Dios dispuso que Cristo fuese nuestra porción para que le disfrutásemos (Col. 1:12), pero tenemos que cooperar con lo dispuesto por Dios expulsando de nuestro ser todo lo que no sea Dios y Cristo. Tenemos que destruir todos los ídolos erigidos en nuestro ser y no dar cabida alguna a la adoración de ídolos (1 Jn. 5:21 y la nota 3, párr. 1). Sólo entonces podremos experimentar el disfrute genuino de Cristo. Véase la nota Éx. 23:231a y la nota Éx. 23:313.
