La palabra griega implica compleción, perfección. Ya que toda la plenitud mora en Cristo, cuando nosotros fuimos puestos en Cristo (1 Co. 1:30), fuimos llenos de todas las riquezas divinas. Por lo tanto, no necesitamos otra fuente. Como Cristo es nuestra perfección y compleción, no debemos hacer de principados ni autoridades objetos de adoración, porque Él es la Cabeza de todos ellos. Esto va en contra del culto a los ángeles (v. 18).
