Según He. 9:3-4, el maná era guardado en una urna de oro dentro del Arca del Testimonio, que estaba en el Lugar Santísimo dentro del tabernáculo. En la Biblia, el oro representa la naturaleza divina. El maná en la urna de oro significa que el Cristo del cual disfrutamos como nuestro suministro de vida está guardado dentro de nosotros en la naturaleza divina, la cual recibimos mediante la regeneración (2 P. 1:4). El Arca, en la cual se guardaba la urna de oro con el maná, tipifica a Cristo. Cristo, el maná escondido, es guardado como tal en la naturaleza divina, y la naturaleza divina, a su vez, está en Cristo, quien es tipificado por el Arca. Este Cristo está en nuestro espíritu (2 Ti. 4:22), que en nuestra experiencia es el Lugar Santísimo (véase la nota He. 10:191b). El maná guardado en la urna de oro era el centro del tabernáculo, la morada de Dios en el Antiguo Testamento; asimismo, el Cristo que hemos comido, digerido y asimilado es el centro de nuestro ser, el cual forma parte de la iglesia, la morada de Dios hoy (2 Ti. 4:22; Ef. 2:22).
Ap. 2:17 indica que a los vencedores, a quienes hayan vencido la degradación de la iglesia mundana, se les dará de comer el maná escondido y se les dará una piedrecita blanca (véase la nota Ap. 2:172d y la nota Ap. 2:173f). Esto indica que a medida que comemos de Cristo y lo conservamos en nuestro ser como el maná escondido, Él hace de nosotros vencedores y nos transforma en piedras blancas, útiles para la edificación de la morada de Dios, cuya consumación será la Nueva Jerusalén.