Dios cuida de Sus hijos y los alimenta de dos maneras: por milagros, como se ve con el maná, y por la ley natural, como se ve en el sembrar y segar. En estos dos medios de provisión, Dios es la fuente. Él es el que envía el maná, y Él es el que provee la semilla para sembrar y el pan para comer. Teniendo un entendimiento profundo de estos hechos y poseyendo un conocimiento cabal de la economía de Dios, el apóstol tenía la confianza y la paz para poder alentar a los santos empobrecidos de Macedonia (2 Co. 8:2; 9:2) a que dieran de lo que tenían, para suplir las necesidades de otros.
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