Véase 1 R. 12:27-32 y las notas.
Véase 1 R. 12:27-32 y las notas.
A la postre, los paganos enviados por el rey de Asiria se entremezclaron, mediante matrimonios, con los judíos que permanecieron en Israel. Como resultado, se produjo una adoración confusa e impura, como la descrita por la samaritana en Jn. 4:20. Esta adoración confusa e impura puede considerarse un tipo de la clase de adoración, practicada especialmente en el catolicismo, que es una mixtura de la adoración a Dios con las costumbres y la idolatría de los paganos.
Lit., ellos.
Dios, en Su amor, envió profetas al pueblo de Israel para que testificaran en contra de sus perversidades, pecados e iniquidades y les ayudaran a retornar a Él; pero, en lugar de prestar oído a los profetas, el pueblo endureció su cerviz (vs. 13-14).
El juicio que Dios ejecutó por medio de los asirios sobre el reino del norte, el reino de Israel, debía haberle servido de advertencia al reino del sur, el reino de Judá; pero el pueblo persistió aún más en sus perversas costumbres (v. 19), de modo que Dios se vio obligado a actuar y juzgarlos mediante los babilonios (caps. 24—25).