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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Mateo»
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Mensaje 62

LA PROFECIA ACERCA DEL REINO

(2)

  Hemos visto que la respuesta que el Señor dio a la pregunta de Sus discípulos consta de tres secciones: la sección con relación a los judíos (Mt. 24:4-31), la sección acerca de la iglesia (Mt. 24:32-51; 25:1-30) y la sección con respecto a los gentiles (Mt. 25:31-46). La sección con relación a Israel se divide a su vez en dos partes: desde la ascensión de Cristo hasta el fin, o la consumación del siglo (24:1-14), y la que se ocupa de la consumación del siglo (Mt. 24:15-31). Debemos tener presentes estas subdivisiones para poder entender Mt. 24:1-31. También necesitamos ser cuidadosos para no aplicar equivocadamente estos versículos, es decir, para no aplicarlos a un tiempo equivocado ni a una categoría equivocada de personas.

  Muchos maestros cristianos no entienden el significado de la expresión “el fin”. Esta frase griega puede traducirse como: “la consumación del siglo” o “la culminación de la era”. El fin, o sea, la consumación del siglo, denota los tres años y medio de la gran tribulación que finalizarán esta era. Por lo tanto, la consumación del siglo no es el cierre de la era, sino el último período de la era. Debemos comprender con claridad este asunto para entender las profecías del Antiguo y Nuevo Testamentos. Muchos maestros cristianos se confunden con las profecías porque no entienden claramente a que se refiere la consumación del siglo.

  Esta expresión: “la consumación del siglo”, se encuentra en el último versículo de Mateo (Mt. 28:20). Puesto que tenemos la esperanza de ser arrebatados, confiamos en que el Señor esté con nosotros hasta la consumación del siglo y no hasta el cierre de la era. Al cierre de la era, el Señor descenderá a la tierra y pondrá Sus pies sobre el monte de los Olivos. Antes de que esto suceda, habrá un período que la Biblia llama la consumación del siglo, un tiempo que durará tres años y medio. En Mateo 24:6 el Señor dijo a Sus discípulos que oirían de guerras y rumores de guerras, pero que eso “aún no es el fin”. Además, les dijo que no se alarmaran por tales cosas, pues ellas serían sólo el principio de los dolores de parto; la consumación del siglo, la gran tribulación, aún no habría llegado. Pero en el versículo 14 El dijo que el evangelio del reino sería predicado en toda la tierra habitada, para testimonio a todas las naciones, y que entonces vendría el fin. En el versículo 6 dijo: “aún no es el fin”, pero en el versículo 14 declaró: “entonces vendrá el fin”.

  Necesitamos recordar que Mt. 24:1-14 revela los eventos entre la ascensión de Cristo y la consumación del siglo. Todos estos versículos deben aplicarse a los judíos durante este período de tiempo específico.

B. Durante la consumación del siglo

  Ahora llegamos a Mt. 24:15-31. Estos versículos describen las cosas que sucederán en la consumación del siglo, esto es, durante los tres años y medio de la gran tribulación. El fin, o sea, la consumación del siglo, empieza con el versículo 15. Recuerde que este capítulo revela, en particular, las señales que habrá por la venida del Señor y las señales que se verán en la consumación del siglo. El versículo 14 indica que la predicación del evangelio del reino a toda la tierra será una señal innegable con respecto a la consumación del siglo. Debemos darnos cuenta que los tres años y medio de la gran tribulación estarán a punto de comenzar cuando esta predicación se haya cumplido. Por tanto, la predicación del evangelio del reino será la más grande señal respecto al fin del siglo. Antes de que esta predicación se lleve a cabo, muchas otras cosas deberán acontecer; pero éstas no serán las señales de la consumación del siglo, porque al hablar de ellas, el Señor indicó que aún no sería el fin. Por consiguiente, la predicación del evangelio del reino a toda la tierra habitada será la señal singular con respecto a la consumación de este siglo, el fin de esta era. Inmediatamente después de la predicación del evangelio del reino, habrán de cumplirse los eventos descritos en el versículo 15.

