Los judíos solían ejecutar a los criminales apedreándolos (Lv. 24:16). Pero el Señor Jesús predijo, según el tipo del Antiguo Testamento (Nm. 21:8-9), que Él sería levantado (Jn. 3:14; 8:28; 12:32). Por la soberanía de Dios, poco tiempo antes de la crucifixión del Señor, el Imperio romano había decretado que los criminales sentenciados a muerte debían ser crucificados. El Señor fue ejecutado de esta manera; esto es evidencia de que la muerte del Señor no fue casual, sino que fue determinada de antemano por Dios (Hch. 2:23).
