es el único que reúne estos seis logros; El es el único que ha pasado exitosamente por la encarnación, humanidad, vivir humano, muerte, resurrección y la ascensión. Por tanto, el Espíritu de Jesús es la realidad de tal Jesús tan competente. El Espíritu de Jesús es la totalidad de esta persona todo-inclusiva. En Hechos 16, Pablo y sus colaboradores se movieron bajo la dirección de tal Espíritu, el cual es la totalidad del Cristo todo-inclusivo.

LA VERDAD HALLADA EN LAS PROFUNDIDADES DE LA PALABRA

  Lo que he ministrado en este mensaje en cuanto al Espíritu Santo y el Espíritu de Jesús no es el fruto de mi imaginación, sino el resultado de haber estudiado la Palabra santa y los escritos de otros hermanos, por más de medio siglo, y de observar cuál ha sido el fruto en mi experiencia y en la de otros santos. Por tanto, lo que les comparto referente a estos dos títulos del Espíritu divino, se basa en años de estudio, observación y experiencia.

  Si vemos lo que significan los títulos el Espíritu Santo y el Espíritu de Jesús, nos lamentaremos del entendimiento tan pobre y limitado que tienen los cristianos hoy en día acerca de estas verdades. ¿Quién de ellos sabe que el Espíritu de Jesús es la totalidad y la realidad de Cristo, el único que fue capacitado por haber pasado exitosamente por la encarnación, humanidad, vivir humano, muerte, resurrección y la ascensión? No es que estemos orgullosos de lo que el Señor en Su misericordia nos ha mostrado, sino que sentimos la responsabilidad de declarar estas verdades a los que buscan a Dios. Los aspectos profundos de la verdad del Espíritu no se hallan en la teología tradicional, sino en las profundidades de la Palabra. Si deseamos conocer estos aspectos, no estaremos conformes quedándonos en la superficie de la Palabra. Nosotros, quienes estamos en el recobro del Señor, no debemos permanecer más en la superficie de la Palabra.

  Debemos examinar los dos títulos divinos mencionados en Hechos 16:6 y 7. Aquel que les prohibió a Pablo y a Silas anunciar la palabra en Asia, no fue el Espíritu de Dios ni el Espíritu de Jehová, sino el Espíritu Santo, el cual llevó a cabo la concepción del Salvador. Luego, cuando los apóstoles intentaron entrar en Bitinia, nuevamente, no fue el Espíritu de Dios ni el Espíritu de Jehová quien les prohibió ir, sino el Espíritu de Jesús. El Espíritu de Jesús es el Espíritu de Aquel que posee humanidad, que llevó una vida humana en la tierra por treinta y tres años y medio, quien además sufrió una muerte todo-inclusiva, resucitó de entre los muertos para propagar la vida divina impartiéndola a todos Sus creyentes, y quien más tarde ascendió a los cielos y fue hecho Señor y Cristo. El Espíritu que no les permitió a los apóstoles entrar en Bitinia, fue el Espíritu de este Jesús. Este Espíritu es la totalidad y la realidad del Jesús todo-inclusivo. Estos versículos demuestran que los apóstoles se movían bajo la dirección del Espíritu todo-inclusivo. Espero que veamos esta revelación y no nos conformemos con una comprensión superficial de la Palabra de Dios.

ESTAR CONSTITUIDOS DEL ESPIRITU SANTO Y DEL ESPIRITU DE JESUS

  La obra que realicemos por el Señor dependerá de la clase de Espíritu que nos guíe, nos dirija y nos instruya, y del cual estemos constituidos. Pablo no estaba constituido del Espíritu de Dios ni del Espíritu de Jehová, sino del Espíritu Santo y del Espíritu de Jesús. Pablo, como vaso que contenía al Dios Triuno, estaba plenamente constituido del Espíritu Santo, el cual participó en la encarnación y nacimiento del Señor, y del Espíritu de Jesús, el cual participó en la humanidad, el vivir humano, la muerte todo-inclusiva, la resurrección que impartió la vida, y en la ascensión del Señor. Pablo era una persona que estaba constituida de este Espíritu todo-inclusivo de tal forma que, cuando salió a predicar, pudo verdaderamente anunciar a Jesucristo.