1. La gran tribulación

a. La imagen del anticristo es erigida en el templo

  El versículo 15 dice: “Por tanto, cuando veáis la abominación desoladora, anunciada por medio del profeta Daniel, erigida en el lugar santo (el que lee, entienda)”. Nadie sabe cuánto tiempo durarán los eventos mencionados en los versículos del 4 al 14. Pero la profecía en los versículos del 15 al 31, con respecto al remanente de los judíos, ciertamente se cumplirá en los últimos tres años y medio de esta era, el período de la gran tribulación, la segunda mitad de la última semana en la profecía de Daniel 9:27; comenzará cuando se levante en el templo la imagen, o ídolo, del anticristo (v. 15) y terminará cuando Cristo venga visiblemente (v. 30).

  “La abominación” denota un ídolo (Dt. 29:17). Aquí se refiere a la imagen del anticristo, la cual será erigida como ídolo en el templo de Dios (Ap. 13:14-15; 2 Ts. 2:4) al comienzo de la gran tribulación (Mt. 24:21). El anticristo con su falso profeta obligarán a la gente a adorar este ídolo. Así que, el alzamiento de este ídolo señalará el comienzo de la gran tribulación, la consumación del siglo.

  Muchos cristianos no entienden claramente esta expresión “la abominación desoladora”. Como ya hemos visto, aquí la abominación se refiere a un ídolo, la imagen del anticristo que será erigida en el lugar santo. De acuerdo con Apocalipsis 13, esta imagen será capaz de hablar, lo cual nunca antes había sucedido. La palabra griega traducida “desoladora” significa “que causa desolación”, o sea, “que asola”. La abominación, la imagen del anticristo, causará desolación. Al anticristo también se le llama “el destructor” (Apolión, Ap. 9:11), pues causará gran destrucción (Dn. 8:13, 23-25; 9:27). Tan pronto como el anticristo levante su imagen y obligue a la gente a adorarla, él empezará a destruir todas las cosas que tengan que ver con la religión. Además, este ídolo provocará la ira del Señor, por lo cual El mismo vendrá a destruir al anticristo y a su ejército. Esto es lo que denota la expresión “la abominación desoladora”.

  Este ídolo será erigido en el lugar santo. Aquí, el lugar santo se refiere a los santuarios del templo de Dios (Sal. 68:35; Ez. 7:24; 21:2), lo cual indica que el anticristo levantará su imagen en el templo.

b. Los judíos deben huir

  Los judíos deberán huir cuando sea erigida en el lugar santo la abominación desoladora. El versículo 16 dice: “Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes”. El que esté en la azotea, no debe ni siquiera bajar a recoger las cosas de su casa, porque la gran tribulación habrá llegado. La situación será tan crítica que los judíos no deberán volver a sus casas a recoger sus cosas, y los que estén en el campo no deberán volver atrás ni siquiera para tomar su capa (v. 18). El versículo 19 dice: “Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que amamanten en aquellos días!” A las que estén encintas y a las que amamanten les será difícil escapar. Será necesario que los judíos huyan tan rápido como les sea posible.

  El versículo 20 continúa: “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en sábado”. Durante el invierno es difícil escapar, y en el sábado sólo se puede recorrer una distancia limitada. En día de sábado se les permitía a los judíos recorrer solamente una corta distancia (Hch. 1:12), la cual no sería suficiente para escapar. Aquí la mención del día sábado indica que los judíos todavía guardarán este día después de la restauración de la nación de Israel. Los discípulos, que escuchaban la palabra del Señor, tenían una doble condición: por una parte, eran representantes del remanente de los judíos, y por otra, eran creyentes neotestamentarios, los que constituyen la iglesia. En el pasaje donde el Señor habla con respecto a los judíos (Mt. 24:4-31), los discípulos representan el remanente de los judíos, mientras que en la sección que trata de la iglesia (24:32—25:30), ellos representan a los creyentes neotestamentarios. En los cuatro evangelios vemos que, en cuanto a las circunstancias exteriores, el Señor trataba a Sus discípulos como a judíos, pero en lo que se relaciona con el espíritu y la vida, los consideraba creyentes neotestamentarios.

c. Hay gran tribulación

  El versículo 21 dice: “Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá jamás”. La gran tribulación sucederá en los últimos tres años y medio de esta era. La gran tribulación que aquí se menciona tendrá a Jerusalén como centro y a Judea como circunferencia, mientras que la prueba que se indica en Apocalipsis 3:10 tendrá como centro a Roma y como circunferencia a toda la tierra habitada. Ninguna otra tribulación podrá compararse con esta gran tribulación, la cual tendrá lugar bajo la mano del anticristo.

