Lit., faz; como en 2 Co. 4:6. La parte que está alrededor de los ojos; la mirada, que expresa los pensamientos y sentimientos internos, la cual exhibe y manifiesta todo lo que la persona es. Esto indica que el apóstol vivía y se conducía en la presencia de Cristo, conforme al semblante que denotaba toda Su persona, el cual era expresado por Su mirada. La primera sección, 2 Co. 1:1-24; 2:1-11, es una larga introducción a esta epístola, la cual sigue a la primera epístola que el apóstol escribió a los desordenados creyentes de Corinto. Pablo fue consolado y animado después de recibir información de que ellos se habían arrepentido (2 Co. 7:6-13) al aceptar sus reprimendas de la primera epístola. Así que escribió esta epístola para consolarlos y animarlos de un modo muy personal, tierno y afectuoso, al grado que puede ser considerada, en cierta medida, su autobiografía. En ella vemos que él vivía a Cristo, conforme a lo que había escrito con respecto a Él en su primera epístola, en un contacto muy íntimo y estrecho con Él, actuando conforme a la expresión de Su mirada. Vemos que él era uno con Cristo, estaba lleno de Cristo y saturado de Cristo; que él había sido quebrantado e incluso aniquilado en su vida natural, una persona tierna y flexible en su voluntad; que en sus emociones era afectuoso, aunque restringido; que en cuanto a su mente era considerado y serio así como puro y genuino en su espíritu hacia los creyentes, para beneficio de ellos, a fin de que pudieran experimentar y disfrutar a Cristo como él lo hacía para el cumplimiento del propósito eterno de Dios en la edificación del Cuerpo de Cristo.
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