Que cesara el maná en cuanto la gente empezó a comer del producto de la tierra indica que tal producto era la continuación del maná. El maná consumido por Israel mientras vagaba por el desierto (Éx. 16) tipifica a Cristo como alimento celestial provisto directamente por Dios a Su pueblo escogido, que no requiere de la labor de quienes lo comen. El rico producto de la tierra prometida, dado por Dios a Israel mientras éste combatía en Canaán (Dt. 8:7-10), tipifica a Cristo como suministro de vida consumado (el Espíritu vivificante, Gá. 3:14) dado a los creyentes, el cual requiere que ellos laboren cultivando a Cristo. Según lo describe la tipología aquí, después de tomar posesión de Cristo, la tierra, debemos laborar cultivando a Cristo para producir algo de Él que se convierta en nuestro alimento, nuestro suministro. A medida que comemos a Cristo y le disfrutamos como el producto de la buena tierra, Él llega a ser nuestro elemento constitutivo y así somos hechos iguales a Cristo en vida, naturaleza y expresión (Fil. 1:19-21a). Por último, al disfrutar a Cristo como nuestra herencia, nuestra posesión, Él se convertirá en nuestra constitución intrínseca, y así llegamos a ser la herencia de Dios, Su tesoro y posesión (Ef. 1:11-14, 18b; cfr. Éx. 19:5).
Mientras los hijos de Israel estuvieron en Egipto, por haberse alimentado de la comida egipcia (que representa las cosas mundanas), la constitución intrínseca de ellos era la de personas mundanas. Al experimentar la salvación de Dios, Israel pasó por tres etapas en cuanto a su alimentación. En la primera etapa, ellos comieron del cordero pascual en Egipto (Éx. 12), con lo cual fueron fortalecidos para salir de Egipto y separarse del mundo egipcio. En la segunda etapa, ellos comieron del maná en el desierto (Éx. 16), con lo cual fueron reconstituidos con el elemento celestial para llegar a ser un pueblo celestial. En la tercera etapa, ellos comieron del rico producto en la buena tierra, con lo cual fueron reconstituidos aún más para llegar a ser un pueblo vencedor. Al disfrutar de las riquezas de la buena tierra, Israel pudo conquistar a las tribus de aquella tierra, establecer el reino de Dios y edificar el templo como morada de Dios en la tierra. Estas tres etapas de la alimentación de Israel tipifican las tres etapas del disfrute de Cristo que los creyentes tienen al comerle (Jn. 6:51-57; 1 Co. 5:7-8; 10:3-4; Fil. 1:19). En virtud de haber comido a Cristo como corresponde a las primeras dos etapas, los creyentes son vigorizados para dejar el mundo y son constituidos con Cristo, el elemento celestial. Para alcanzar la meta de la economía de Dios, todos los creyentes de Cristo deberán progresar hasta entrar en la etapa más elevada en la que se come del Cristo que es el rico producto de la buena tierra, el Espíritu todo-inclusivo, de modo que puedan vencer a los enemigos espirituales, ser juntamente edificados para ser la morada de Dios y establecer el reino de Dios en la tierra.