  Jerusalén ya ha sido destruida más de una vez, y será destruida de nuevo. La primera vez fue destruida por Nabucodonosor y el ejército babilónico. Más tarde, en el siglo segundo antes de Cristo, después que el templo fue reedificado, éste fue profanado por Antíoco Epífanes. Muchos estudiosos de la Biblia entienden que él era un tipo del rey Tito, quien destruyó la ciudad de Jerusalén en el año 70 d. de C. Ciertas porciones de Daniel se refieren tanto a Antíoco como a Tito, de tal manera que muchas veces es difícil determinar a cuál de los dos hacen referencia los versículos. En Lucas 21 se indica que la destrucción de Jerusalén bajo Tito tiene cierta conexión con la destrucción que se llevará a cabo bajo el anticristo. Por esta razón, los lectores del Nuevo Testamento tienen dificultad en determinar qué versículos se refieren a la destrucción bajo la mano de Tito, y cuáles se refieren a la destrucción bajo el poder del anticristo. Así que, Antíoco Epífanes tipifica a Tito, y Tito a su vez, es un tipo del anticristo.

  Debemos ser muy cuidadosos para no confundir los versículos de Mateo 24 con los de Lucas 21, porque no se tratan exactamente de lo mismo. Mateo no habla de la destrucción bajo el ejército de Tito, que fue una sombra de la destrucción narrada en este pasaje de Mateo 24. La destrucción de Jerusalén bajo el reinado de Tito en el año 70 d. de C. fue una sombra de la destrucción que vendrá bajo la mano del anticristo. No debemos aplicar Mateo 24:15-31 a ningún otro tiempo, sino a los últimos tres años y medio de esta era, cuando el anticristo se levantará para perseguir a los judíos.

  El versículo 22 dice: “Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados”. Como hemos visto, la gran tribulación durará sólo tres años y medio. En este versículo, la frase “los escogidos” se refiere a los judíos, el pueblo escogido de Dios (Ro. 11:28).

  ¿Cómo podemos saber que la gran tribulación durará sólo tres años y medio? Daniel 9 habla de la última semana de setenta semanas; la última semana será los últimos siete años de la historia de Israel en esta era. Al comienzo de estos siete años, los judíos harán un pacto con el anticristo; sin embargo, a la mitad de estos siete años, el anticristo quebrantará el pacto y los traicionará. En su pacto con los judíos, el anticristo les permitirá adorar a Dios según los ritos judaicos. Pero al final de los primeros tres años y medio, el anticristo empezará a perseguir todo tipo de religión, erigirá su imagen en el templo y forzará a la gente a adorarlo. Esto será el inicio de la gran tribulación, o sea, la consumación del siglo, los últimos tres años y medio. Este tiempo será acortado debido al arreglo soberano de Dios y Su misericordia. La tribulación bajo el anticristo será tan severa que nadie podrá soportarla. Si Dios no acortara el tiempo, nadie se salvaría; pero por causa de los escogidos, aquellos días serán limitados a tres años y medio.

d. Se levantan falsos Cristos y falsos profetas, y hacen grandes señales y prodigios para engañar a los judíos

  El versículo 23 dice: “Entonces, si alguno os dice: ¡Mirad, aquí está el Cristo! o ¡acá!, no lo creáis”. Los judíos rechazaron a Jesús como Mesías y aún esperan a su Mesías. Por consiguiente, deben ser advertidos que el Mesías, el Cristo, no aparecerá ni aquí ni allá sobre la tierra, sino que descenderá del cielo sobre las nubes. Si algunos dicen que Cristo está en Betania, u otros aseguran que está en Betel, los judíos no deben creerles.

  El versículo 24 continúa: “Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuera posible, aun a los escogidos”. El anticristo será el último de los falsos Cristos y hará señales y prodigios mentirosos con el poder de Satanás, a fin de engañar a los que perecen (2 Ts. 2:3, 9-10). En Apocalipsis 13:11 la “otra bestia”, el falso profeta, se refiere al último de los falsos profetas (Ap. 19:20), quien hará grandes señales para engañar a los moradores de la tierra (Ap. 13:13-14).

