La oración de David en el salmo 37, en la cual él dijo que los justos heredarían la tierra (Sal. 37:29) y que los malvados serían exterminados (Sal. 37:34), era acorde con su lógica natural; pero su oración en este salmo, en la cual él fue movido por la disciplina de Dios (vs. 1, 3) a gemir delante de Él (vs. 8-9), a confesar su pecado (v. 3) y a reconocer su iniquidad (vs. 4, 18), era acorde con la revelación de Dios. Cfr. la nota Sal. 7:31.
