En las ocho ocasiones en que habló a sus tres amigos, Job se puso al descubierto, poniendo en evidencia muchas cosas negativas de sí mismo, entre las que se incluye: considerarse justo en su propia opinión; estar lleno de razonamientos; culpar a sus amigos por no entenderlo y por no compadecerse de él en amor; quejarse de que Dios no era justo en Su trato con él, trato que él consideraba inexplicable y severo; entablar un litigio entre él y Dios; conocer a Dios únicamente en términos del conocimiento objetivo y vano heredado de la tradición; no haber recibido la revelación divina —como se revela en el Nuevo Testamento— respecto a la economía eterna de Dios; encontrarse sumido en tinieblas a causa del éxito y los logros de su hombre natural; estar cegado por el concepto propio de su entendimiento natural; andar a tientas en la oscuridad y en ceguera respecto a su relación con Dios conforme a lo que Dios desea; contentarse con lo que había llegado a ser; e ignorar su condición lamentable delante de Dios, en la cual no estaba saturado de Dios, mezclado con Él, lleno de Él, ni era uno con Él.
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