  Los versículos 25 y 26 dicen: “Mirad que os lo he dicho de antemano. Así que, si os dicen: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis”. El desierto es un lugar donde alguien puede ir si desea separarse del mundo. Esto fácilmente puede provocar que la gente se pregunte si tal hombre es el Mesías, como sucedió en el caso de Juan el Bautista (3:1; Jn. 1:19-20). Los aposentos, o cámaras privadas, son el lugar donde una persona puede aparentar misticismo con el fin de fascinar a la gente.

2. Cristo viene a la tierra

a. La segunda venida de Cristo es como el relámpago que sale del oriente y brilla hasta el occidente

  El versículo 27 dice: “Porque así como el relámpago sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre”. Esto indica que el Cristo que vendrá a la tierra no estará en la tierra ni en el desierto ni en los aposentos, sino en el aire. Así como el relámpago sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.

  La segunda venida de Cristo, la parusía, tiene dos aspectos: uno secreto, relacionado con los creyentes vigilantes; el otro visible, relacionado con los judíos y gentiles incrédulos. Aquí el relámpago representa el aspecto visible, que ocurrirá después de la gran tribulación (vs. 29-30), mientras que en el versículo 43, la venida del ladrón representa el aspecto secreto, que sucederá antes de la gran tribulación. Podemos pensar en el relámpago como algo oculto tras una nube, que espera la oportunidad de estallar. Del mismo modo, Cristo estará en el aire por cierto tiempo, envuelto en una nube (Ap. 10:1), y luego repentinamente aparecerá, como un relámpago que cae a la tierra.

  La palabra griega parousía es un término específico usado en el Nuevo Testamento para describir la venida del Señor. Parousía significa la presencia del Señor. La presencia del Señor inicia con Su venida al aire. Es difícil determinar en qué momento El vendrá del cielo al aire. La parousía, o sea, la presencia del Señor, acontecerá entre la venida del Señor al aire y Su venida a la tierra. Por eso decimos que la venida del Señor tiene un aspecto secreto y otro visible. Su venida al aire es secreta, pero Su venida a la tierra es visible. Cristo vendrá a la tierra mil doscientos sesenta días después de que el anticristo erija su imagen en el lugar santo. Por consiguiente, podemos calcular el tiempo de Su venida visible, pero el momento de Su venida secreta nadie lo sabe. Cuando El venga al aire, lo hará oculto en una nube; pero cuando descienda a la tierra, vendrá sobre la nube.

b. Los buitres se juntan dondequiera que esté el cadáver

  El versículo 28 dice: “Dondequiera que esté el cadáver, allí se juntarán los buitres”. Hemos invertido mucho tiempo para descubrir qué significan el cadáver y los buitres, y creo que el Señor nos ha dado la interpretación correcta. Según el contexto de este pasaje, los versículos 15 y 21 implican que al final de esta era el anticristo será el causante de la gran tribulación, por lo que será necesario juzgarlo y destruirlo. En Adán todos están muertos (1 Co. 15:22); así que el anticristo maligno, quien juntamente con sus ejércitos malignos peleará contra el Señor en Armagedón (Ap. 19:17-21), a los ojos del Señor es un cadáver fétido que sólo sirve para satisfacer la voracidad de los buitres. Además, en las Escrituras tanto el Señor como aquellos que en El confían son comparados con el águila (Ex. 19:4; Dt. 32:11; Is. 40:31), y los ejércitos veloces y destructores son comparados con águilas en vuelo (Dt. 28:49; Os. 8:1). Así que, sin lugar a dudas los buitres aquí, por ser aves rapaces del género del águila, se refieren a Cristo y los vencedores, quienes vendrán volando como un ejército veloz para pelear contra el anticristo y sus ejércitos y para destruirlos en Armagedón, ejecutando así el juicio de Dios sobre ellos. Esto no sólo indica que en Su manifestación Cristo aparecerá junto con Sus santos vencedores en el lugar donde estén el anticristo y sus ejércitos, sino también que Cristo y los vencedores vendrán rápidamente desde los cielos como buitres. Esto corresponde al relámpago del versículo anterior.