  Debe impresionarnos el hecho de que la obra que llevemos a cabo para el Señor dependerá del Espíritu que nos guíe y del cual estemos constituidos. Es imprescindible que el Espíritu llegue a formar parte de nuestra propia constitución, pues sólo así nuestra obra lo expresará a El. Por ejemplo, ¿cree usted que el Espíritu Santo era quien dirigía a Elías o que éste hubiera podido llevar una obra en favor del Jesús encarnado, quien posee los elementos de humanidad, vivir humano, muerte, resurrección y ascensión? Claro que no, pues Elías, no tenía este Espíritu; él solamente contaba con el Espíritu de Dios y el Espíritu de Jehová. Aunque este Espíritu fuera poderoso, Elías mismo no estaba constituido del Espíritu de Jesús, y por esa razón, jamás podría ministrar a Jesús como Aquel que es todo-inclusivo, ni transmitirlo como tal a los demás.

EL SIGNIFICADO DEL ESPIRITU SANTO Y DEL ESPIRITU DE JESUS

  En Hechos 16, es fácil hablar de una manera general del Espíritu que guía. Como ya hemos visto, Pablo no propagó el evangelio según sus propias decisiones o preferencias, ni según algún concilio humano, sino por el Espíritu. Pero esta comprensión continúa siendo general. Por tanto, necesitamos recibir la visión celestial para ver lo que implican estos dos títulos divinos: el Espíritu Santo y el Espíritu de Jesús. A fin de entenderlos, debemos escudriñar el tema del Espíritu en las profundidades de la Biblia. Primero, debemos estudiar el tema del Espíritu a lo largo de las Escrituras, y ver cómo se menciona el Espíritu de Dios en Génesis y el Espíritu de Jehová en los demás libros del Antiguo Testamento. Luego, debemos preguntarnos por qué no se usa la expresión Espíritu Santo, sino hasta el momento de la encarnación de Dios. Una vez que veamos esto, nos daremos cuenta de que el título “Espíritu Santo” se relaciona con la economía neotestamentaria de Dios. Este título indicaba particularmente que Dios sería introducido en el hombre para venir a ser uno con él mediante la encarnación. Por lo tanto, el título Espíritu Santo, el cual aparece en el Nuevo Testamento, indica que Dios ahora se mezcla con el hombre.

  Necesitamos discernir también lo que significa el Espíritu de Jesús. Este título del Espíritu se refiere al Señor como persona todo-inclusiva, quien fue un hombre, que llevó una vida humana en Su humanidad, que fue a la cruz y sufrió una muerte todo-inclusiva, que resucitó para propagar la vida divina, y que ascendió a los cielos para ser hecho Señor y Cristo. Si escudriñamos las Escrituras y recibimos la visión celestial acerca del Espíritu; veremos que el Espíritu de Jesús evoca la humanidad del Señor, Su vivir humano, Su muerte, Su resurrección y Su ascensión.

  Es fácil entender la Biblia de manera superficial. Incluso si leemos toda la Biblia una sola vez, podemos obtener cierto conocimiento superficial. No obstante, si queremos recibir la revelación celestial, tenemos que penetrar en las profundidades de las Escrituras. Además de esto, necesitamos ejercer discernimiento para ver lo que la Palabra revela. El Señor Jesús tenía una comprensión profunda de las Escrituras cuando indicó que el título “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” aludía a la resurrección (Mt. 22:31-33).

  Espero que todos aprendamos a penetrar las profundidades de la Palabra de Dios, a fin de conocer las verdades más profundas, que durante siglos han permanecido ocultas. De manera particular, espero que aprendamos el significado de los dos títulos divinos mencionados en Hechos 16:6 y 7, a saber, el Espíritu Santo y el Espíritu de Jesús.

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