Estas palabras, ciertamente, no eran de comunión ni benevolencia amorosa. Zofar había dicho que Job era un hombre de cabeza hueca, completamente carente de entendimiento, y lo comparó incluso a un pollino de asno salvaje. No es de sorprenderse que Job acusara a sus amigos de no mostrar benevolencia amorosa para con él.
Zofar estaba completamente ciego con respecto a entender la posición que el hombre tiene delante de Dios, y sus argumentos se basaban por completo en el concepto natural del hombre, concepto perteneciente a la esfera de la ética, carente de toda iluminación de la revelación divina referente a lo que el hombre debe ser para Dios.