Por medio de Su resurrección y en Su ascensión (Lc. 24:26; He. 2:9; Ef. 1:20-22; Fil. 2:9-11).
Por medio de Su resurrección y en Su ascensión (Lc. 24:26; He. 2:9; Ef. 1:20-22; Fil. 2:9-11).
Algunos mss. dicen: el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
El Dios Triuno, Jehová el gran Yo Soy (Éx. 3:14-15).
Véase la nota Hch. 2:221.
Lit., sobre. Es decir, sobre la base de la fe en Su nombre.
Denota la persona. La persona es la realidad del nombre; por consiguiente, el nombre es poderoso.
Algunos mss. omiten: levántate y.
Denota a Aquel que fue despreciado por los líderes judíos (Jn. 1:45-46; Hch. 22:8; 24:5).
O, reanimación; por ende, alivio, refrigerio. Los tiempos de refrigerio denotan un tiempo de avivamiento de todas las cosas con gozo y descanso, refiriéndose a los tiempos de la restauración de todas las cosas, como se menciona en el v. 21, los cuales vendrán cuando el Mesías venga en Su gloria, tal como el Salvador enseñó y profetizó en Mt. 19:28 (véase la nota 1). Parece que lo dicho por Pedro omite la era de la iglesia y pasa directamente del tiempo de Pentecostés al milenio. Esto quizá indique que Pedro no tenía una visión clara acerca de la era de la iglesia en la economía neotestamentaria de Dios. Todo el Nuevo Testamento revela que antes de los tiempos de refrigerio la iglesia ocupa un considerable período de tiempo en las dispensaciones de Dios.
Los tiempos de la restauración en el milenio, como se profetizó en Is. 11:1-10 y Is. 65:18-25, y a lo que Cristo se refirió en Mt. 17:11 y Mt. 19:28. Su regreso traerá esto.
O, desde la fundación del mundo.
Pedro no poseía ni plata ni oro, pero la catedral de San Pedro en Roma fue construida con oro en gran abundancia. Pedro no tenía ni plata ni oro, pero tenía el nombre, la persona, de Jesucristo. Él era pobre en plata y oro, pero rico en Cristo. La Iglesia Romana está llena de oro, pero no de la persona de Cristo. Es rica en oro, pero pobre en Cristo.
Es decir, las tres de la tarde.
Véase la nota Hch. 2:461a. No sólo los primeros cristianos no conocían claramente la economía neotestamentaria de Dios con respecto al templo judío; tampoco los primeros apóstoles veían claramente que Dios había abandonado las cosas judías. Por consiguiente, aún después que Dios derramó el Espíritu sobre ellos el día de Pentecostés para iniciar una nueva dispensación, todavía no se apartaban del templo judío. En la etapa inicial, Dios toleró la ignorancia de ellos en este asunto. Sin embargo, esto condujo a que la iglesia y el judaísmo se mezclaran, sin que ello fuera censurado por la iglesia en Jerusalén en sus primeros días (cfr. Hch. 21:20-26). Con el tiempo, el templo fue destruido por Tito y su ejército romano en el año 70 d. C., como el Señor profetizó en Mt. 23:38 y Mt. 24:2. Esa destrucción eliminó aquella mixtura religiosa.
Dios envió al Cristo ascendido de regreso primeramente a los judíos al derramar Su Espíritu en el día de Pentecostés. Por lo tanto, el Espíritu que Dios derramó es el mismo Cristo a quien Dios había levantado y exaltado a los cielos. Cuando los apóstoles predicaban y ministraban a este Cristo, el Espíritu era ministrado al pueblo.
La palabra griega aquí usada significa autor, fuente, originador, líder principal, capitán (véase la nota He. 2:105e). Aquí se refiere a Cristo como la fuente o el Originador de la vida, y por ende, el Autor de la vida, en contraste con un homicida en el versículo previo.
Véase la nota Hch. 2:241.
Véase la nota Hch. 2:322.
Primero, la muerte redentora de Cristo fue determinada por Dios en la eternidad (Hch. 2:23) y anunciada de antemano por medio de los profetas en tiempos del Antiguo Testamento. Esto demuestra una vez más que la muerte de Cristo no fue un accidente en la historia, sino un hecho planeado por Dios conforme al propósito de Su beneplácito y anunciado de antemano por medio de los profetas.
Se refiere a Dios.
Se refiere a Cristo (Gá. 3:16).
Se refiere al Señor Jesús.