En el recobro que el Señor efectúa mediante la vida, al mismo tiempo que Él nos alimenta y nos da de beber, también nos da reposo y nos sana (v. 16).
En el recobro que el Señor efectúa mediante la vida, al mismo tiempo que Él nos alimenta y nos da de beber, también nos da reposo y nos sana (v. 16).
Aquí los arroyos representan al Espíritu vivificante como agua viva (Jn. 7:37-39), el cual nos es dado por Dios como bebida espiritual (1 Co. 12:13), y los pastos ricos (v. 14) representan a Cristo como el lugar donde el pueblo de Dios se alimenta (Jn. 10:9). Por medio del Espíritu, los arroyos, disfrutamos a Cristo como nuestro pasto rico (Sal. 23:2; cfr. Ap. 22:1-2).
El Señor, como Pastor, reunirá a Su pueblo, Sus ovejas, sacándolos de las naciones y llevándolos de regreso a la tierra de Canaán, la cual tipifica al Cristo todo-inclusivo como porción asignada al pueblo de Dios (véase la nota Dt. 8:71), a fin de que ellos habiten en los montes altos (v. 14), que representan al Cristo resucitado y ascendido.
Al efectuar Su recobro mediante la vida, Dios primero envía al centinela para hacer sonar la trompeta a oídos de Su pueblo a fin de que ellos se arrepientan, se vuelvan y vivan (cap. 33); después, Él mismo viene como Pastor que va en pos de Sus ovejas y las busca. Después que Juan el Bautista hizo sonar la trompeta del arrepentimiento (Mt. 3:1-2), el Señor Jesús vino como el Pastor (Mt. 9:36; Lc. 15:1-7; Jn. 10:11).
El pueblo recobrado de Dios tiene la presencia de Dios, Dios está en medio de ellos, y ellos están delante de Dios (vs. 30-31). Esto describe la perfecta comunión con Dios, la comunión en unidad, en la mezcla de Dios y el hombre, en la cual somos uno con Dios y Él es uno con nosotros.
En el recobro que Dios efectúa mediante la vida, el pueblo recobrado de Dios no solamente recibe Su bendición, sino también se convierte en una fuente de bendición para otros a fin de que ellos también reciban el suministro. Bajo las lluvias de bendición que descienden a su tiempo habrá abundancia de alimento espiritual no solamente para nuestro disfrute, sino también para que lo suministremos a los demás (vs. 27, 29).
En el recobro que Dios efectúa mediante la vida, bajo el pacto de paz seguro e inalterable, el pueblo recobrado de Dios disfruta de paz, de libertad de la turbación que traen las bestias malignas (las personas malignas, Hch. 20:29), de plena libertad y liberación de toda clase de yugo y esclavitud (v. 27), así como de seguridad ante sus enemigos (v. 28).
Cuando el Señor Jesús viene a nosotros como Pastor a fin de cuidarnos, Él también viene como Rey a fin de gobernarnos. El resultado del cuidado que el Señor nos prodiga como nuestro Pastor es que le obedecemos como nuestro Rey y nos sujetamos a Su reinado y a Su trono que está en nuestro interior.