Al mostrar a los visitantes de Babilonia la casa de su tesoro, todo su arsenal y todo cuanto tenía bajo su dominio, Ezequías actuó neciamente y cometió un grave error. Tal exhibición de estas riquezas se convirtió en una tentación para Babilonia. Poco más de cien años después, el rey de Babilonia vino y arrebató esas riquezas (2 R. 24; 2 R. 25). Ezequías no consideró cuidadosamente sus acciones ni tampoco oró al respecto. Él no pensó en lo que el rey de Babilonia podría hacer. Esto muestra que Ezequías se condujo precipitadamente, y no reflexionó lo suficiente ni fue cuidadoso; más aún, al hacer una exhibición de lo que tenía, ofendió a Dios, quien aborrece la soberbia del hombre (1 P. 5:5).
