El camino de Dios está escondido en el mar, y Sus sendas en las aguas inmensas, con Sus pisadas, no fueron conocidas de los hombres (v. 19); pero Su camino nos es revelado en Su santuario, esto es, en nuestro espíritu y en la iglesia (Ef. 2:22; 1 Ti. 3:15). Cuando ejercitamos nuestro espíritu y vivimos en la iglesia, el camino de Dios llega a ser claro para nosotros. Véase la nota Sal. 73:171a.
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