Esto debe referirse a lo escrito en los capítulos anteriores, tal como: “¿Acaso fue crucificado Pablo por vosotros?” (1 Co. 1:13) y “¿Qué, pues, es Apolos, y qué es Pablo?” (1 Co. 3:5). Ellos eran sencillamente ministros de Cristo, uno plantaba y el otro regaba (1 Co. 3:5-7). No eran Cristo, quien fue crucificado por los creyentes. Tampoco eran Dios, quien da el crecimiento a los creyentes. No debían ser estimados más altamente de lo que eran. De otro modo, aquellos que los estimaban así, tales como los creyentes corintios carnales, podrían envanecerse al ponerse del lado de uno y en contra del otro.
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