Cristo, como Redentor (v. 20), nos salva de nuestros pecados, iniquidades y transgresiones, mientras que Cristo, como Espíritu vivificante y todo-inclusivo (1 Co. 15:45), tiene por finalidad que lo respiremos (Jn. 20:22), y Cristo, como Palabra (Ap. 19:13), tiene por finalidad que nos alimentemos de Él (Mt. 4:4; Jn. 6:57, 63) y que hablemos (1 Co. 14:31; Ef. 4:29).
