El cabello que cubre nuestra cabeza representa nuestra sumisión a la autoridad del Señor como Cabeza. Raparse la cabeza representa rebeldía contra la autoridad del Señor como Cabeza (1 Co. 11:5, cfr. v. 10). Por otro lado, que un varón tenga una cabellera larga representa gloriarse en uno mismo con la ambición de ser un líder. Si hemos de ser aptos para servir al Señor, no debemos raparnos la cabeza, lo cual significa que debemos tener la sumisión apropiada (Ef. 5:21; 1 P. 5:5), y tampoco debemos dejar que nuestra cabellera crezca hasta tenerla larga, lo cual significa que no debemos buscar nuestra propia gloria ni nuestra propia honra, ni tampoco procurar alguna posición o liderazgo (Mt. 23:1-12).