Con respecto a las fiestas anuales, véanse las notas de Lv. 23.

Con respecto a las fiestas anuales, véanse las notas de Lv. 23.
Aunque Dios es completamente ajeno al pecado, los servidores eran pecaminosos y debían ser redimidos a fin de ser hechos aptos para servir a Dios. Por esto, el holocausto mensual tenía que incluir un macho cabrío como ofrenda por el pecado.
La luna nueva mensual representa un nuevo comienzo en Cristo donde la luz resplandece en las tinieblas (Col. 2:16-17).
Véase la nota Lv. 23:132a.
Aunque el holocausto debía ser completa e íntegramente incinerado para satisfacción de Dios (Lv. 1:9, 13), lo acompañaba una ofrenda de harina, cuya mayor parte era para los sacerdotes (Lv. 2:3, 10). Esto indica que cuando servimos a Dios ofrendándole Cristo como Su alimento, Dios comparte una porción de Su alimento con nosotros. Primero, nosotros disfrutamos a Cristo como Aquel que nos fue dado por Dios. Habiendo experimentado a Cristo, lo ofrendamos a Dios como Su alimento, y después Dios comparte con nosotros una porción del Cristo que le hemos ofrendado. Así, disfrutamos al Cristo todo-inclusivo en mutualidad con Dios.
Lit., entre los dos anocheceres.
El alimento de Dios consistía de las ofrendas que Su pueblo le presentaba, las cuales tipifican los diversos aspectos de Cristo (véanse las notas de Lv. caps. 1—7), quien es la realidad de todas las ofrendas del Antiguo Testamento y las reemplaza (He. 10:5-9). Cristo es el alimento diario de Dios (vs. 3-8), Su alimento semanal (v. 9), Su alimento mensual (vs. 11-15) y Su alimento anual (Nm. 28:16-31; 29:1-38). Por tanto, el alimento de Dios se relaciona con la vida que Su pueblo lleva diaria, semanal, mensual y anualmente.