La obra del Espíritu es primeramente redargüir al mundo. En segundo lugar, como Espíritu de realidad, guía a los creyentes a toda la realidad; es decir, hace que todo lo que el Hijo es y tiene sea real para los creyentes. Todo lo que el Padre es y tiene está corporificado en el Hijo (Col. 2:9), y todo lo que el Hijo es y tiene es dado a conocer como realidad a los creyentes mediante el Espíritu (vs. 14-15). Esta declaración es la glorificación del Hijo con el Padre. Por lo tanto, tiene que ver con el Dios Triuno forjado en los creyentes y mezclado con ellos. En tercer lugar, el Espíritu declara las cosas que han de venir, las cuales se revelan principalmente en Apocalipsis (Ap. 1:1, 19). Los tres aspectos de la obra del Espíritu corresponden a las tres secciones de los escritos de Juan: su evangelio, sus epístolas y el Apocalipsis.