Comer equivale a tener contacto con aquello que está fuera de nosotros y recibirlo en nuestro interior, con el resultado de que ello llega a formar parte de nuestra constitución interna. En este capítulo, todos los animales representan diferentes clases de personas, y comer representa el contacto que tenemos con las personas (cfr. Hch. 10:9-15, 27-29). A fin de llevar una vida santa como el Dios santo requiere, el pueblo de Dios tiene que ser cuidadoso con respecto a la clase de personas con las que se relaciona (cfr. vs. 46-47; 1 Co. 15:33; 2 Co. 6:14-18).
