Al resplandecer Dios en nuestros corazones es introducido en nosotros un tesoro: el Cristo de gloria, quien es la corporificación de Dios para ser nuestra vida y nuestro todo. Pero los que contenemos este tesoro somos vasos de barro, sin valor y frágiles. ¡Un tesoro inestimable está dentro de vasos sin valor! Esto ha hecho que los vasos sin valor sean ministros del nuevo pacto, con un ministerio inestimable. Esto ha sido llevado a cabo por el poder divino en resurrección. La excelencia del poder ciertamente es de Dios y no de nosotros mismos.
Los apóstoles, al hablar de su ministerio, el cual realiza el nuevo pacto de Dios, usaron cinco metáforas significativas y expresivas para describir la manera en que ellos como ministros del nuevo pacto, junto con su ministerio, fueron constituidos, cómo se comportaban y vivían, y cómo su ministerio era llevado a cabo:
1) Cautivos en una procesión triunfal que celebran la victoria de Cristo (2 Co. 2:14a);
2) Portadores de incienso que esparcen el grato olor de Cristo (2 Co. 2:14-16);
3) Cartas escritas con Cristo como su contenido (2 Co. 3:1-3);
4) Espejos que miran y reflejan la gloria de Cristo a fin de ser transformados a Su imagen gloriosa (2 Co. 3:18);
5) Vasos de barro que contienen al Cristo de gloria como el tesoro excelente (v. 7).
Estos vasos son como una cámara fotográfica moderna, en los cuales Cristo, la imagen, entra por medio del destello del resplandor de Dios (vs. 4, 6).