Lit., ellos.

Sal. 3 título
Lit., ellos.
La ley de Dios es el testimonio de Dios (véase la nota Éx. 20:11). En los vs. 7-11 David manifiesta muy alta estima por la ley. Véase la nota Sal. 1:21.
La oración de David en los vs. 12-14 indica que David se esforzaba por guardar la ley al grado de tomar medidas con respecto a sus yerros ocultos, sus pecados de presunción, las palabras de su boca y la meditación de su corazón. Sin embargo, aun si David pudiera haber sido perfecto, esto no bastaría para complacer a Dios. Según el principio que rige toda la Biblia, Dios no quiere recibir nada que provenga del hombre solamente. Independientemente de cuán bueno sea algo, siempre y cuando sea meramente humano, Dios lo desechará. Lo que Dios desea no es un buen hombre, ni aun un hombre perfecto, sino un Dios-hombre. El deseo de Dios fue encarnarse en el hombre llamado Jesús, morir en la cruz, ser resucitado y, en resurrección, llegar a ser el Espíritu vivificante (1 Co. 15:45; 2 Co. 3:6, 17a) para morar en nuestro ser (Ro. 8:11), vivir en nosotros (Gá. 2:20) y ser expresado en nuestro vivir (Fil. 1:21a). Este salmo debe ser evaluado a la luz del principio que rige toda la Biblia, según el cual el principal propósito de Dios es hacerse uno con el hombre y hacer al hombre uno con Él, de modo que Él y el hombre puedan tener una sola vida, una sola naturaleza y un solo vivir. Quienes son uno con Dios conforman el organismo de Dios, el Cuerpo de Cristo, cuya consumación será la ciudad santa, la Nueva Jerusalén (Ap. 21:2-27:22:1-5).