Abraham primero plantó su tienda entre Bet-el y Hai, y edificó allí un altar (Gn. 12:8). Su tienda era un testimonio de Dios para el mundo (véase la nota Gn. 12:82b). En Hebrón, la tienda de Abraham se convirtió en un lugar donde él tenía comunión con Dios. Debido a que Abraham plantó su tienda en Hebrón, Dios tuvo un lugar en la tierra donde podía comunicarse con el hombre y tener comunión con él (cfr. cap. 18). La tienda y el altar edificados por Abraham son una figura que anuncia el tabernáculo y su altar, los cuales serían edificados por los hijos de Israel después del éxodo de Egipto (Éx. 40). Aquel tabernáculo era el testimonio de Dios (Éx. 38:21) y el lugar donde Dios y Su pueblo podían morar juntos y tener comunión. La máxima consumación del tabernáculo será la Nueva Jerusalén, el testimonio, la expresión, de Dios en la eternidad y la morada eterna de Dios y de todos Sus llamados (Ap. 21:2-3 y la nota Ap. 21:31b; Ap. 21:22 y la nota 2).
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