Azazel representa a Satanás, el diablo, el pecaminoso, quien es la fuente, el origen, del pecado (Jn. 8:44). El macho cabrío designado para Jehová debía ser inmolado (v. 9), pero el macho cabrío designado para Azazel debía ser enviado al desierto llevando sobre sí todas las iniquidades de los hijos de Israel (vs. 10, 20-22). Esto significa que Cristo, quien es la ofrenda por el pecado del pueblo de Dios, por un lado, se hace cargo de nuestro pecado delante de Dios y, por otro, mediante la eficacia de la cruz, envía el pecado de regreso a Satanás, de quien vino el pecado al hombre. Mediante la cruz el Señor Jesús tiene la posición y es apto —con poder, fuerza y autoridad— para quitar el pecado de los redimidos (Jn. 1:29; He. 9:26) y enviarlo de regreso a su fuente, Satanás, quien lo llevará sobre sí en el lago de fuego para siempre (Ap. 20:10).