Dios estableció a Samuel para que hablase la palabra de Dios a fin de reemplazar la enseñanza de la palabra de Dios dada por el viejo sacerdocio. En el sacerdocio, lo primero que debe hacer el sacerdote es hablar por Dios. El pectoral con el Urim y el Tumim que vestía el sumo sacerdote era el medio usado por Dios para hablar a Su pueblo (véase Éx. 28:30 y las notas). Al degradarse el sacerdocio, el hablar de Dios prácticamente había desaparecido (v. 1). Por tanto, Dios tenía que hacer surgir una persona llena de vida, un profeta, que hablase por Él. Conforme a lo dispuesto por Dios, Samuel es considerado el primer profeta, pues fue él quien introdujo el profetismo para que Dios impartiera Su hablar (Hch. 3:24; 13:20; He. 11:32).
