Que el jubileo se celebrara en el año cincuenta (vs. 10-11) significa que la plena responsabilidad (tipificada por el número cincuenta) de cumplir con todos los requerimientos de Dios ya fue asumida por Dios mismo, de modo que el hombre no tiene que asumir responsabilidad alguna. Los cincuenta años también representan el curso entero de la vida humana caída; por tanto, el año del jubileo, el año cincuenta, representa la conclusión de nuestra vida humana caída.
El año del jubileo es el año agradable del Señor profetizado en Is. 61:1-2 y cuyo cumplimiento ocurrió al venir el Señor según se relata en Lc. 4:16-22. En la tipología del Antiguo Testamento, el jubileo duraba un año, pero en su cumplimiento se refiere a toda la era del Nuevo Testamento, la era de la gracia, por ser éste el tiempo en el que Dios acepta a todos los cautivos del pecado que retornan a Él (Is. 49:8; Lc. 15:17-24; 2 Co. 6:2) y el tiempo en que los oprimidos por la esclavitud del pecado disfrutan de la liberación propia de la salvación provista por Dios (Ro. 7:14-25; 8:1-2). El disfrute que los creyentes tengan del jubileo en la era de la gracia, es decir, su disfrute de Cristo como la gracia que Dios les dio, consumará en el pleno disfrute del jubileo en el milenio y en el disfrute más pleno aún en la Nueva Jerusalén en el cielo nuevo y la tierra nueva.