Después que los hijos de Israel conformaron un ejército, estaban listos para proseguir en sus jornadas a fin de combatir por Dios con miras a que Él pudiese conquistar el terreno necesario aquí en la tierra sobre el cual edificar Su reino con Su casa. Este mover no dependía de ellos, sino que se realizaba íntegramente según el guiar provisto por Dios. El guiar dado a los hijos de Israel en su mover procedía tanto de los cielos (la nube, vs. 15-23) como de la tierra (las dos trompetas, Nm. 10:1-10). El guiar provisto en forma de nube representa a Dios en el sentido de Su presencia, esto es, Dios mismo consumado como Espíritu. Esto indica que los creyentes neotestamentarios siempre deben seguir al Espíritu que mora en ellos (Ro. 8:4, 14; Gá. 5:16, 18, 25).
