La ciudad de Jerusalén servía de salvaguarda y protección para la casa de Dios, que estaba en la ciudad. Esto significa que la casa de Dios, Su morada y hogar en la tierra, requiere que el reino de Dios sea establecido como un ámbito que salvaguarde los intereses de Dios sobre la tierra con miras a Su administración, de modo que Él pueda llevar adelante Su economía. La reedificación de la casa de Dios tipifica el recobro efectuado por Dios de la iglesia degradada, y la reedificación del muro de la ciudad de Jerusalén tipifica el recobro efectuado por Dios de Su reino. La edificación de la casa de Dios y la edificación de Su reino, las cuales Dios realiza, van siempre juntas (Mt. 16:18-19). Véase la nota Sal. 42:13, párr. 2.
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