Faraón, quien representa a Satanás y también al yo y al hombre natural, era astuto (cfr. Gn. 3:1). Aunque Faraón debía saber de la existencia de Jehová, aquí él sutilmente niega conocer a Dios y pasa por alto Sus exigencias. Mientras Dios enviaba una plaga tras otra sobre Egipto, Faraón procuró sutilmente negociar con Dios cinco veces (Éx. 5:2; 8:25, 28; 10:8-11, 24). Sin embargo, Dios fue insistente y jamás alteró Su exigencia. Ante cada uno de los sutiles intentos de negociación, Dios lidió con Faraón por medio de otra plaga.
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