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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Tito»
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Mensaje 3

GUIAR A LOS SANTOS DE DIFERENTES EDADES A LLEVAR UNA VIDA ORDENADA

  Lectura bíblica: Tit. 2:1-8

  En Tito 2:1-8, la palabra “sano” o “sana” aparece tres veces. En el versículo 1 Pablo dice: “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana enseñanza”; luego, en el versículo 2 Pablo habla de ser sanos en la fe, en el amor y en la perseverancia; y finalmente, en el versículo 8 Pablo hace referencia a “un hablar sano e irreprochable”. Tito debía hablar lo que estaba de acuerdo con la sana enseñanza y presentarse como ejemplo de buenas obras, y los ancianos debían ser sanos en la fe, en el amor y en la perseverancia. Es muy significativo que en estos versículos, una sección de Tito en la que se pide a los santos que lleven una vida ordenada en la iglesia, Pablo usa tres veces la palabra “sano” o “sana”. Si estudiamos los versículos donde se emplea esta palabra, y especialmente si los oramos-leemos, seremos ricamente nutridos. Les animo a que oren lo que Pablo dice respecto de la sana enseñanza, de ser sanos en la fe, en el amor y en la perseverancia, y de tener un hablar sano. Si lo hacen, disfrutarán de un excelente platillo espiritual.

I. HABLAR LO QUE ESTÁ DE ACUERDO CON LA SANA ENSEÑANZA

  Tito 2:1 dice: “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana enseñanza”. Este versículo comienza con la palabra “pero”, lo cual indica que lo que sigue a continuación está en contraste con lo dicho en 1:16. Tito, a diferencia de los que profesaban conocer a Dios pero que con sus obras lo negaban, debía hablar sólo lo que estuviera de acuerdo con la sana enseñanza.

  La sana enseñanza siempre concuerda con la verdad (1:14) de la fe (1:13), y es el contenido de la enseñanza de los apóstoles, el contenido de la economía neotestamentaria de Dios. Dicha enseñanza no sólo imparte el suministro de vida a los creyentes y sana las enfermedades espirituales, sino que al hacerlo, también contribuye a que la iglesia tenga una condición saludable y un buen orden. Por lo tanto, la sana enseñanza se recalca mucho en estos tres libros —1 y 2 Timoteo y Tito—, los cuales tratan del desorden y de la decadencia de la iglesia. En 2:1 Pablo encargó a Tito que no se desviara de la sana enseñanza, la enseñanza de los apóstoles. Él no debía ser como los que se oponen, ni como los habladores de vanidades, ni como los que enseñan cosas diferentes y hacen que la iglesia esté sujeta a la influencia del judaísmo y del gnosticismo.

  Asimismo, nosotros debemos recordar que debemos hablar lo que concuerde con la sana enseñanza. La palabra “sana” alude a aquello que es higiénico y que puede vacunar a otros contra el veneno espiritual y también suministrarles vida. Nuestras enseñanzas no deben solamente transmitir conocimiento a los demás, sino que además deben suministrarles vida. A menudo, cuando he tenido la tentación de hablar de cierto tema, algo me ha impedido hacerlo. Me doy cuenta de que no hay mucho del elemento higiénico en lo que voy a decir. Es necesario que nos recordemos a nosotros mismos —y también es necesario que el Espíritu nos lo recuerde— que debemos suministrar la sana enseñanza.

  Las sanas enseñanzas no engendran debates ni contiendas. Si damos la debida importancia al hecho de alimentarnos del Señor, no nos interesará discutir. El comedor no es lugar para debatir o discutir, sino un lugar para nutrirnos y disfrutar los alimentos. En la vida de iglesia, no debemos cambiar el comedor por un escritorio. Todos debemos aprender a servir “platillos” saludables en el comedor para alimentar a los santos.

II. EN CUANTO A LOS ANCIANOS

  En el mensaje anterior dijimos que al pelear la batalla por la verdad, debemos mantener una excelente relación con los demás. Nuestra conducta debe concordar con el nivel más elevado y debe ser también muy humana. En todas las áreas de nuestra vida diaria y de nuestra vida familiar debemos conducirnos adecuadamente.

  En las tres epístolas de 1 y 2 Timoteo y Tito, Pablo realza la importancia de tener una humanidad apropiada. En 2:2 Pablo, hablando de los ancianos, dice: “Que los ancianos sean moderados, honorables, sensatos, sanos en la fe, en el amor, en la perseverancia”.