  Conforme a los versículos anteriores, podemos saber en que día vendrá a la tierra el Señor Jesús, pero no podemos definir dónde. El versículo 28 muestra el lugar: dondequiera que esté el cadáver, allí se juntarán los buitres. Cuando el anticristo erija su imagen, podremos empezar a contar mil doscientos sesenta días para determinar el tiempo en que Cristo descenderá visiblemente a la tierra. Pero esto no quiere decir que podemos precisar el día de Su venida secreta; por tanto, no debemos ser necios y tratar de descifrarlo. Durante el siglo pasado muchas personas han intentado averiguar esto. De hecho, algunos se bañaron, se vistieron con ropa limpia y subieron a la azotea para esperar Su venida, pero nada sucedió. Una vez más digo que la venida del Señor al aire será secreta; El vendrá como ladrón para llevarnos secretamente. Nadie puede definir el día y la hora de Su venida secreta. En cambio, Su venida a la tierra será visible y pública, y el día nos ha sido revelado: sucederá mil doscientos sesenta días después de que el ídolo sea erigido. Como hemos visto, el versículo 28 señala el lugar, que será donde se reúnan los ejércitos del anticristo. Ese será el lugar donde Cristo vendrá a la tierra con Sus vencedores.

c. Inmediatamente después de la tribulación el sol se oscurece, la luna no da su resplandor, las estrellas caen, y las potencias de los cielos son conmovidas

  El versículo 29 dice: “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas”. Esto es una prueba contundente de que Cristo vendrá visiblemente después de la gran tribulación. Esta calamidad sobrenatural sucederá en los cielos después de la gran tribulación, en el cierre de esta era. Esto difiere de la calamidad del sexto sello y la cuarta trompeta (Ap. 6:12-13; 8:12), que sucederá al comienzo de la gran tribulación.

d. La señal del Hijo del Hombre aparece en el cielo

  El versículo 30 dice: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”. Es imposible determinar cuál será esta señal. No obstante, debe de ser una señal sobrenatural y claramente visible, tal vez como el relámpago que se menciona en el versículo 27, y aparecerá en los cielos.

  Aquí “las tribus” se refieren a las tribus de la nación de Israel, y “la tierra” es la Tierra Santa. En la manifestación del Señor, todas las tribus de Israel se arrepentirán y se lamentarán (Zac. 12:10; Ap. 1:7).

  Este versículo dice que el Hijo del Hombre vendrá sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Para ese entonces, el Señor ya no estará oculto en las nubes sino sobre ellas, y los que estén en la tierra lo verán. Este será el aspecto visible de Su segunda venida. En Su primera venida Cristo manifestó Su autoridad por medio de obras tales como echar fuera demonios y sanar enfermedades (Mr. 6:7; Mt. 8:8-9), para vindicarse como el Rey celestial; mientras que en Su segunda venida El ejercerá Su poder para ejecutar el juicio de Dios, para destruir al anticristo y los ejércitos de éste y para atar a Satanás, con miras a establecer Su reino en la tierra.

3. Congrega a Israel

  El versículo 31 dice: “Y enviará a Sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a Sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo de los cielos hasta el otro”. Después de la gran tribulación, al regresar el Señor a la tierra, juntará en la Tierra Santa a los judíos que están esparcidos por todos los rincones del mundo. Así se cumplirá no sólo lo que el Señor dijo en 23:37, sino también lo que Dios prometió en el Antiguo Testamento.

  Mateo 24:4-31 es un bosquejo de la historia de los judíos durante el transcurso de veinte siglos. Tal como los que estuvieron con el Señor en el monte de los Olivos, nosotros hemos recibido una visión clara de estos asuntos. Por tanto, conocemos cabalmente la situación profética en virtud de estar sentados a los pies del mayor de los Profetas, el Señor mismo. Ni siquiera los líderes de las naciones entienden estos temas tan claramente como nosotros. Hemos visto los eventos que sucederán desde la ascensión de Cristo hasta la consumación del siglo, y también los eventos que sucederán durante la consumación del siglo, es decir, durante el período de la gran tribulación. Al final de la gran tribulación ocurrirán calamidades sobrenaturales, y Cristo aparecerá visible y públicamente ante los habitantes de la tierra, especialmente ante los judíos que morarán en la Tierra Santa. Cristo descenderá donde estén reunidos el anticristo y sus ejércitos; tal como los buitres devoran un cadáver, Cristo y Sus vencedores derrotarán al anticristo y sus ejércitos. Finalmente, Cristo reunirá a todo el remanente judío en el reino mesiánico.

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