Cuando Cristo haga Su hogar en nuestros corazones, y cuando seamos plenamente capaces de aprehender con todos los santos las dimensiones de Cristo y de conocer por experiencia Su amor que excede a todo conocimiento, seremos llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios, la cual es la iglesia, la expresión corporativa de Dios que cumple Su propósito.
La expresión la plenitud de Dios implica que las riquezas de todo lo que Dios es han llegado a ser Su expresión. Cuando las riquezas de Dios están en Dios mismo, son Sus riquezas, pero cuando son expresadas, vienen a ser Su plenitud (Jn. 1:16). Toda la plenitud de Dios mora en Cristo (Col. 1:19; 2:9). Al morar en nosotros, Cristo imparte la plenitud de Dios en nuestro ser de manera que seamos llenos hasta la medida de la plenitud de Dios a fin de ser la manifestación práctica de la iglesia, donde Dios puede ser glorificado en Su expresión (v. 21).