A. Moderados

  Según este versículo, los ancianos deben ser moderados. Ser moderados significa tener dominio propio y ser templado. A menudo, los ancianos se ofenden o se enojan con más facilidad que los jóvenes. Siendo yo mismo una persona anciana, puedo testificar que en una familia, los más viejos son los que generalmente se irritan o impacientan. Hoy me irritan y molestan cosas que hace cincuenta años no me incomodaban en lo más mínimo. Eso indica que, como persona anciana que soy, necesito la exhortación de Pablo a ser moderado. Por supuesto, ser moderado es una virtud que necesitamos todos lo que estamos en la vida de iglesia.

B. Honorables

  Los ancianos deben también ser honorables. Ser honorable es una característica del carácter humano que es digna de profundo respecto. Implica dignidad e inspira e invita honor. Ser honorable es una virtud que invita el respeto de los demás.

C. Sensatos

  En el versículo 2 Pablo encarga a los ancianos que sean sensatos. El dice lo mismo con respecto a las mujeres jóvenes (v. 5) y a los jóvenes (v. 6). En 1 Timoteo 3:2 Pablo menciona esta cualidad como uno de los requisitos de uno que vigila. Ser sensato significa ser perspicaz y también discreto en el entendimiento de los asuntos. No importa qué edad tengamos, todos necesitamos ser sensatos. Si somos sensatos, evitaremos caer en los extremos de ser demasiado cálidos o demasiado fríos. Por un lado, debemos ser ardientes en espíritu; por otro, debemos ser sensatos. Si queremos ser seres humanos apropiados, necesitamos esta virtud.

D. Sanos

1. En la fe

  Si hemos de ser sanos en la fe, es preciso que participemos diariamente de la infusión que proviene de la unión orgánica que disfrutamos con el Dios Triuno. La palabra “fe” en el versículo 2 no se refiere a la fe objetiva, o sea, a las cosas en las que creemos, sino a nuestra acción de creer. En nuestra vida diaria, necesitamos una fe que nos guarde en la unión orgánica. Para ser sanos en la fe, debemos acudir a la Palabra y tener contacto con el Señor, orando de manera viviente con el ejercicio de nuestro espíritu. Entonces tendremos fe, es decir, el Dios vivo se infundirá en nosotros al contactar nosotros la Palabra en el espíritu. La fe, por ende, es una persona viva que se infunde en nosotros. Cuanto más permanezcamos en la unión orgánica con esta persona divina, más sanos seremos en la fe.

2. En el amor

  Si somos sanos en la fe, automáticamente seremos sanos en el amor. Es posible amar a otros demasiado o amarlos muy poco. De una u otra forma, nuestro amor no es sano; antes bien, estamos algo enfermos respecto a nuestra forma de amar.

  ¿Por qué ama usted tanto a cierto hermano y a otros prácticamente no los ama? Ello se debe a que usted ama a los demás conforme a su gusto personal. En Filipenses 2:2 Pablo dice que debemos tener el mismo amor para con todos los santos. Eso significa que el amor que mostramos hacia todos los santos debe estar en el mismo nivel. Amar a los santos con diferentes niveles de amor es no ser sanos en el amor. En cambio, amar a todos con el mismo amor equivale a ser sanos en el amor.

3. En la perseverancia

  Según Tito 2:2 los ancianos deben también ser sanos en la perseverancia. Si tenemos la debida perseverancia, podremos soportar las cosas que nos molestan y nos perturban. Como dijimos anteriormente, una persona anciana se molesta con más facilidad. Como alguien que tiene muchos hijos y nietos, y que tiene que relacionarse con tantas iglesias y colaboradores, puedo testificar de cuán necesaria es la perseverancia. Por ejemplo, necesito perseverancia simplemente para atender toda la correspondencia que recibo cada día. Recibo tanta correspondencia, que he desarrollado un sistema para clasificarla y ordenarla. Aun esto exige perseverancia. Si me faltara perseverancia, no sabría qué hacer con toda esa correspondencia.

  Especialmente los que somos ancianos, necesitamos perseverancia. Cuanto más envejecemos, más la necesitamos. En particular, los ancianos de una iglesia local necesitan la perseverancia. Por ejemplo, a veces pueden recibir llamadas telefónicas a altas horas de la noche. Para atender estas llamadas debidamente, se necesita perseverancia.

  Una vez más quiero recalcarles que en la vida de iglesia aspiramos a llevar una vida humana apropiada, que exhiba todas las virtudes humanas. No aspiramos a ser como los ángeles; más bien, deseamos ser genuinamente humanos.

