Dios rechazó a los moabitas y a los amonitas (v. 38) con odio santo y divino, ordenando a Su pueblo: “No buscarás la paz de ellos ni su prosperidad todos tus días, para siempre”, y prohibiendo a todo amonita y moabita entrar en la congregación de Jehová “ni siquiera en la décima generación…para siempre” (Dt. 23:3-6; cfr. Mt. 1:5 y la nota 3).
Ismael, generado por el esfuerzo carnal, fue rechazado por Dios (Gn. 21:10-12). Moab y Ben-ammi, generados por incesto, constituyen una vergüenza en la historia. Sólo Isaac, generado por la gracia de Dios, fue usado para el cumplimiento del propósito de Dios.