Cuidar con ternura, lo cual incluye alimentar, indica un cuidado que es más tierno que simplemente alimentar. Véase la nota Ef. 5:291a.
Cuidar con ternura, lo cual incluye alimentar, indica un cuidado que es más tierno que simplemente alimentar. Véase la nota Ef. 5:291a.
Afectuosamente cariñosos con los creyentes, deseosos de estar con ellos, como una madre que amamanta, la cual tiene mucho afecto por su hijo, a quien ella nutre y cuida. Esto era lo que los apóstoles hacían con los nuevos creyentes. Véase la nota 1 Ts. 2:173.
En algunos casos la palabra griega significa una madre que amamanta (cfr. Gá. 4:19).
1 Co. 9:1, 2, 5; 2 Co. 12:12; 1 Ti. 2:7
O, hacer valer nuestra autoridad. Lit., ser carga, es decir, ser gravosos (cfr. v. 9; 1 Co. 9:4-12). Hacer valer nuestra autoridad, posición o derecho en la obra cristiana perjudica la obra. El Señor Jesús, mientras estuvo en la tierra, se despojó de Su dignidad (Jn. 13:4-5), y el apóstol prefirió no usar de sus derechos (1 Co. 9:12).
Buscar la gloria de los hombres es una verdadera tentación para todo obrero cristiano. Muchos han sido devorados y arruinados por este asunto.
O, fingimiento, encubrimiento. Valerse de algún pretexto para codiciar se refiere a vender o adulterar la palabra de Dios (2 Co. 2:17; 4:2). También es fingir ser piadoso con el fin de obtener ganancia (1 Ti. 6:5; Tit. 1:11; 2 P. 2:3).
Dios confía una responsabilidad a alguien sólo después que éste ha pasado la prueba y ha sido aprobado. Los apóstoles primeramente fueron puestos a prueba y aprobados por Dios, y luego Él les confió el evangelio. Por lo tanto, el hablar de ellos, la predicación del evangelio, no provenía de ellos mismos con el fin de agradar a los hombres, sino de Dios para agradarle a Él. Él probaba, examinaba y ponía a prueba el corazón de ellos todo el tiempo (Sal. 26:2; 139:23-24).
Engaño se refiere al objetivo, inmundicia se refiere al motivo, y astucia a los medios. Todas estas cosas pertenecen al diablo engañador e insidioso, y son llevadas a cabo por él.
Ésta era la experiencia que los apóstoles tenían de Dios al disfrutarle como su denuedo en la lucha por el evangelio.
Véase la nota Fil. 1:11c.
Esta palabra implica que los apóstoles consideraban a los recién convertidos como preciosos y queridos para ellos. Pablo comparó su separación de ellos con el dolor que se siente al perder un ser querido, una pérdida que ellos sufrían al extrañarlos.
Lit., una temporada de una hora.
Éste es el anhelo de los apóstoles para con los recién convertidos (v. 8).
Satanás estorbó a los apóstoles porque éstos llevaban a cabo la voluntad de Dios.
Gr. parousía, lo cual significa presencia, como en 1 Ts. 3:13 y 1 Ts. 4:15. La venida del Señor es Su presencia. Bajo esta luz fueron escritas estas dos primeras epístolas. Cada capítulo de esta primera epístola termina hablando del regreso del Señor.
2 Co. 11:9; 12:13, 14, 16
Véase la nota Lc. 1:751a. La palabra santa se refiere a la conducta hacia Dios, la palabra justa a la conducta hacia el hombre, y la palabra irreprensiblemente a la conducta ante todos: Dios, el hombre y Satanás.
El apóstol fue enfático al recalcar lo que eran o cómo ellos eran (1 Ts. 1:5), porque lo que ellos eran abrió el camino para conducir a sus recién convertidos a la plena salvación de Dios.
Los apóstoles, al cuidar con ternura a los creyentes como a sus propios hijos, se consideraban a sí mismos nodrizas; al exhortar a los creyentes, se consideraban padres.
O, rogándoos.
El llamamiento de Dios concuerda con Su elección, y viene después de ésta (1 Ts. 1:4).
Cuando los creyentes adoraban ídolos (1:9), estaban en el reino de Satanás (Mt. 12:26). Ahora, por medio de la salvación en Cristo, fueron llamados y, habiendo creído, entraron en el reino de Dios, que es la esfera en la cual pueden adorar a Dios y disfrutar de Él bajo el gobierno divino con miras a entrar en la gloria de Dios.
La gloria de Dios siempre va con Su reino. Véase la nota Mt. 6:134d.
Lit., la palabra del oír que proviene de Dios, de parte de nosotros.
La palabra que los creyentes recibieron provenía de los apóstoles, pero era de Dios. Su fuente, su origen, era Dios y no los apóstoles.
Ya que la palabra de Dios es viva y eficaz (He. 4:12), opera en los creyentes.
El apóstol enseñaba lo mismo en todas las iglesias (1 Co. 4:17; 7:17; 11:16), lo cual indica que todas las iglesias deben llevar el mismo testimonio de Jesús. Por lo tanto, todas las iglesias son candeleros de la misma clase (Ap. 1:9, 20).
Es decir, hasta el fin; por lo tanto, hasta el extremo.