III. EN CUANTO A LAS ANCIANAS

  En los versículos 3 y 4 Pablo habla acerca de las ancianas: “Las ancianas asimismo sean en su porte cual conviene a quienes se ocupan de las cosas sagradas; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien, para que eduquen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos”. El hecho de que Pablo usara la palabra “asimismo” indica que la conducta de las ancianas debe ser semejante a la de los ancianos. En su porte, ellas deben ser como conviene a quienes se ocupan de las cosas sagradas. La palabra “porte” denota el comportamiento, lo cual incluye ademanes y costumbres. La frase traducida “quienes se ocupan de las cosas sagradas” parece ser un término especial usado para referirse al que desempeña algún servicio en la iglesia. Cualquier servicio que hagamos en la iglesia es sagrado, y nuestro porte debe corresponder a dicho servicio. El porte incluye nuestra actitud, aspecto externo y comportamiento. Todo esto debe ser acorde con el área de servicio en el que participamos en la iglesia. Especialmente el porte de las ancianas debe ser como conviene a quienes se ocupan de las cosas sagradas, cosas que están relacionadas con el servicio de la iglesia.

  Pablo dice también que las ancianas no deben ser calumniadoras. El diablo es un calumniador (Ap. 12:10). Calumniar es expresar la naturaleza del calumniador malvado. Una hermana anciana debe huir de la calumnia, la acción maligna del diablo.

  En el versículo 3 Pablo les dice también que no sean “esclavas del vino”. La palabra “esclavas” puede compararse con la palabra “dados” empleada en 1 Timoteo 3:8, aunque ser esclavo de algo tal vez sea peor que ser dado a algo. Las ancianas definitivamente no deben ser esclavas del vino.

  Pablo dice también que las ancianas deben ser “maestras del bien” y que deben educar a las mujeres jóvenes. Ser maestras del bien significa dar buena enseñanza.

IV. EN CUANTO A LAS MUJERES JÓVENES

  En los versículos 4 y 5 vemos que las mujeres jóvenes deben “amar a sus maridos y a sus hijos” y “ser sensatas, puras, hacendosas, buenas, sujetas a sus propios maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”. Las ancianas deben educar a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos. En la vida de iglesia hacemos mucho hincapié en que debemos llevar una vida matrimonial y una vida familiar adecuadas. En conformidad con lo que dice Pablo, deseamos que las hermanas amen a sus maridos y a sus hijos de manera absoluta. Además, las mujeres jóvenes deben ser sensatas, puras, hacendosas, buenas, sujetas a sus propios maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada. La palabra de Dios, enseñada apropiada y adecuadamente en una iglesia local, debe ser confirmada por la sumisión de las hermanas a sus propios maridos; de otro modo, la palabra de Dios podría ser blasfemada, esto es, difamada o censurada.

V. EN CUANTO A LOS JÓVENES

  El versículo 6 dice: “Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean sensatos”. El hecho de que Pablo use la palabra “asimismo” indica que el encargo que dirige a los jóvenes es similar al que ha dado a los demás. En particular, Pablo manda a Tito que exhorte a los jóvenes a ser sensatos. Hemos dicho que en 1 y 2 Timoteo y Tito Pablo recalca la necesidad de que todos los santos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, sean sensatos. Todos los que participan en la vida de iglesia necesitan ser sensatos. Esta virtud se requiere especialmente cuando la iglesia está en decadencia. Para que seamos protegidos de cualquier decadencia, todos los que estamos en las iglesias locales debemos ser sensatos.

VI. EL ENCARGO DEL APÓSTOL

  En los versículos 7 y 8 Pablo dirige un encargo particular a Tito: “Presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando incorruptibilidad, dignidad, un hablar sano e irreprochable, de modo que quien se oponga se avergüence, no teniendo nada malo que decir de nosotros”. En primer lugar, el apóstol encargó a Tito a hablar lo que estuviera de acuerdo con la sana enseñanza (v. 1). Ahora le encarga además que se presente a sí mismo como ejemplo de buenas obras. En su enseñanza, la cual tenía que ser sana, él debía mostrar tres cosas: incorruptibilidad, o sea, que no contiene nada corrompido o que sea capaz de corromper, sino que es absolutamente puro, genuino y sincero con respecto a su contenido, presentación y motivo; dignidad, o sea, que inspira reverencia; y un hablar sano, un discurso dado con palabras sanas (1 Ti. 6:3) que ministra cosas sanas y no es censurable ni reprensible (v. 8). Tal hablar avergonzará a quien se oponga. La palabra griega traducida “los que se oponen” en el versículo 8 significa los que están del lado opuesto o contrario; se refiere a un opositor pagano o judío. La sana enseñanza, un discurso sano dado con palabras sanas, es el antídoto más eficaz contra las calumnias de los que se oponen. Puesto que la palabra de verdad al ser enseñada ilumina e imparte vida, siempre tapa la boca a quienes, instigados por la serpiente antigua, emiten sus opiniones doctrinales.

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