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Capítulos de libros «Job»
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  • En el sentido neotestamentario, ver a Dios equivale a ganar a Dios. Ganar a Dios es recibir a Dios en Su elemento, Su vida y Su naturaleza de modo que Dios mismo llegue a ser nuestro elemento constitutivo. Todos aquellos a quienes Dios redimió, regeneró, santificó, transformó, conformó y glorificó verán el rostro de Dios (Ap. 22:4). Ver a Dios nos transforma (2 Co. 3:18; cfr. 1 Jn. 3:2), porque al verle recibimos Su elemento en nuestro ser y nuestro viejo elemento es desechado. Este proceso metabólico es la transformación (Ro. 12:2). Ver a Dios es ser transformado a la gloriosa imagen de Cristo, el Dios-hombre, para expresar a Dios en Su vida y representarlo en Su autoridad.

  • Cuanto más veamos a Dios, le conozcamos y amemos, más nos aborreceremos a nosotros mismos y más nos negaremos a nosotros mismos (Mt. 16:24; Lc. 9:23; 14:26).

  • Job estaba en lo cierto al afirmar que sus sufrimientos no representaban el juicio de Dios. A Job le parecía que, según su propia conciencia, él no había hecho nada para merecer ser juzgado o castigado por Dios; no obstante, él sufría y deseaba indagar con respecto a su situación delante de Dios. Pero los tres amigos de Job insistían en que los sufrimientos de Job eran prueba de que él había hecho algo errado y que era objeto del juicio de Dios. Por tanto, Dios intervino a fin de condenar a los tres amigos y, hasta cierto grado, vindicar a Job.

    No obstante, Job carecía de la revelación divina, pues desconocía que el propósito de Dios al tratar con Su pueblo es que éstos ganen más de Él, participen de Él, le posean y, antes que a cualquiera otra cosa, le disfruten a Él mismo, al grado de llevar tal disfrute a su plenitud (Fil. 3:7-14; 2 Co. 4:16-17), como la revelación divina devela finalmente en el Nuevo Testamento, para que el pueblo de Dios finalmente llegue a ser la Nueva Jerusalén (Ap. 21:2-27; 22:1-5).

  • Al responderle a Job, Dios no le prestó atención a Eliú porque su concepto estaba por debajo del estándar supremo de Dios, aunque no estaba errado.

  • Todas las bendiciones materiales con las cuales Dios bendijo a Job tenían como fin mostrarle, durante sus últimos días, la benevolencia amorosa y fidelidad de Dios. Esto indica que Dios es perfecto y bondadoso en el trato que aplica a los que le aman. Incluso en la actualidad, después que Dios trata con nosotros despojándonos y consumiéndonos, una vez que Su propósito ha sido cumplido, Él nos concede Sus bendiciones materiales. Sin embargo, el propósito de Dios en el trato que aplica a Su pueblo no es concederles bendiciones materiales, sino darse Él mismo a ellos como su porción eterna, cuya consumación final es la Nueva Jerusalén. La suma total que todo lo abarca, la totalidad, de la bendición divina dada por Dios a Su pueblo es el Espíritu vivificante y todo-inclusivo, la consumación del Dios Triuno procesado (Gá. 3:14).

  • Los cuarenta y dos capítulos de Job nos dejan con una pregunta de crucial importancia, la cual tiene dos partes: ¿Cuál era el propósito de Dios al crear al hombre, y qué propósito tiene Dios en el trato que aplica a Su pueblo escogido? Se necesita toda la Biblia para responder esta pregunta. En particular, el Nuevo Testamento es una larga respuesta a la pregunta planteada en Job. Esta respuesta es la economía eterna de Dios según Su beneplácito, la cual consiste en impartirse en Su Trinidad Divina —en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu— a Su pueblo escogido y redimido mediante Su encarnación, vivir humano, crucifixión, resurrección y ascensión, con el derramamiento del Espíritu, a fin de hacer que todos ellos sean iguales a Él en vida y naturaleza mas no en la Deidad, convirtiéndolos en Su duplicación que habrá de expresarlo (Ro. 8:28-29 y las notas). El resultado de tal impartición divina es la iglesia como el Cuerpo de Cristo, como el nuevo hombre y como el organismo del Dios Triuno. Este organismo alcanzará su consumación en la Nueva Jerusalén como la encarnación de Dios agrandada, aumentada, la cual llega a su plena consumación, o sea, la plenitud del Dios Triuno (Ef. 3:19) para que Él se exprese corporativamente en Su divinidad mezclada con humanidad por la eternidad. Ésta es la revelación divina contenida en el Nuevo Testamento que es la respuesta a los sufrimientos de Job y a la gran pregunta respecto al propósito que Dios tiene en la creación del hombre y en el trato que Él aplica a Su pueblo escogido.

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