O, esperáis a.
O, esperáis a.
La angustia de David incluye su pena (v. 9), tristeza (v. 10) y el oprobio (v. 11) causados por sus opositores. En la actualidad, los creyentes que siguen al Señor también padecen mucha aflicción, incluyendo persecución (2 Co. 6:4-5; 2 Ti. 3:12). En el Nuevo Testamento, sin embargo, el apóstol Pablo no se quejó de sus angustias (cfr. Col. 1:24); más bien, él dijo que todas las cosas cooperaban para su bien de modo que él, como uno de los muchos hijos de Dios, pudiera ser conformado a la imagen del Hijo primogénito de Dios (Ro. 8:28-29).
Es decir, ídolos vanos.
Estas palabras fueron dichas por el Señor Jesús al final de Su crucifixión (Lc. 23:46; cfr. Jn. 19:30).
David consideraba que Dios era una roca para servir a su protección personal, pero el Señor Jesús dijo que Él es la roca para la edificación de la iglesia (Mt. 16:18).
En este salmo David nos dice que Dios lo salvó de su angustia. Sin embargo, la salvación de Dios para Sus creyentes neotestamentarios no consiste principalmente en librarlos de la angustia; más bien, al efectuar Su salvación, Dios sostiene y fortalece a Sus creyentes en medio de sus angustias a fin de que ellos puedan vivir a Cristo y magnificarlo (Fil. 1:19-21a).
Sal. 3 título